MISERERE MEI

Pasear quizás hiciera más corto el tiempo que he de pasar encerrado hasta que llegue el final; el final al que mis actos me han conducido. Pero todo movimiento lo impide el dolor que me causan los grilletes que aprietan los tobillos.

Desde luego que todos los madrileños despreciamos a esos soldados franceses desde el mismo día en que aparecieron. Resulta insoportable esa falta de respeto que han tenido siempre, no solo con nuestro monarca sino hasta con el más mísero pordiosero. La misma falta de consideración han demostrado tanto en la más humilde de las tabernas como en la casa de Dios.

¿Cómo es posible que yo, un siervo de la Iglesia, haga de mi mano herramienta de la justicia, quitando vidas en lugar de preparar almas?

Mas, ¿cómo podía permanecer yo insensible al ver a ese infame militar que, abusando de la hospitalidad de que disfrutaba en la casa en la que se le dio cobijo, intentaba forzar a la buena mujer que le servía?

Por salvarla me condené yo. ¡Y mil veces haría lo mismo!

Toda una vida que viviera recordaría la fecha: 12 de abril. Dos días antes del Jueves Santo, que fue cuando me hicieron preso en la casa de la calle Milaneses donde me escondí. Solo dos días duró mi fuga.

Mazmorra

A ese tal capitán Motè, al que Belcebú espero que haya recibido como se merece, le proporcioné un corto viaje, ya que el disparo en la entrepierna, le vació tan rápido como se vacía la bolsa de un soldado el día de paga. Si lo siento no es por mi condenación (la divina, que a la humana no la temo); sino porque con mi acto haré que estos imperiales del demonio se apliquen a reprimir con más furor a mis pobres feligreses, como he sabido que ya han hecho con los criados y vecinos de mi casa.

Ya es hora de poner mi alma en manos de Nuestro Señor. La muerte, aunque no esté siendo puntual, es seguro que llegará.

Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam… Ya vienen…, et secundum multitudinem miserationum tuarum… se ve luz al fondo del corredor… dele iniquitatem meam*.

© Ronda por el Madrid del Dos de Mayo

© Miguel Reseco


*¡Oh Dios, apiádate de mí! según tu gran misericordia y según tu inagotable compasión, borra mi iniquidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: