Archive for the ‘Uncategorized’ Category

¡UY, JOAQUIM! ¿JOAQUIM PRIMERO?

mayo 4, 2017

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¿Y DE LO DE AYER? ¿NO DICE NADA?

mayo 3, 2017

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POR LO QUE PUEDA PASAR

mayo 1, 2017

1 de mayo

            Pasaba por delante de la iglesia del convento de la Victoria y acababa de santiguarme, cuando la campana sonó llamando a misa de ocho. Un poco más abajo, justo ante la puerta del café La Fontana de Oro, distinguí a Molina hablando con un caballero. Antes de que pudiera llegar hasta ellos, el Cerrajero ya se había marchado. El caballero, al que no había reconocido, no era otro que el capitán Pedro Velarde. Debió de verme porque, levantando un brazo, quiso llamar la atención que ya tenía.

            – ¿No era ese Molina, mi capitán? -le pregunté.

            – Sí que lo era -confirmó muy serio-. Esto ya no tiene vuelta atrás, Rafael. Si los militares no desenvainamos pronto los sables, esos franchutes los usarán para cortarnos las alas.

1833-JOHN FREDERICK LEWIS-La Puerta del Sol, 37 x 54 ('Sketches of Spain and Spanish Character') (Museo de Historia de Madrid

            – ¿Qué queréis decir?

            – Molina me ha contado -dijo consternado- que viene de animar a la manolería del Avapiés para que acudan a San José para abuchear al fantoche de Murat a la salida de misa de doce.

           – Este Molina ha perdido el juicio. Eso no saldrá gratis como lo de Aranjuez. Ni a él ni a los que le secunden. Quizás a ninguno de nosotros.

            – ¿Y quién es capaz de mantener el juicio sereno tal y como están las cosas, amigo Rafael? -dijo mirando a los lados y abriendo la puerta del café-. Acompañadme, dentro hablaremos más seguros.

            Una vez en el interior, me invitó a sentarme a la mesa que compartía con otro caballero que yo no conocía, un hombre de ojeras pronunciadas y semblante bonancible.

            – ¡Venid Rafael! Tengo el gusto de presentaros a don José Mor de Fuentes, insigne escritor y amigo mío -luego se dirigió a su acompañante-. Don Rafael Arango es el hermano menor de un gran amigo mío; recientemente ha llegado de América y ha sido destinado provisionalmente al Parque de Artillería.

            – Es un honor, don José -le dije-. Conozco su obra. Tuve la suerte de conseguir un ejemplar de su Serafina, que amenizó mi viaje desde La Habana.

            – Siendo así -repuso Mor-, es usted el que me hace el honor. Siéntese con nosotros, por favor. Tenga la bondad.

            – No deja usted de sorprenderme, mi capitán -dije dirigiéndome a Velarde, tras tomar asiento-. No solo es un gran experto en pólvoras y balística, sino que también frecuenta a ilustres literatos.

            – Pues no era de pólvoras de lo que hablábamos…

            Velarde levantó un brazo y alzó la cabeza mirando al hombre que iba y venía continuamente atendiendo las mesas. El aludido, entendió y atendió solícito la indicación y trajo una taza, en la que el capitán sirvió de la chocolatera que todavía humeaba en el centro de la mesa.

mordefuentes2            – Don José me contaba -continuó diciendo-, sus tribulaciones tras fundar en Comillas la Sociedad Económica Cantábrica, siguiendo el ejemplo del Seminario de Vergara. Excuso decir que de corta vida.

            – La Inquisición, me imagino -me atreví a decir.

            – Así es -contesto don José-. Mi proyecto ha encontrado la total oposición de la jerarquía eclesiástica santanderina, como ya se imaginará. Como siempre, acérrima enemiga de la enseñanza laica.

            – Malos avales le acompañaban -le dije.

            – No entiendo por qué dice eso, don Rafael -dijo con extrañeza.

            – Tengo entendido que es usted un firme defensor del liberalismo -le dije-. Y que es autor de un poema en el que elogia a Napoleón.

            – Todo es cierto -contestó con humildad-. Pero no me arrepiento de sentir admiración por aquel que la historia, estoy seguro, encumbrará. Es algo que espero que mis compatriotas me perdonen.

            – Desde luego que el Emperador, además del lobo que esconde bajo la piel de cordero…

            – Que pronto nos desvelará -me interrumpió Velarde.

            – …tiene muchos talentos -continué diciendo-, que le han hecho merecer la fama que tiene.

            Velarde, que daba continuas muestras de nerviosismo, agitándose en su asiento, se levantó de repente como un resorte.

