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El Almirante tuerto, manco y cojo que salvó a un Imperio

septiembre 28, 2017

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Doble honor y justicia compartir el relato, por el protagonista y por el autor.

Origen: El Almirante tuerto, manco y cojo que salvó a un Imperio

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EL ZAPATERO PATRIOTA

septiembre 5, 2017

Zapatero patriota“Pedro Segundo Iglesias y López, de treinta años, natural de Madrid, oficial de zapatero; salió de su casa en la mañana del 2 de Mayo con un sable, y se lo oyó decir que iba «á defender la Patria y á matar franceses». Después que se publicó la paz, viósele de nuevo en la calle del Olivar, preguntando por su madre, anciana de setenta y cuatro años; decía que había matado un francés. Aconsejáronle se escondiera y fuese prudente; no obstante, dio lugar a que le cogieran preso y lo fusilaran en el Prado. En un memorial de 1815 decía su madre, Francisca Antonia López: «Jamás quiso casarse por atender á mi cuidado y sustento; pero el día 2 de Mayo, olvidando este objeto tan recomendable, para cooperar a la defensa de la Patria, fue víctima entre tantos héroes.» – (Archivo Municipal de Madrid, 2-328-22.- Lista de víctimas, 1816.)”.

               Que un hombre que ha decidido dedicar su vida y su trabajo a su madre, como antes hizo por él ella. Que cierre su negocio y provisto de un arma de ocasión se eche a la calle a tomarse la justicia debida contra el infame opresor. “Que tiés madre”, que diría doña Rita. Que busque al gabacho como el que va de romería. Eso… eso tiene que ser de otra época, porque hoy no se entiende.

ASÍ SUCEDIÓ. GOYA

junio 24, 2017

Faltaba ahora por reconstruir el Día sin Término; aquel en que dos existencias habían parecido disolverse en un Todo tumultuoso y ensangrentado. Sólo un testigo quedaba de la escena inicial del drama: una guantera que, sin sospechar lo que iba a ocurrir, había ido temprano a la Casa de Arcos para entregar varios pares de guantes a Sofía. Se sorprendió al observar que sólo quedaba un criado viejo en la mansión. Sofía y Esteban se encontraban en la biblioteca, acodados a la ventana abierta, escuchando atentamente lo que de fuera les venía. Un confuso rumor llenaba la ciudad. Aunque nada anormal parecía suceder en la calle de Fuencarral, podía notarse que ciertas tiendas y tabernas habían cerrado sus puertas repentinamente. Detrás de las casas, en calles aledañas, parecía que se estuviera congregando una densa multitud. De pronto, cundió el tumulto. Grupos de hombres del pueblo, seguidos de mujeres, de niños, aparecieron en las esquinas, dando mueras a los franceses. De las casas salían gentes armadas de cuchillos de cocina, de tizones, de enseres de carpintería: de cuanto pudiese cortar, herir, hacer daño. Ya sonaban disparos en todas partes, en tanto que la masa humana, llevada por un impulso de fondo, se desbordaba hacia la Plaza Mayor y la Puerta del Sol. Un cura vociferante, que andaba a la cabeza de un grupo de manolos con la navaja en claro, se volvía de trecho en trecho hacia su gente, para gritar: “¡Mueran los franceses! ¡Muera Napoleón!” El pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas impresas ni de artificios de oratoria para provocarlo. La elocuencia, aquí, estaba en los gestos; en el ímpetu vocinglero de las hembras; en el irrefrenable impulso de esa marcha colectiva; en la universalidad del furor. De súbito, la marejada humana pareció detenerse, como confundida por sus propios remolinos. En todas partes arreciaba la fusilería, en tanto que sonaba por vez primera, bronca y retumbante, la voz de un cañón. “Los franceses han sacado la caballería”, clamaban algunos, que ya regresaban heridos, asableados en las caras, en los brazos, en el pecho, de los encuentros primeros. Pero esa sangre, lejos de amedrentar a los que avanzaban, apresuró su paso hacia donde el estruendo de la metralla y de la artillería revelaba lo recio de la trabazón … Fue ese el momento en que Sofía se desprendió de la ventana: “¡Vamos allá!”, gritó, arrancando sables y puñales de la panoplia. Esteban trató de detenerla: “No seas idiota: están ametrallando. No vas a hacer nada con esos hierros viejos.” “Quédate si quieres! ¡Yo voy!” “¿Y vas a pelear por quién?” “¡Por los que se echaron a la calle! gritó Sofía. “¡Hay que hacer algo!” “¿Qué?” “¡Algo!” Y Esteban la vio salir de la casa, impetuosa, enardecida, con un hombro en claro y un acero en alto, jamás vista en tal fuerza y en tal entrega. “Espérame”, gritó. Y armándose con un fusil de caza, bajó las escaleras a todo correr …

