UNA TUMBA EN DINAMARCA

              – Por favor, pasee conmigo mayor. No deseo que mis hombres nos oigan.

              El capitán Costa desmonta y el francés le imita. Ambos comienzan a caminar, flanqueados por sus respetivos caballos.

              El mayor Ameil es el que rompe el silencio.

              – Solo hay una condición, y es que no hay condiciones. Me niego a aceptar cualquier demanda por su parte. Le exijo la rendición absoluta. Esta locura ha durado demasiado. Y si usted no se aviene a razones, tenga por seguro que ordenaré fusilar a sus oficiales y acabar con sus soldados.

              El capitán Costa camina imperturbable, recibiendo la noticia con la frialdad del que ya sabe a lo que se va a enfrentar.

              – Lamento ser tan brusco, pero ahora… -añade bajando el tono de voz- ¿cómo es eso que dicen los españoles de los naipes?

              – ¿Pintan bastos?

              – Exacto

              El capitán Costa niega con la cabeza y deja que se alarguen los segundos, antes de tomar la palabra.

              – Me hago cargo –adelanta para sofocar la espera del mayor francés, en tanto busca las palabras adecuadas con las que continuar-. Es posible que me acusen de desobediencia a mis mandos, incluso de amotinarme, pero no me podrán acusar de traición. La fatalidad ha querido que mis aliados de otrora, sean mis enemigos de ahora. Precisamente, por eso, por no traicionar a mi Patria puedo ser acusado de desobediencia. Pero no soy traidor, sino que muy al contrario, es por patriotismo que me veo en esta situación.

              – Triste ironía del destino, que sentencia así a un hombre de honor. Le compadezco. Yo tampoco podría desentenderme de los intereses de mi patria, poniéndome al servicio de otra.

              – Bien -Costa corta el aire con la mano, como si con el gesto, cortara la continuidad del debate-, creo que convendrá conmigo, en que soy el único responsable. Que he sido yo el único que ha desobedecido a sus mandos. No así los hombres que me han acompañado. Mis hombres han seguido las órdenes de su mando directo, que soy yo.

              – No. Ciertamente no se les puede acusar de ninguna falta. Pero no se le ocultará que esa declaración le hace a usted único responsable.

              – Lo sé y pagaré por ello. ¿Me promete, entonces, que respetará a mis hombres?

              – Tiene mi palabra. Pero perdonara mi insistencia. ¿Es consciente de que este acto, por más que sea muy generoso, hará recaer sobre usted toda la responsabilidad de sus actos?

              El capitán parece meditar la pregunta del francés.

              – Ciertamente –dice y continúa  caminando en silencio.

              Unos pasos más adelante, el capitán se detiene. Ameil entiende que el español da la entrevista por terminada. El capitán Costa se da la vuelta, levanta la vista del suelo y se dirige a su alférez, el cual le sigue unos pasos más atrás, y le dice en voz alta:- ¡Recuerdos a España de Antonio Costa!

               El francés, que siente que algo malo va a pasar, se abalanza hacia el capitán. Su esfuerzo resulta estéril. El respingo que da su caballo debido a su rápido movimiento, está a punto de tirarle al suelo. El fatal traspiés le impide llegar a tiempo de evitar la tragedia. Mientras tanto, el capitán Costa ha liberado del arzón de su caballo una pistola de chispa, cargada y cebada. Amartilla la pistola, pone el cañón en su sien y tras gritar viva España, se dispara.

*      *      *

La primera etapa del plan de Napoleón para invadir Suecia, consistió en concentrar un ejército en Dinamarca. España, a causa del pacto de amistad con Francia enviará 14000 hombres, bajo el mando del Marqués de la Romana. Este cuerpo recibirá el nombre de División Norte. Salen de España en Abril de 1807, y tras un periodo acampados en Hamburgo, llegan en agosto a Dinamarca. El total del contingente lo manda el mariscal francés Bernadotte.

A parte de la península que comprende la mayor parte del territorio danés, el país se compone de multitud de pequeñas islas, las tropas españolas fueron distribuidas en varias de ellas. Cuando llegaron a los oídos del Marqués de la Romana los sucesos del 2 de Mayo y de la rebelión española, la dispersión constituyó el mayor problema para organizar una evasión generalizada que les permitiera regresar a España. Inicialmente, dado lo delicada de la situación, el Marqués aparentó mantenerse fiel a Francia, incluso accedió a que sus tropas juraran de forma colectiva fidelidad a Bernardotte y José I como táctica dilatoria, pero estas se negaron a semejante humillación. Cuando tras varias negociaciones secretas con los ingleses, el Marqués pudo empezar a embarcar a las tropas rumbo a España, burlando la vigilancia de los franceses, una serie de contratiempos y delaciones impidió el éxito total de la empresa, teniendo que permanecer en Dinamarca presos de los franceses 225 oficiales y 4950 soldados españoles.

Antonio Costa, capitán del 5º escuadrón del regimiento Algarbe, depuso a sus mandos entreguistas, y buscó una salida para volver a España, como otros destacamentos ya habían hecho, pero no tuvo suerte. Se rindió cuando vio que solo conseguiría la muerte de sus hombres. En esa época, el mando de un ejército vencido tenía asegurado un trato acorde con su rango, lo que llegaba a incluir una pronta repatriación. En tal situación, quitarse la vida no era un acto de cobardía, sino de dignidad.

Bernadotte tomó muy buena nota del ejemplo que recibió de Costa, e hizo todo lo contrario.

Miguel Reseco

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7 comentarios to “UNA TUMBA EN DINAMARCA”

  1. elrincondelarchiduque Says:

    soy gonzalez mi blog:http://elrincondelarchiduque.wordpress.com/

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  2. ikerpastillas Says:

    Soy David del Campo 4ºA y mi blog es https://blasdemolina.wordpress.com/2011/05/13/una-tumba-en-dinamarca/#comments

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  3. criscris8 Says:

    http://elblogdefranciscofernando.wordpress.com/
    soy cristina mingo

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  4. carloswesk Says:

    soy carlos este es mi blog 🙂
    http://carloswesk.wordpress.com/

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  5. carloswesk Says:

    Cuando terminó la Reconquista, y la expulsión, en Andalucía, no quedaron musulmanes ni descendiente de árabes. Si permanecieron por la zona de Levante.
    Además de los repobladores del resto de la península, vinieron muchos del centro de Europa, concretamente de lo que ahora es Alemania.
    Resulta curiosa esa nostalgia del mundo musulmán, por españoles rubios que no saben bien de lo que hablan.

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  6. minihistoria Says:

    Miguel, aquí te paso el link de mi blog otra vez para que veas que he cambiado el Gravatar. soy Ignacio Sáinz de Medrano, de 4ºA

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  7. minihistoria Says:

    http://rincondeminihistoria.wordpress.com

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