Madrid en 1808 El relato de un actor RAFAEL PÉREZ (IV)

Mes de abril                                      [Continua]

El día 20 de abril se esparció en Madrid por la mañana la noticia de que se habían recibido cartas del rey y del duque del Infantado y el canónigo Escóiquiz, que le acompañaban, que decían que estaban arreglados todos los asuntos entre ambos soberanos, que se habían escrito, y por algunas se añadía que se habían visto. Mas, al mismo tiempo, corrió también la de que Bonaparte no lo había reconocido rey y que andaba todo de mala data.[1] Había muchas dudas, mucho disgusto y muchas disputas y, vacilando de esta manera, esperaba la gente que saliese Gaceta extraordinaria, porque no podría menos de salir si las noticias eran satisfactorias.

No salió y sobre este motivo de desconfianza recayó justamente la ocurrencia de este día, que fue escandalosa y sobresaltó a la gente. A las cinco de la tarde se hallaba la Puerta del Sol, calle Mayor y la de las Carretas con una multitud de almas que se iba aumentando sin cesar; muchas rondas y patrullas de guardias de Corps, montados, que así las hacían todas, y de otros cuerpos de infantería y caballería, que tenían cercada la calle de la Zarza y cortada la comunicación por todas las calles alrededor sin dejar pasar a nadie, porque en la imprenta que había en dicha calle tenían presos a unos franceses que por la mañana se habían presentado a que se les imprimiesen muchos ejemplares de un bando que manifestaron, pero que se había de hacer todo sin que nadie saliese de la casa y a la mayor brevedad.

El impresor se puso a trabajar, pero tuvo oportunidad, separándose a buscar cualquiera cosa, de indicar a uno de su familia que llamase la guardia del vivac,[2] lo cual hizo con disimulo, bajando por otra escalera diferente que la que subieron los franceses, que fueron sorprendidos por la guardia. Pero, como en estos días con la mayor facilidad se reunía mucha gente, así sucedió en este caso, por manera que no los pudieron sacar presos hasta más de las diez de la noche, en que ya la gente había desocupado las calles.

Era un bando, el de los franceses, para aclamar a Carlos IV y María Luisa, y salvar al inocente (por el preso), y había algunos que añadían que el referido bando decía “Muera Fernando VII”.[3] Toda la gente estaba exaltada y en disposición de alboroto contra los franceses, y las patrullas y rondas empleaban la mayor actividad en impedir todo desorden.

Para el día siguiente, jueves, se anunció que había rogativa pública y suspensión de comedias en el mismo día, y esto mismo era un motivo que aumentaba la desconfianza de muchos que decían que, en circunstancias favorables, no se hacen rogativas. Pero, amanecido el jueves, se supo que no se hacía la procesión de rogativa, sin saber el motivo. Mas también se aseguró por muchos, y se extendió con rapidez en Madrid, que a las tres y media de la madrugada de aquel día había sido entregado a los franceses en Villaviciosa el Príncipe de la Paz, y que era por una orden del rey Fernando VII, enviada desde Vitoria a su tío el infante don Antonio, el cual se lo mandó al general marqués del Castelar; y añadían que este general no obedeció la orden y que vino a Madrid aquella noche y habló al infante don Antonio, haciéndole presente que tenía orden de S. M. de no entregar aquel hombre sin que viese él mismo una orden firmada por S. M mismo; que entonces el infante le enseñó la que tenía del rey, y que Castelar marchó incontinenti[4] y verificó la entrega del preso a las tres y media a unos generales franceses que fueron a por él en un coche, con una escolta que quedó a alguna distancia de Villaviciosa, y se lo llevaron.

Es imposible decir las opiniones, las disputas que se suscitaron en Madrid: unos lo negaban afirmativamente,[5] algunos lo creían, y en todos reinaba la confusión, al mismo tiempo que, por otra parte, decían muchos que el parte[6] había traído noticias de haber arreglado los dos soberanos sus intereses respectivos, a satisfacción del rey de España. Y, en efecto, por la tarde se puso el bando que trae el Diario del viernes siguiente, nº 122, del 22 de abril,[7] con lo cual la mayor parte de las gentes aseguraban que semejantes voces eran movidas por gentes maliciosas, enemigas del sosiego, que deseaban una revolución por miras interesadas. Sin embargo, algunos seguían todavía en su opinión y todos acabaron de asegurarse en el referido viernes con la Gaceta extraordinaria, nº 39, que se publicó, en que el Gobierno anunció el hecho, como se ve por ella misma, que acompaña.[8]

[Continuará]

[1] Empeorar las cosas.

[2] Guardia principal en las plazas de armas, a la que acuden todas las demás, entre otras cosas, para saber el santo y seña.

[3] “Dos oficiales franceses sorprendieron a un impresor y con amenazas le hicieron imprimir un papel que decía: ‘Viva Carlos IV y Godoy, muera Fernando’. El impresor llegó a tirar dos ejemplares; pero fingiendo que se le había descompuesto no sé qué pieza y que iba en casa de un amigo a buscarla, marchó a dar aviso a un alcalde de Corte” (Martínez Colomer, 1808: 25). Murat “hacía que se esparcieran papeles sediciosos por las calles, que se fijaran en los parajes más públicos” , como “los cafés y demás puestos públicos”, pues quería sublevar al pueblo.

[4] Prontamente, al instante, al punto, sin dilación.

[5] Es decir, con firmeza.

[6] Correo que se establecía cuando el soberano se encontraba fuera de su corte, entre ésta y el sitio donde él se hallaba.

[7] No está.*

[8] No está.*

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