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Hasta aquí lo que pudo saberse. Luego fue el furor y el estruendo, la turbamulta y el caos de las convulsiones colectivas. Cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos, sobre una multitud que respondía al arma blanca, con aquellas mujeres, aquellos hombres que se arrimaban a los caballos para cortarles los ijares a navajazos. Gentes envueltas por pelotones que desembocaban por cuatro calles a la vez, se metían en las casas o se daban a la fuga, saltando por sobre tapias y tejados. De las ventanas llovían leños encendidos, piedras, ladrillos; derramábanse cazuelas, ollas de aceite hirviente, sobre los atacantes. Uno tras otro iban cayendo los artilleros de un cañón, sin que la pieza dejara de disparar con la mecha encendida por hembras enardecidas, cuando ya no quedaron hombres para hacerlo. Reinaba, en todo Madrid, la atmósfera de los grandes cataclismos, de las revulsiones telúricas cuando el fuego, el hierro, el acero, lo que corta y lo que estalla, se rebelan contra sus dueños en un inmenso clamor de Dies Irae … Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y la Moncloa. Las descargas de fusilería que ahora sonaban se habían apretado, menos dispersas, concertadas en el ritmo tremebundo de quienes apuntan y disparan, respondiendo a una orden, sobre la siniestra escenografía exutoria de los paredones enrojecidos por la sangre. Aquella noche de un comienzo de mayo hinchaba sus horas en un transcurso dilatado por la sangre y el pavor. Las calles estaban llenas de cadáveres, y de heridos gimientes, demasiado destrozados para levantarse, que eran ultimados por patrullas de siniestros mirmidones, cuyos dormanes rotos, galones lacerados, chacós desgarrados, contaban los estragos de la guerra a la luz de algún tímido farol, solitariamente llevado por toda la ciudad, en la imposible tarea de dar con el rostro de un muerto perdido entre demasiados muertos … Ni Sofía ni Esteban regresaron nunca a la Casa de Arcos. Nadie supo mas de sus huellas ni del paradero de sus carnes. Dos días después de saber lo poco que había de saber, Carlos mandó lacrar las cajas donde había guardado algunos objetos, algunos libros, algunas ropas, que aún hablaban por sus formas, por sus olores, por sus pliegues, de la existencia de los idos. Abajo lo esperaban tres coches para llevarlo, con su equipaje, a la Oficina de Postas. Devuelta a sus dueños, la Casa de Arcos volvería a quedar deshabitada. Las puertas fueron cerradas con llaves, una tras otra. Y la noche se instaló en la mansión -era aquél un invierno de anticipados crepúsculos, en tanto que sus fuegos eran apagados, separándose los leños a medio arder, antes de verterse sobre ellos el agua de una garrafa de espeso y orfebrado cristal rojo. Cuando quedó cerrada la última puerta, el cuadro de la Explosión en una catedral, olvidado en su lugar -acaso voluntariamente olvidado en su lugar- dejó de tener asunto, borrándose, haciéndose mera sombra sobre el encarnado oscuro del brocado que vestía las paredes del salón y parecía sangrar donde alguna humedad le hubiese manchado el tejido.

