Madrid en 1808 El relato de un actor RAFAEL PÉREZ (III)

Mes de abril                                      [Continua]

Entre la multitud de delitos enormes que en estos días se contaban cometidos por el Príncipe de la Paz –la nación, que toda le aborrecía; la Grandeza, que le odiaba porque hacía ya algunos años que todos temían que se alzase con el reino, principalmente si fallecía el señor rey don Carlos IV, que se hallaba muy achacoso–, el que más le concilió el aborrecimiento, por el cual acabaron de desearle un fin desastrado y que sirviese de escarmiento, fue el que cometió contra la persona de nuestro amado soberano, Fernando VII y algunos señores, haciendo creer al rey padre que su hijo, el Príncipe de Asturias, conspiraba a destronarle quitándole la vida, y con fecha 30 de octubre del año pasado de 1807, se publicó un decreto por todo el reino que trataba de traidor a Su Alteza Real[1]. Acompañan los decretos y la Gaceta extraordinaria que, de orden del señor don Fernando VII, se publicó en Madrid, que trata con extensión de estos asuntos.[2] Toda la nación se llenó de terror. Toda la nación se compadecía y gemía por el Príncipe de Asturias, le creía inocente víctima sacrificada por la ambición infernal del inicuo Almirante, a quien todos creyeron autor de esta calumnia, que conspiraba contra la vida del Príncipe heredero para reinar algún día en un país por quien debía sacrificarse, en el que hacía un papel tan brillante, habiendo empezado por una fortuna tan humilde. También en estos días en que ya estaba entregado al brazo de la ley andaba una lista de los millones suyos de que se tenía noticia, y decía así: Banco de Londres 800. Íd. de Holanda 400. Íd. de París 200. En El Ferrol, para embarcar 200. En poder del Patriarca 030. Y otras cantidades, que hacían la suma total de 1650 millones.[3]

Se dijo también que, de sólo diamantes, brillantes, rubíes y demás piedras preciosas, se le habían cogido diecinueve arrobas. Por último, sus riquezas se tenían en concepto en toda España de ser las mayores que ningún mortal había poseído, y sus títulos y empleos llenaban medio pliego de papel impreso.

Volviendo al viaje de S. M. y de S. A., la gente de Madrid –que estaba sobresaltada por la permanencia del ejército francés que estaba acampado en las inmediaciones y alojado en la Corte, y que pasaba ya, según se decía, de cuarenta mil hombres, y sin cesar llegando más tropa, recelando de ellos, sin embargo de las seguridades dadas por ambos monarcas, padre e hijo–, entre mil dudas, hablillas, noticias funestas que se decían, recibió la primera noticia de la llegada de Napoleón a Bayona el 14 por la noche (sabiéndose en Madrid a su tiempo, por la parte de la Corte), y que envió parte de su guardia de honor y su médico de Cámara a nuestro Infante, que se hallaba indispuesto en aquella ciudad, y que le mandó preparar el alojamiento en la Casa Consistorial de la ciudad, por ser mejor que el que tenía; y que el soberano estaba en Vitoria para recibirle, acompañado de un séquito asombroso de vasallos que le rodeaban sin quererle dejar. También se habló de unas prisiones que se estaban haciendo en Madrid con sigilo, por haberse descubierto un complot de gentes que iban a aclamar por las calles a Carlos IV y María Luisa, y que la reina era la agente principal de este negocio, el cual se empezó a verificar en el Sitio de El Escorial, donde se hallaban los reyes padres, por haber pasado a éste desde el Sitio de Aranjuez, sobre el 4 ó 5 de abril.

Pero fue atajado en sus principios, prendiendo a algunos de los alborotadores, y en Madrid no hubo nada.

Débese notar que, entonces, el Príncipe de la Paz, preso en Villaviciosa, sabía ya que reinaba Fernando VII y que él era reo de Estado, pues uno y otro le notificaron[4] el miércoles 6 de abril o el jueves siguiente, y que esta noticia le fue tan dura que cayó de espíritu y se acobardó. En medio de tantos acontecimientos nada era capaz de calmar y asegurar la impaciencia de la gente por la sospecha indicada del ejército francés, y porque corrían voces de que Murat estaba de acuerdo con la reina madre y que era amigo del Príncipe de la Paz, que había recibido regalos magníficos de él y sumas cuantiosas cuando estaba en su fortuna, y que había enviado un edecán a saber cómo se hallaba en la prisión. Y aun se había asegurado también que le había pedido, después de marchado el rey a Vitoria, a pretexto de que era reo de Estado del imperio francés, porque se hallaba inculcado también en negocios tocantes a aquel gabinete, pero se le negó.

[Continuará]

[1] Va al fin de este escrito.* Ya se indicó que no se incluyen en la edición.

[2] No está.*

[3] El error en la suma es del autor. El total correcto sería 1630.

[4] Se refiere a que le notificaron ambas cosas, que Fernando VII era rey y que él era reo de Estado.

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