EL REY HA ABDICADO, VIVA EL REY

Jamás olvidaré esa fecha. El sacrificio de todos los españoles que nos vestimos por los pies, lo vimos recompensado ese día. Fue el 24 de marzo de 1808 cuando el Príncipe de Asturias, ya coronado como Fernando el Séptimo, nuevo Rey de España y las Indias, entró triunfalmente en Madrid. No hacía cinco días que habíamos conseguido sacar de su palacio de Aranjuez, al Choricero. Después, el Príncipe don Fernando anunció que Godoy había sido depuesto y que el rey Carlos había abdicado.

¡Ay, Dios mío cómo estaba esa Puerta del Sol, y esa calle Mayor, y esa calle de Alcalá!

Madrid era una fiesta.

Ya con la corona sobre su real cabeza, solo le quedaba recibir las bendiciones del emperador, Napoleón.

De los balcones de las casas nobles pendían las ricas colgaduras de damasco con su ancho escudo y brillantes flecos,…

Se le veía muy orgulloso, a lomos de un hermoso caballo blanco. Entró en Madrid por la Puerta de Atocha entre vítores y guirnaldas. Todo el pueblo le aclamaba.

¡Ya viene por la Cibeles! ¡Ya viene por el Carmen Descalzo! ¡Ya viene por las Baronesas! ¡Ya viene por los Cartujos!

A sus veintitrés años, el Rey era un hombre corpulento, y aunque tenía una mirada que incomodaba a quien le tenía delante, era muy llano y guasón, hasta resultar chabacano. Era generoso y gustaba de rodearse de su pueblo. Y mujeriego, lo que no está mal, siempre que no se sea su rival.

…ya embocaba en la Puerta del Sol; ya se agitaban los abanicos; llovían ramos de flores;

Es posible que no tuviera suerte con la época en la que le tocó reinar. De haberle tocado un tiempo menos retorcido, posiblemente hubiera sido recordado como un buen rey, pero después de la siega de la guillotina, del descalabro de Trafalgar, de Godoy y de Napoleón, el mundo ya no era el mismo mundo.

Bajo la firma de “Fuente Nebló”, el Petit-cabrón había invadido España. Decía que para hacerle la guerra a Portugal, pero de la que pasaba se quedó. Luego llamó al rey Fernando y a sus padres a la Francia. Hasta liberó a Godoy y también nos lo quitó. Ni el choricero, ni los reyes viejos volverían a España. Pero nos pondría un rey de su misma camada. José se llamaba, aunque aquí le lamamos siempre Pepe, Pepe Botella, aunque más que con beber, prefería la rima con ar.

El nuevo soberano había arrebatado la corona a su padre, se la cedió a los Bonaparte. Y mientras los de aquí nos batíamos el cobre para librar la Patria de invasores, y que así pronto pudiera volver, él felicitaba al emperador de los gabachos cada vez que en el campo de batalla nos hacía morder el polvo. Pero finalmente volvió, y todo fue peor.

©Miguel Reseco

©Recuerdos de un artillero

Las notas que aparecen en el texto pertenecen a El 19 de marzo y el 2 de mayo de 1808, de Benito Pérez Galdós.

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