EN EL COCHE, JUNTO AL MAR Y CONTIGO

california-kiss

A mí, quizás porque tengo ya unos años, unos cuantos, y puede que porque viví un largo noviazgo, esta imagen me evoca muchas horas vividas y sentidas. Horas de risas y de prisas. Horas de emociones y de sensaciones.

La vista del mar era imprescindible también. Y es que la proximidad al mar nos proporcionaba intimidad y complicidad, unas veces nos traía paz, y a veces nos trasmitía tormenta; porque la lluvia, cuando caía violenta causaba un secuestro amable, al tiempo que aumentaba nuestra reserva.

Cuántas tardes de ver al sol, poco a poco, esconderse al otro lado del mar. Y después de un beso sin fin, asomarte para ver un mar de tinieblas. Solos estábamos, los dos.

Hay besos fantásticos como los fotografiados por Doisneau, pero como el de Erwitt ninguno. Tuvimos esta foto durante años en nuestro dormitorio, y fue siempre el deseo de cada mañana, de perdurar en la misma ilusión.

Miguel Reseco

 

 

 

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