UNA JORNADA HEROICA

LemosCon fecha catorce de abril de 1808, el ministro de Marina don Francisco Gil de Taboada Lemos y Villamarín (en la foto) ha remitido al cónsul británico en Madrid, Mr. John Hunter, una nota de la Junta de Gobierno, en la que se le ordena abandonar Madrid, con todo su personal y agentes a su servicio.
Según le comunicó, un amigo español, esta decisión partía del despacho de Murat.


El Cónsul General en España, John Hunter, al Ministro de Exteriores de su Majestad Británica, George Canning, sobre los sucesos ocurridos en Madrid el 2 de mayo de 1808.

Desde mediados del pasado mes de marzo el estado de ánimo de la población española se ha visto exacerbado a raíz de la sospecha sobre los verdaderos planes de Carlos IV, cuando decidió trasladarse a Sevilla con toda la familia real.

La destitución del Príncipe de la Paz el día 18, su encarcelamiento el 19, la abdicación del Rey Carlos y el acceso al trono de su hijo el Príncipe Fernando, ese mismo día, fueron acontecimientos que generaron gran satisfacción y podrían haber tenido el más dichoso efecto con el tiempo. Pero la llegada de las tropas francesas a Madrid, la entrega al General Murat de la espada de Francisco I (trofeo de victoria en la Batalla de Pavía, que había permanecido desde entonces en la Armería Real), la partida del Rey Fernando hacia Burgos, la entrega del Príncipe de la Paz a los franceses y, finalmente, la decisión Real de cruzar la frontera y ponerse en manos de los franceses en Bayona fueron hechos que reavivaron el malestar anterior, que fue aumentando poco a poco hasta el punto que la Junta de Gobierno (presidida por el Infante Don Antonio) temió que pudiera llegar a producirse una fuerte reacción. Por lo que la Junta empleo todos los medios de que disponía para aplacar el malestar del pueblo e impedir que se diese actos de violentos en contra de los franceses.

Proclamación del Príncipe Don Fernando

Cada tarde llegaba de Bayona un Parte, o Correo Extraordinario, con noticias relativas a las negociaciones que allí se estaban llevando a cabo. Noticias que no llegaban nunca a publicarse en La Gaceta, pero de las que circulaban extractos procedentes de la correspondencia privada de los ayudantes del rey. Los primeros generaron cierta satisfacción al contener únicamente detalles de los honores de que fue objeto Fernando a su llegada, así como del cordial recibimiento que le hizo Bonaparte. Pero le siguieron informaciones cada día menos satisfactorias. Desde las primeras sospechas de que las cosas no iban tan bien como se creía inicialmente, hasta llegar a mostrar que la intención del Napoleón era forzar a Fernando a abdicar.

El parte del sábado 30 de abril no llegó. Continuaba sin llegar el domingo 1 de mayo por la tarde. De modo que se juntaron varios miles de personas en la Puerta del Sol y en otras calles cercanas a Correos esperando ansiosos al mensajero.

Palacio RealLa guarnición francesa en Madrid permaneció toda la noche en alerta y el sol del lunes dos de mayo se alzó sobre numerosos habitantes desgraciados que estaban destinados a no volver a contemplar otro amanecer.

Se señaló ese día para la salida con destino a Bayona de la Reina de Etruria y su hermano, el Infante Don Francisco de Paula. La curiosidad de mucha gente les llevó a concentrarse ante la puerta del palacio para contemplar esta escena, muchas esposas y familias acudirían después en busca de sus maridos y padres, para lamentar su propio destino al quedar abandonados sin la menor prevención. Cuando apareció ante la verja el primer carruaje, gran parte de la multitud manifestó sus sospechas respecto a la posible marcha del Infante Don Antonio, Presidente de la Junta Provisional de Gobierno. Y movidos por este error, comenzaron los disturbios.

Cortaron las correas del carruaje y lo volvieron a introducir por la fuerza en el patio del palacio, pero una vez que se les aseguró que Don Antonio no iba a abandonar Madrid, permitieron que se unciera de nuevo y que saliera. Un ayudante de campo del General Murat fue enviado para informarse acerca de lo ocurrido. La multitud lo recibió con violencia, pero gracias a la intervención de algunos oficiales españoles, fue rescatado y le permitieron volver junto a su comandante.

Se dejó entonces salir a los carruajes la Reina de Etruria y su hermano, observándose que este último se mostraba muy reacio y que incluso lloraba amargamente, todo lo cual conmocionaba e irritaba a la gente. En ese momento, el mismo ayudante de campo volvió con una partida de soldados franceses. Y entonces comenzaron las escenas de horror y el derramamiento de sangre.

Puerta del SolNo resulta fácil asegurar con certeza si los primeros en agredir fueron la multitud o los soldados franceses, pero los franceses lo hacían disparando ráfagas de mosquetería contra sus oponentes, de forma que cayeron muchos espectadores inocentes. Un niño de cinco u ocho años murió de un tiro en una ventana a raíz de los primeros disparos. Esto sucedía en torno a las 11 de la mañana. La noticia se extendió como el fuego por toda la ciudad y en menos de una hora todos los paisanos que disponían de armas se echaron a la calle.

Al principio los españoles tenían una posición ventajosa en la mayor parte de la ciudad, incluso a pesar de que no se permitió a las tropas españolas inmiscuirse en el conflicto, pues sus oficiales les recluyeron en sus acuartelamientos, cayeron muchos franceses, cuyas armas sirvieron para los españoles que estaban desarmados.

