SE HABÍA PERDIDO, Y ES HALLADO

                El corazón me ha dado un vuelco. Alguien anda por ahí. Serán ratas, en este desván tiene que haber de todo. Lo último que recuerdo haber oído es algún que otro disparo cada vez más lejano. Luego debí quedarme dormido. Claro que quieto, tumbado y con la fatiga de todo el día, lo raro era que no acabara durmiéndome. Y más raro aún que el frio no me haya despertado hasta ahora.

            ¿Serán pasos o alguna paloma que regresa ahora que ya se acabó el tiroteo?

desvan            Cuando los imperiales tomaron Monteleón, supimos que era mejor abandonar los balcones y escondernos, que a los militares españoles no les harían nada, pero a los civiles, nos pasarían por las armas. De modo que, poco a poco fuimos repartiéndonos por sobrados y desvanes.

            – ¡Eh muchacho!, búscate otro agujero, que este ya tie bicho -me espetó un rostro negro de pólvora. Cómo debería estar a mía. Tendría que ver la forma de lavarla, eso me delataría ante cualquier patrulla que me cruzara de vuelta a casa. Pero sin agua… Y Dios mío, ¡qué sed!

            Son pasos. Alguien viene. A uno de mis pies lo descubre un rayo de luna que atraviesa el tragaluz. Corrijo la postura. Golpeo una silla con la rodilla, tiro un balde, hago ruido.

            – Aquí hay uno -dice una voz, descubriéndome-, fijo -asegura.

            – Pues por poco se nos pasa -le contesta otro que viste uniforme.

            Pruebo a disimular imitando el gorjeo de una paloma, aunque lo que me sale más bien parece un pavo.

            – ¡Oye palomo! – dice socarrón, el que me descubrió -, si no sales ahora se te va a hacer de día. Y tendrás que esperar a que caiga de nuevo el sol, como le pasó al Choricero, que le pillamos porque el hambre le comía las tripas.

            – ¡Aquí! -digo mientras me incorporo.

            – ¡Vamos zagal! -dice el uniformado- Seguro que hay una madre que se muere creyéndote muerto. Y deja eso – dice señalando el mosquete que arrastro-, ya solo sirve para condenarte. Nosotros nos ocuparemos de él.

Mujer-en-la-ventana-Jozef-Israëls            – Anda, pega un trago -dice el paisano, acercándome una bota.

            – ¡Escucha! Ahora vas a bajar las escaleras. Cuando llegues al portal no te asustes. Está uno que es amigo. Él te dirá si hay o no, moros en la costa. Camina pegado a la pared. Sin hacer ruido. Evita las patrullas. Y no te entretengas, en una hora saldrá el sol.

            Al llegar a mi casa encontré a mi pobre madre de pie, mirando por la ventana.

            – ¡Quita de ahí mujer que te van a disparar! – le decía mi padre mientras escarbaba en el brasero.

            – ¡Juanillo! -gritó mi madre.

©Miguel Reseco

©Recuerdos de un artillero

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2 comentarios to “SE HABÍA PERDIDO, Y ES HALLADO”

  1. Crisanto Says:

    Que bueno!!! Impresionante carga emotiva… pobre madre.

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  2. cachito460 Says:

    Muy bueno. Merece la pena.

    Le gusta a 1 persona

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