PUERTA DE TOLEDO

—¡Han matado a Bastiana! Más de veinte hombres hay aquí y denguno vale un rial. Canallas; ¿para qué os ponéis bragas si tenéis almas de pitiminí?

—Mujer—dijo Chinitas cargando su escopeta— quítate de en medio. Las mujeres aquí no sirven más que de estorbo.

—Cobardón, calzonazos, corazón de albondiguilla —dijo la Primorosa pugnando por arrancar el arma a su marido—. Con el aire que hago moviéndome, mato yo más franceses que tú con un cañón de a ocho.

Entonces uno de los de a caballo se lanzó al galope hacia nosotros blandiendo su sable.

—¡Menegilda!, ¿tienes navaja? —exclamó la esposa de Chinitas con desesperación.

—Tengo tres, la de cortar, la de picar y el cuchillo grande.

madrid177—¡Aquí estamos, espanta-cuervos! —gritó la maja tomando de manos de su amiga un cuchillo carnicero cuya sola vista causaba espanto.

El coracero clavó las espuelas a su corcel y despreciando los tiros se arrojó sobre el grupo. Yo vi las patas del corpulento animal sobre los hombros de la Primorosa; pero ésta, agachándose más ligera que el rayo, hundió su cuchillo en el pecho del caballo. Con la violenta caída, el jinete quedó indefenso, y mientras la cabalgadura expiraba con horrible pataleo, lanzando ardientes resoplidos, el soldado proseguía el combate ayudado por otros cuatro que a la sazón llegaron. Chinitas, herido en la frente y con una oreja menos, se había retirado como a unas diez varas más allá, y cargaba un fusil en el callejón del Triunfo, mientras la Primorosa le envolvía un pañuelo en la cabeza, diciéndole:

—Si te moverás al fin. No parece sino que tienes en cada pata las pesas del reló de Buen Suceso.

El amolador se volvió hacia mí y me dijo:

Puerta de Toledo—Gabrielillo, ¿qué haces con ese fusil? ¿Lo tienes en la mano para escarbarte los dientes?

En efecto, yo tenía en mis manos un fusil sin que hasta aquel instante me hubiese dado cuenta de ello. ¿Me lo habían dado? ¿Lo tomé yo? Lo más probable es que lo recogí maquinalmente, hallándose cercano al lugar de la lucha, y cuando caía sin duda de manos de algún combatiente herido; pero mi turbación y estupor eran tan grandes ante aquella escena, que ni aun acertaba a hacerme cargo de lo que tenía entre las manos.

—¿Pa qué está aquí esa lombriz? —dijo la Primorosa encarándose conmigo y dándome en el hombro una fuerte manotada—. Descosío: coge ese fusil con más garbo. ¿Tienes en la mano un cirio de procesión?

—Vamos: aquí no hay nada que hacer—afirmó Chinitas, encaminándose con sus compañeros hacia la Puerta del Sol.

Écheme el fusil al hombro y les seguí. La Primorosa seguía burlándose de mi poca aptitud para el manejo de las armas de fuego.

—¿Se acabaron los franceses? —dijo una maja mirando a todos lados—. ¿Se han acabado?

—No hemos dejado uno pa simiente de rábanos—contestó la Primorosa—. ¡Viva España y el Rey Fernando!

El 19 de marzo y el 2 de mayo

Benito Pérez Galdós

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