DANDO LA CHAPA SOBRE LA BIRRA

muerte fernando VIISegún deja recogido en su libro “Historias de la Historia”, el genial Carlos Fisas, a Fernando VII se le atribuye haber dicho:

España es una botella de cerveza y yo el tapón. El día en que yo muera, veréis cómo se desparrama el contenido.

Por desgracia tuvo mucha razón. Por si no hubiera hecho bastante daño durante su largo reinado, tras su muerte se desató una guerra civil por motivos sucesorios. Y esa fue la primera de tres, que recibieron el nombre de Guerras Carlistas.

Y es que, a pesar de sus cuatro matrimonios y su mucho folgar, dentro y fuera de palacio, el Narizotas solo fue capaz de darnos dos herederos. Dos niñas. Ningún varón. Eso ahora no sería un problema que importara a nadie, aparte de a los poderes, que como entonces, de estas cuestiones sabían hacer bandera, y así encontrar un nicho de influencia desde el que ejercer el poder al que son tan adictos.

Viendo el problema que se le podría venir encima a su futuro vástago, el monarca promulgó, el 31 de marzo de 1830, la llamada Pragmática Sanción, que ya había sido aprobada en 1789, por su señor padre, el augusto Carlos IV, pero que no se había hecho efectiva hasta entonces por razones de política exterior. En ella se establecía, que en ausencia de heredero varón, la corona pasaría a la mayor de las hijas, de haberlas.

Esta reforma de antigua Ley Sálica dejaba fuera al infante Carlos María Isidro, hermano del rey, que había albergado la esperanza de llegar a ser rey a raíz de la infertilidad de su hermano, y entregaba el trono a su sobrina Isabel. Un triunfo para la última esposa de Fernando, la madre de Isabel, y un jarro de agua fría para toda a camarilla de ambiciosos arribistas que esperaban medrar apoyando la causa del hermanito.

Era 1832. El rey se estaba muriendo. Un grupo de partidarios del infante don Carlos se desplazaron hasta su lecho, y consiguieron que Fernando VII firmara un Decreto que derogaba la Pragmática Sanción.

Pero quiso Dios que el rey saliera del mal trance, y el gobierno presidido por Cea Bermúdez, consiguió poner la pragmática de nuevo en vigor. El hermanísimo, don Carlos encontró oportuno partir hacia Portugal. Por su parte, la reina María Cristina, aceptó la regencia, “obligada” por la grave enfermedad del rey. Y es que Isabel, la heredera, apenas acababa de celebrar por esos días su tercer cumpleaños.

3-guerra-carlista

Aprovechó, María Cristina, la ocasión para propiciar un acercamiento al sector liberal, al tiempo que concedía la amplia amnistía a los liberales exiliados, en la seguridad de que ese partido apoyaría el acceso al trono de su hija. Cuando en 1833, Fernando murió, su hermano el infante don Carlos, con el sector realista y las regiones favorecidas por “privilegios históricos” que le apoyaban como el legítimo heredero (y futuro valedor de sus intereses), se sublevó dando comienzo a la Primera Guerra Carlista.

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