FERNANDO, EL MISMO PERRO

Cuentan, que tras el pronunciamiento de don Rafael de Riego, en Cabezas de San Juan, aquel que dio paso al llamado Trienio Liberal, el monarca se vio en la obligación de jurar la constitución que seis años antes había decretado proscrita, y decir aquello de:

“Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”.

milicia-nacionalEl muy hipócrita.

Fue entonces, en pleno fervor revolucionario, cuando se restableció la Milicia Nacional, fiel a los ideales de la Constitución de 1812. Evidentemente, tres años después, tras recibir nuestro Fernando la ayuda de las potencias absolutistas extranjeras[1], la milicia fue disuelta.

Con la vuelta del absolutismo, se constituyó una nueva milicia, los Voluntarios Realistas, afecta al nuevo régimen. Cuando el rey pasó revista al nuevo cuerpo, descubrió entre los miembros muchas caras que le eran familiares de la milicia liberal. Una vez cumplido el acto, dicen que el monarca comentó:

“A lo que veo son los mismos perros con distintos collares”.

Existe otra versión del origen de la expresión, que recoge Benito Pérez Galdós en su novela ‘El Grande Oriente’ perteneciente a los Episodios Nacionales. Según cuenta, cuando finalizado el Trienio Liberal, Fernando VII llevó a cabo la destitución del gabinete de Argüelles, entre los miembros de la corte surgió el siguiente comentario:

Era natural que el nuevo Gabinete no gustase a nadie. Los tibios le tenían por exaltado, y los exaltados por tibio. Procedente, como el anterior, de la mayoría, el Gabinete Valdemoro-Feliú, representaba las mismas ideas, la propia indecisión, idéntica dependencia de manejos secretos; representaba también la debilidad frente a los alborotadores, las pedradas al coche del Rey, la tolerancia de las grandes conspiraciones y la persecución sañuda de las pequeñas. De entonces data, si no estamos equivocados, la célebre frase de los mismos perros con distintos collares”.

Fernando VII, él sí que fue siempre el mismo perro, y siempre lució el mismo collar. Después de abandonar a su pueblo para entregar la corona a un dictador extranjero, aprovecho que este pueblo confiado, le devolvía el poder por el que había luchado, para abusar de él.

El tiempo ha grabado esta frase como la expresión, de que aunque las personas o las condiciones cambien, las condiciones acaban siendo semejantes a las anteriores.


[1] Un ejército formado por 95 062 soldados franceses, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis al mando del duque de Angulema. Casi los mismos soldados que ya habían estado en nuestra patria, de nuevo para decidir por nosotros.
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