La Guadalupe, Barbados, Caracas, 1956-1958.

Fragmento de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier

¡NO PASARÁN!, GRITÁBAMOS

junio 16, 2017

Muy difíciles de abatir eran los condenados. Esos coraceros llevaban más chapa encima que la alquitara del Tomás, el aguardentero. Y montaban unos caballos enormes. Enormes como Balán y Galeote, eran ellos también. Y enormes sus espadas.

Me fijé en él, no por nada en particular. Esos eran todos iguales. Como sacados de un mismo molde. Pero él venía solo. Iba muy seguro de sí mismo. Como el que pisa terreno conquistado. Yo le esperaba subido en el alfeizar de una ventana de un piso bajo, oculto tras un canalón saliente. Con la charrasca abierta.

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Salté en el momento en el que me descubría, sentándome en su mismo caballo, pero tras él. No tuvo tiempo de sacar la espada. Con mi mano libre le estorbaba para que no pudiera desenfundar la pistola que llevaba en el arzón, suficiente para sujetarme sobre el caballo, a pesar del forcejeo. Mi otra mano se ocupaba en hurgarle bien con la punta de la navaja bajo la coraza. Adelante, atrás, hasta encontrar el hueco en el que hundirla en su carne. Hasta atravesarle el corazón.

Así era como había que hacer para sacrificar una tortuga antes de cocinarla. Al menos, eso fue lo que me contó un alpargatero de la plaza de la Paja, que había estado en las Indias, y que decía que allí las había comido.

El caballo trastabillo, y se venció. Una vez libre de nuestros pesos siguió camino. Para entonces, el coracero ya había abandonado este valle de lágrimas.

Lo malo es que me entretuve tanto en el matarile, que di tiempo a que otro me descubriera en plena matanza. Esta vez fui yo el sorprendido, y el que probó acero ajeno.

Buen guiso sí que hicimos nosotros de los primeros coraceros que quisieron entrar por la Puerta de Toledo. Aunque más tarde, sus compañeros, mucho se lo supieron cobrar con nuestra sangre.

© Vidas Sacrificadas

© Miguel Reseco

CLAVIJO

junio 5, 2017
“Santiago en la batalla de Clavijo”. Oleo sobre tabla realizado en 1512 por pintor italiano Paolo de San Leocadio (1447-1520). Se trata de uno de los paneles de la Iglesia de San Jaime de Villareal (Castellón).
7 Oleo sobre tabla realizado en 1512 por Paolo de San Leocadio. Se trata de uno de los paneles de la Iglesia de San Jaime de Villareal (Castellón). (2)
Esta es una más de las muchas representaciones de uno de los más famosos episodios de la Reconquista, la Batalla de Clavijo. El apóstol encabeza la formación cristiana blandiendo el estandarte de la Fe y a lomos de un blanco caballo, cabalga sobre un lecho de mahometanos, en socorro de las tropas comandadas por el rey Ramiro I.
En esta batalla Santiago se ganaría el sobrenombre de Matamoros. Tanto la aparición del apóstol, como la misma batalla son puestas en cuestión por los eruditos, al no existir constancia documental de ninguna batalla en el año 844 en la localidad riojana de Clavijo. Solo tenemos la narración de ella, y de la aparición del apóstol, en la obra De Rebus Hipaniae escrita por el arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), 300 años después.
¿Quién puede asegurar que no fue una patraña de El Toledano, con afán de movilizar a la Hispania cristiana, en contra de los islamitas, con el afán de recuperar la patria de sus padres los visigodos, como él decía? Pero, si fuera ese el caso, ¡qué talento tenía este hombre!

