LA DECISIÓN DE NAPOLEÓN

Crisis, la del año 1808, esa sí que fue gorda. La epidemia de fiebre amarilla que asoló España en 1803 trajo un muy importante descenso de la población. Las pésimas cosechas de los años 1804 y 1805, dejaron las despensas españolas llenas de telarañas. Las guerras, ora contra Francia, ora contra Portugal y después contra Inglaterra, se llevaron todavía más vidas, agotaron las despensas y vaciaron aún más la caja de la hacienda real. Pero la peor de todas las guerras fue la de Trafalgar, ya que nos dejó sin una flota capaz de mantener el comercio con América y a través suyo con Asia. Por otra parte, estar en guerra con Inglaterra nos cerró los puertos de la mayor parte de Europa.

Carta de JoséEn 1808 el primer ministro de Carlos IV, Godoy, no pasaba por su etapa de mayor popularidad. Él, que siempre había sido visto como un arribista que no merecía haber alcanzado tan altas responsabilidades, fue acusado sin paliativos de ser el causante de la desastrosa situación.  Y no solo por sus sempiternos enemigos, el sector de la nobleza a la que no era proclive, y la iglesia a la que pretendía desamortizar, sino por la sociedad entera.

Posiblemente el cuarto Carlos no habría sido tan mal rey, si no hubiera tenido la mala suerte de que su reinado coincidiera con la Revolución Francesa.

Quizás tan lamentable situación llevó a muchos a ver un mesías, capaz de superar todos los males, en el príncipe Fernando.

Ciertamente, ahora que conocemos al personaje, podríamos aventurar que Fernando habría sido una útil marioneta en manos de Napoleón, si este lo hubiera mantenido en el trono. Es muy posible que Fernando hubiera aceptado la constitución de Bayona y la hubiera hecho cumplir. Tal vez entonces, no habría habido guerra. Y posiblemente, con Napoleón habría caído Fernando, y con él la monarquía. Y el espíritu de la Pepa estaría en una constitución aprobada en 1814, que quizás ahora estaríamos debatiendo si hay que modificar, o no.

¿Ucronía?, sí. Quizás me confundo, pero quien seguro se equivocó fue Napoleón. José Bonaparte demostró ser un hombre conciliador, hábil para el diálogo y la negociación. Más reflexivo que impulsivo. Sin embargo, José Bonaparte no era el hombre idóneo para gobernar un país en guerra.

Pero hay muchos más que se equivocan, y eso que los años debieran de haberles proporcionado información, y perspectiva. Y es que con frecuencia escucho decir, cuando alguien comenta sobre la figura de José Bonaparte, que podría haber sido un buen rey. Es curioso que esto es algo que nadie comenta de Amadeo de Saboya. Si le hubieran dejado, añaden. Parece que se quisiera ignorar que fue un rey usurpador, colocado en el trono por una potencia extranjera. Una potencia que nos había invadido, motivo por el cual le declaramos la guerra.

Miguel Reseco

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