            – Acabo de ver a un amigo con el que es preciso que cruce unas palabras. ¿Me sabrán disculpar?

            Y sin esperar respuesta fue hasta la puerta donde un hombre, vestido con levita y con un bicornio en la mano, escrutaba el local como si buscara a alguien. En seguida le reconocí: era el alférez de fragata Juan Van Halen. Un hombre al que me presentaron la tarde anterior en la sala de armas y que juzgué de momento, sin tener demasiados motivos para ello, como un aventurero del que uno no se debe fiar. Tras él había otro caballero que se mantenía algo retrasado, más que de otra cosa, pendiente de lo que pudiera pasar en la calle. Después supe que se llamaba José Heceta, y que era íntimo amigo y compañero de armas del anterior.

            En ausencia de Velarde departí con el señor Mor de literatura y algo de política.

            – … ese Moratín, paniaguado del maldito Godoy –me decía cuando Velarde regresó a la mesa.

            Al regresar, el capitán estaba más alterado de lo que estaba cuando se marchó. Yo, por mi parte, di un último sorbo a mi jícara de chocolate y me dispuse a levantarme.

            – Permítanme que les abandone -me disculpé-. Entro ahora de servicio.

            – Vaya, teniente, vaya. Mañana habrá que estar muy despierto -me dijo Velarde profético-. Por lo que pueda pasar.

 

©Miguel Reseco

©Recuerdos de un artillero

EL BILINGÜISMO QUE NOS INVADE

abril 26, 2017

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ARMONICEMOS LA INVASIÓN

abril 24, 2017

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DE LOS INSEPARABLES VÍNCULOS, ETC. ETC.

abril 22, 2017

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SECRETO DE CONFESIÓN

abril 17, 2017

“Ninguno de mis hijos lo es de mi esposo el rey Carlos IV, y por consiguiente, la dinastía de Borbón se ha extinguido en España”.

Según parece, esto fue lo que le dijo la reina María Luisa a su confesor, un fraile llamado Juan de Almaraz, antes de morir.

Resulta que Fernando VII se negó a conceder al fraile el dinero que la reina le había testado, lo que provocó una carta en la que el fraile daba detalles de la confesión y de la intención de hacerla pública de no ser satisfecha su demanda.  El rey había nacido en octubre del mismo año de la entrada de Godoy en palacio. Así que Fernando decidió encerrar al fraile de por vida en la prisión de Peñíscola (Castellón).

Según parece, al morir Fernando el clérigo fue amnistiado, falleciendo pocos meses después. Manos hábiles archivaron entonces el documento en el Ministerio de Justicia, que está fechado a 8 de enero de 1819, seis días después de óbito de la reina.

Desde luego que tales páginas escribió esta familia en la historia de España, que a uno le hace pensar si la mitad no serán fabuladas.

¿Ninguno? ¿Extinguida?

CARLOS 4º

Quizás sea cierto eso de que una imagen vale más que mil palabras.

Madrid en 1808 El relato de un actor RAFAEL PÉREZ (IV)

abril 12, 2017

Mes de abril                                      [Continua]

El día 20 de abril se esparció en Madrid por la mañana la noticia de que se habían recibido cartas del rey y del duque del Infantado y el canónigo Escóiquiz, que le acompañaban, que decían que estaban arreglados todos los asuntos entre ambos soberanos, que se habían escrito, y por algunas se añadía que se habían visto. Mas, al mismo tiempo, corrió también la de que Bonaparte no lo había reconocido rey y que andaba todo de mala data.[1] Había muchas dudas, mucho disgusto y muchas disputas y, vacilando de esta manera, esperaba la gente que saliese Gaceta extraordinaria, porque no podría menos de salir si las noticias eran satisfactorias.

No salió y sobre este motivo de desconfianza recayó justamente la ocurrencia de este día, que fue escandalosa y sobresaltó a la gente. A las cinco de la tarde se hallaba la Puerta del Sol, calle Mayor y la de las Carretas con una multitud de almas que se iba aumentando sin cesar; muchas rondas y patrullas de guardias de Corps, montados, que así las hacían todas, y de otros cuerpos de infantería y caballería, que tenían cercada la calle de la Zarza y cortada la comunicación por todas las calles alrededor sin dejar pasar a nadie, porque en la imprenta que había en dicha calle tenían presos a unos franceses que por la mañana se habían presentado a que se les imprimiesen muchos ejemplares de un bando que manifestaron, pero que se había de hacer todo sin que nadie saliese de la casa y a la mayor brevedad.

