MENUDO TRANCAZO

Esta expresión, que utilizamos para dar a entender que alguien tiene un considerable resfriado, tiene un origen muy curioso.

 Agustín Fernando Muñoz y Sánchez


Agustín Fernando Muñoz y Sánchez

Como es bien sabido, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, la cuarta y última esposa de Fernando VII, después de enviudar, se casó con un sargento de su escolta. Este matrimonio era conocido como morganático, al unir a una persona de sangre azul con otra de sangre roja, pero ahora parece que el término ha perdido utilidad, y el hecho importancia. Agustín Fernando Muñoz y Sánchez se llamaba el mozo, aunque después de la boda, los españoles empezaron a llamarle Fernando Octavo.

La guardia real tuvo mucha relevancia en esa época, un guardia llegó nada menos que a primer ministro.

Pero el caso es que el flechazo surgió antes del óbito del monarca, de modo que las primeras citas, ayudaron a la reina a superar los momentos de bajón, que le producía la larga agonía del rey.

El caso es que, según cuentan, una noche que la reina regresaba junto al lecho del dolor de su esposo, tras abandonar el del placer de su amante, se tropezó con una de sus damas. Esta, malvada ella, que sabía de dónde venía, y que era conocedora de las intimidades regias, entre ellas del portentoso miembro con que estaba más que dotado el rey, quiso picar a la reina, preguntándole si no habría perdido en el cambio.

Muerte de Fernando VIIA esto, su majestad le contestó, ya en la entrada de la cámara real, que no temiera, que el sargento “tenía un buen trancazo”.

El rey Fernando, que sorprendentemente había escuchado el comentario desde la cama, escamado exigió una explicación. La reina rápidamente discurrió, y le contó al monarca que en Tarancón, de donde era natural el guardia, como en otras zonas de la provincia de Cuenca, era común utilizar la expresión “tener un trancazo” para referirse a los catarros. El médico del monarca, que se encontraba presente en ese momento, no solo no se atrevió a negar la afirmación de la reina, sino que la corroboró. Desde ese día, el término se difundió por palacio, de ahí saltó a las calles, y de allí hasta ahora.

Miguel Reseco

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