Pero en cuanto comenzaron a ponerse en práctica las disposiciones del General Murat, el dominio de la situación pasó sin duda a manos de los franceses. Se movilizó a todos los soldados de dicha nación, que atravesando las diferentes puertas de la ciudad procedentes de todos los destacamentos acampados en sus cercanías, entraron en columnas apoyados por una o más piezas de artillería ligera, las cuales provocaban estruendo en las calles a medida que avanzaban y se instalaron después en los puntos en que se adecuaban para actuar con mayor eficacia.

Además de esto, la infantería disparaba ráfagas en todos los cruces de calles por los que pasaban, apuntando de manera especial a aquella casa o balcón donde hubiera asomado alguna persona.

Parque de MonteleónLa defensa más gloriosa llevada a cabo por los españoles tuvo lugar en el depósito de artillería del Palacio de Monteleón, antiguo hotel de Sir Benjamín Pring, cuando era de embajador en esta Corte, y donde están enterrados los restos del respetabilísimo ministro.

Murat envió un destacamento a este depósito para tomar posesión de la artillería y los suministros, pero se encontraron con que ya estaba ocupado por un puñado de artilleros españoles y algunos civiles, al mando de dos valientes oficiales de artillería llamados Daoiz y Velarde. Estos dos caballeros tomaron el mando de unos pocos artilleros y algunos civiles que se presentaron voluntarios, y tras apuntar un cañón de 24 libras cargado con metralla hacia la puerta del depósito, que daba a una larga calle por la que la columna francesa debía avanzar necesariamente. Les dieron un recibimiento tan caluroso y provocaron una matanza tan considerable que el comandante francés incapaz de avanzar, se vio obligado a pedir refuerzos a Murat. En su ayuda enviaron otras dos columnas que atacaron a la reducida guarnición por los dos flancos y desde las ventanas y los tejados de las casas de la vecindad, apremiándoles repetidamente para que se rindiesen; pero los oficiales rechazaron toda propuesta de acuerdo y, valientemente, resistieron hasta el final. Uno de ellos murió de un disparo de fusil y Daoíz, con la cadera rota debido a otro disparo, continuó dando órdenes sentado en el suelo hasta que le hirieron otras tres veces, la última de las cuales terminó con su gloriosa carrera.

Asumió el mando un cabo de artillería quien, al ver que no quedaban ya perspectivas de enfrentarse con éxito, ofreció capitular ante el general francés, el cual se mostró de acuerdo en garantizar los términos de la rendición. Pero en el momento en que se establecían los artículos del trato, llegó cabalgando el Alcalde de Madrid, agitando un pañuelo blanco y proclamando la paz, ante lo cual se permitió a los franceses tomar posesión del depósito. Sus pérdidas no han sido confirmadas correctamente hasta ahora, pero tienen que haber sido muy considerables, ya que se habían disparado 26 libras de metralla y casquillos.

Miguel_GamborinoHacia las dos en punto cesó el fuego en toda la ciudad a consecuencia de la intervención personal del Consejo de Castilla y otras instituciones, que desfilaron a caballo por las calles, acompañados de numerosos miembros de la nobleza española y algunos generales franceses, escoltados por algunos cuerpos de caballería formados por unidades españolas y guardias imperiales franceses mezclados.

La población se alegró inocentemente pensando que se había puesto fin a la carnicería. Pero pronto descubrieron que una matanza de naturaleza más fría y deliberada estaba decidida. Por la tarde Murat emitió una orden general a las tropas manifestando su deseo de que se formase inmediatamente un tribunal militar bajo la presidencia del General Grouchy.

Todas las personas que habían sido apresadas por la mañana, o que habían sido halladas por las calles con cualquier tipo de arma encima (por insignificante que fuese) fueron presentadas ante este tribunal.

Los portadores de un fusil, un sable o una navaja, o incluso un par de tijeras, fueron declarados culpables y condenados inmediatamente a ser fusilados, y la sentencia se ejecutó sin demora.

Fusilaron a tres grupos, formados cada uno por cuarenta personas, en El Prado. Muchos (no se conocen las cifras) fueron fusilados en la Iglesia de la Soledad, cerca de la Puerta del Sol. Y otros grupos de 30 ó 40 tuvieron un destino parecido cerca de la Puerta de San Vicente.

Se juzgó a varias personas más, que ajusticiaron al día siguiente, pero se cree que su número no era muy grande.

Las cifras de los caídos de cada bando nunca se han llegado a confirmar con precisión. Los franceses ocultaron cuidadosamente sus pérdidas, pero se sabe que murió un general y muchos oficiales, y hubo una importante deserción entre sus soldados alemanes e italianos. Se afirma que la disminución de sus efectivos el dos de mayo, por una u otra causa, superó los cuatro mil hombres.

Se dice que el número total de efectivos que actuaron en Madrid tal día estaba en torno a los doce mil y si se hubiese permitido a las tropas españolas actuar junto a la población, es probable que ni uno solo de esos doce mil hubiese escapado.

Pero fue más afortunado para la capital que esto no ocurriese puesto que había más de cincuenta mil franceses acampados y acantonados en las cercanías, que habrían sido puestos en movimiento de inmediato, dando lugar al saqueo y destrucción de Madrid.

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2 comentarios to “UNA JORNADA HEROICA”

  1. PCA Says:

    Reblogueó esto en trasloqueves.

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  2. ARC Says:

    Interesantísima visión del Dos de Mayo de los de la pérfida Albion

    Le gusta a 1 persona

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