El impresor se puso a trabajar, pero tuvo oportunidad, separándose a buscar cualquiera cosa, de indicar a uno de su familia que llamase la guardia del vivac,[2] lo cual hizo con disimulo, bajando por otra escalera diferente que la que subieron los franceses, que fueron sorprendidos por la guardia. Pero, como en estos días con la mayor facilidad se reunía mucha gente, así sucedió en este caso, por manera que no los pudieron sacar presos hasta más de las diez de la noche, en que ya la gente había desocupado las calles.

Era un bando, el de los franceses, para aclamar a Carlos IV y María Luisa, y salvar al inocente (por el preso), y había algunos que añadían que el referido bando decía “Muera Fernando VII”.[3] Toda la gente estaba exaltada y en disposición de alboroto contra los franceses, y las patrullas y rondas empleaban la mayor actividad en impedir todo desorden.

Para el día siguiente, jueves, se anunció que había rogativa pública y suspensión de comedias en el mismo día, y esto mismo era un motivo que aumentaba la desconfianza de muchos que decían que, en circunstancias favorables, no se hacen rogativas. Pero, amanecido el jueves, se supo que no se hacía la procesión de rogativa, sin saber el motivo. Mas también se aseguró por muchos, y se extendió con rapidez en Madrid, que a las tres y media de la madrugada de aquel día había sido entregado a los franceses en Villaviciosa el Príncipe de la Paz, y que era por una orden del rey Fernando VII, enviada desde Vitoria a su tío el infante don Antonio, el cual se lo mandó al general marqués del Castelar; y añadían que este general no obedeció la orden y que vino a Madrid aquella noche y habló al infante don Antonio, haciéndole presente que tenía orden de S. M. de no entregar aquel hombre sin que viese él mismo una orden firmada por S. M mismo; que entonces el infante le enseñó la que tenía del rey, y que Castelar marchó incontinenti[4] y verificó la entrega del preso a las tres y media a unos generales franceses que fueron a por él en un coche, con una escolta que quedó a alguna distancia de Villaviciosa, y se lo llevaron.

Es imposible decir las opiniones, las disputas que se suscitaron en Madrid: unos lo negaban afirmativamente,[5] algunos lo creían, y en todos reinaba la confusión, al mismo tiempo que, por otra parte, decían muchos que el parte[6] había traído noticias de haber arreglado los dos soberanos sus intereses respectivos, a satisfacción del rey de España. Y, en efecto, por la tarde se puso el bando que trae el Diario del viernes siguiente, nº 122, del 22 de abril,[7] con lo cual la mayor parte de las gentes aseguraban que semejantes voces eran movidas por gentes maliciosas, enemigas del sosiego, que deseaban una revolución por miras interesadas. Sin embargo, algunos seguían todavía en su opinión y todos acabaron de asegurarse en el referido viernes con la Gaceta extraordinaria, nº 39, que se publicó, en que el Gobierno anunció el hecho, como se ve por ella misma, que acompaña.[8]

[Continuará]

[1] Empeorar las cosas.

[2] Guardia principal en las plazas de armas, a la que acuden todas las demás, entre otras cosas, para saber el santo y seña.

[3] “Dos oficiales franceses sorprendieron a un impresor y con amenazas le hicieron imprimir un papel que decía: ‘Viva Carlos IV y Godoy, muera Fernando’. El impresor llegó a tirar dos ejemplares; pero fingiendo que se le había descompuesto no sé qué pieza y que iba en casa de un amigo a buscarla, marchó a dar aviso a un alcalde de Corte” (Martínez Colomer, 1808: 25). Murat “hacía que se esparcieran papeles sediciosos por las calles, que se fijaran en los parajes más públicos” , como “los cafés y demás puestos públicos”, pues quería sublevar al pueblo.

[4] Prontamente, al instante, al punto, sin dilación.

[5] Es decir, con firmeza.

[6] Correo que se establecía cuando el soberano se encontraba fuera de su corte, entre ésta y el sitio donde él se hallaba.