SE VEIA VENIR

mayo 24, 2017

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YO, EL REY… DE NUEVO… Y DE MOMENTO.

mayo 17, 2017

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CAPITANES SIN SABLE

mayo 13, 2017

No es el mío un sentimiento cateto, aunque así lo crean la mayor parte de mis compatriotas. No, no es eso.

Solo un necio no se da cuenta de que la bandera es una tela, y de que un himno es una melodía. Como necio es el que no ve que el retrato de sus padres es un cartón coloreado, o que una cruz es un trozo de madera. Pero por otra parte, creo que es lógico y normal que la mayoría vea algo más. Y vea que es algo grande.

Quizás yo crea que una bandera no debería verse como una amenaza, ya que no pienso que deba ser utilizada como tal.

Pero sí pienso que son unos catetos los que enarbolan otras banderas con ánimos partidistas o secesionistas. Jamás una nación prosperó dividida, ni ideológica, ni territorialmente.

Suelo decirles a mis alumnos, que si yo, ejemplar de una edad provecta, en la que ya no se pueden alcanzar grandes metas, he tenido entre mis muchos fracasos, algún que otro logro, qué podrán hacer ellos con todos los medios con los que desde su adolescencia la sociedad les ha dotado. Y con mi ayuda. Y con la de otros como yo (espero que sus padres). Solo les faltan los estímulos necesarios para emular a aquellos que han logrado llegar a ofrecernos tales medios. Y adquirir el conocimiento de quienes fueron los que lo hicieron.

Y sobre todo, saber que eso no les salió gratis.

20170513_124755Por eso les hablo, cuando puedo, y mis jefes no se enteran, de Don Pelayo, de Ramón y Cajal, de Albéniz, de Daoiz y de Velarde, …

Por eso me cabreo cuando veo, como hoy he vuelto a ver, que un descerebrado, impunemente, ha vuelto a colgar una litrona de los hierros de la espada del conjunto escultórico de la plaza del Dos de Mayo de Madrid.

Algo que supongo que, para más inri, el escalador logrará entre los vítores de la concurrencia, y que tras su exitosa hazaña rematará vaciando la vejiga tras la peana del monumento.

Porque cada botella que alguien coloca, a modo de antorcha, allí donde nunca debieron desaparecer las hojas de los sables de los dos capitanes, es un atentado al patrimonio nacional, al arte, a la historia, a quienes dieron la vida por nuestra libertad y además, al buen gusto. Pero también, por que cambia el buen ejemplo por el malo.

¡Que pena! porque es, sin duda, un acto irracional que solo puede ser fruto de la ignorancia.

Y en esa trinchera, modestamente, estamos.

Miguel Reseco

JOACHIM, PROTECTOR DE LAS ESPAÑAS

mayo 7, 2017

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Breve recopilación de frases patriotas sobre España.

mayo 6, 2017

La de literatura de exaltación de lo hispano que se produjo en el pasado, y la cantidad de ella de desprecio que se está dando en el presente.
“¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!” (Don Quijjote)

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Todos conocemos alguna frase o cita pronunciada por españoles, aliados o enemigos, todos disfrutamos pronunciando esas palabras que en su día estuvieron en boca de los más grandes héroes patrios e intelectuales nacionales, y nosotros les damos vida y las hacemos nuestras.

Esta pagina hace una breve recopilación de algunas de las más famosas frases y otras no tan conocidas, para que todo el que lo desee tenga a mano una breve recopilación.

Estas son algunas de las frases pronunciadas por extranjeros:


“Los españoles tuvieron una clara superioridad sobre los demás pueblos: su lengua se hablaba en París, en Viena, en Milán, en Turín; sus modas, sus formas de pensar y de escribir subyugaron a las inteligencias italianas y desde Carlos V hasta el comienzo del reinado de Felipe III España tuvo una consideración de la que carecían los demás pueblos.”
Voltaire

“La Humanidad debe gratitud eterna a la Monarquía española…

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