[7] No está.*

[8] No está.*

Madrid en 1808 El relato de un actor RAFAEL PÉREZ (III)

abril 11, 2017

Mes de abril                                      [Continua]

Entre la multitud de delitos enormes que en estos días se contaban cometidos por el Príncipe de la Paz –la nación, que toda le aborrecía; la Grandeza, que le odiaba porque hacía ya algunos años que todos temían que se alzase con el reino, principalmente si fallecía el señor rey don Carlos IV, que se hallaba muy achacoso–, el que más le concilió el aborrecimiento, por el cual acabaron de desearle un fin desastrado y que sirviese de escarmiento, fue el que cometió contra la persona de nuestro amado soberano, Fernando VII y algunos señores, haciendo creer al rey padre que su hijo, el Príncipe de Asturias, conspiraba a destronarle quitándole la vida, y con fecha 30 de octubre del año pasado de 1807, se publicó un decreto por todo el reino que trataba de traidor a Su Alteza Real[1]. Acompañan los decretos y la Gaceta extraordinaria que, de orden del señor don Fernando VII, se publicó en Madrid, que trata con extensión de estos asuntos.[2] Toda la nación se llenó de terror. Toda la nación se compadecía y gemía por el Príncipe de Asturias, le creía inocente víctima sacrificada por la ambición infernal del inicuo Almirante, a quien todos creyeron autor de esta calumnia, que conspiraba contra la vida del Príncipe heredero para reinar algún día en un país por quien debía sacrificarse, en el que hacía un papel tan brillante, habiendo empezado por una fortuna tan humilde. También en estos días en que ya estaba entregado al brazo de la ley andaba una lista de los millones suyos de que se tenía noticia, y decía así: Banco de Londres 800. Íd. de Holanda 400. Íd. de París 200. En El Ferrol, para embarcar 200. En poder del Patriarca 030. Y otras cantidades, que hacían la suma total de 1650 millones.[3]

Se dijo también que, de sólo diamantes, brillantes, rubíes y demás piedras preciosas, se le habían cogido diecinueve arrobas. Por último, sus riquezas se tenían en concepto en toda España de ser las mayores que ningún mortal había poseído, y sus títulos y empleos llenaban medio pliego de papel impreso.

Volviendo al viaje de S. M. y de S. A., la gente de Madrid –que estaba sobresaltada por la permanencia del ejército francés que estaba acampado en las inmediaciones y alojado en la Corte, y que pasaba ya, según se decía, de cuarenta mil hombres, y sin cesar llegando más tropa, recelando de ellos, sin embargo de las seguridades dadas por ambos monarcas, padre e hijo–, entre mil dudas, hablillas, noticias funestas que se decían, recibió la primera noticia de la llegada de Napoleón a Bayona el 14 por la noche (sabiéndose en Madrid a su tiempo, por la parte de la Corte), y que envió parte de su guardia de honor y su médico de Cámara a nuestro Infante, que se hallaba indispuesto en aquella ciudad, y que le mandó preparar el alojamiento en la Casa Consistorial de la ciudad, por ser mejor que el que tenía; y que el soberano estaba en Vitoria para recibirle, acompañado de un séquito asombroso de vasallos que le rodeaban sin quererle dejar. También se habló de unas prisiones que se estaban haciendo en Madrid con sigilo, por haberse descubierto un complot de gentes que iban a aclamar por las calles a Carlos IV y María Luisa, y que la reina era la agente principal de este negocio, el cual se empezó a verificar en el Sitio de El Escorial, donde se hallaban los reyes padres, por haber pasado a éste desde el Sitio de Aranjuez, sobre el 4 ó 5 de abril.

Pero fue atajado en sus principios, prendiendo a algunos de los alborotadores, y en Madrid no hubo nada.

Débese notar que, entonces, el Príncipe de la Paz, preso en Villaviciosa, sabía ya que reinaba Fernando VII y que él era reo de Estado, pues uno y otro le notificaron[4] el miércoles 6 de abril o el jueves siguiente, y que esta noticia le fue tan dura que cayó de espíritu y se acobardó. En medio de tantos acontecimientos nada era capaz de calmar y asegurar la impaciencia de la gente por la sospecha indicada del ejército francés, y porque corrían voces de que Murat estaba de acuerdo con la reina madre y que era amigo del Príncipe de la Paz, que había recibido regalos magníficos de él y sumas cuantiosas cuando estaba en su fortuna, y que había enviado un edecán a saber cómo se hallaba en la prisión. Y aun se había asegurado también que le había pedido, después de marchado el rey a Vitoria, a pretexto de que era reo de Estado del imperio francés, porque se hallaba inculcado también en negocios tocantes a aquel gabinete, pero se le negó.

[Continuará]

[1] Va al fin de este escrito.* Ya se indicó que no se incluyen en la edición.

[2] No está.*

[3] El error en la suma es del autor. El total correcto sería 1630.

[4] Se refiere a que le notificaron ambas cosas, que Fernando VII era rey y que él era reo de Estado.

¡VAMOS, QUE NOS VAMOS!

abril 10, 2017

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