SOLO QUIERO QUE ME ENTIERREN…

¡Escucha, Caminante, no prosigas!…

¡Detente por favor!

¡Híncate de rodillas

y reza por mi alma una oración!

Piensa que como tú, tuve una vida

y libé su alegría y su dolor;

¡Y que marchaba como tú caminas

en pos de la ventura y la pasión

¡Piensa que tú también serás nada

y en forma parecida te hallarás!

Y el día que esto venga… ¡por que viene!

Tus propios hijos te abandonarán…

¡Son tan cortas las horas de la vida!

¡Tan eterna es la muerte!

La verdad solo es esta, caminante:

¡Todo el mundo te miente!

Eduardo Esteban Valdés

Interventor Gral. General de División

El pasado día 27 de septiembre tuvimos el honor de ser invitados a la celebración de un “Viernes Regular” por el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54. En el marco de uno de los más bellos cuarteles del Ejército Español se desarrolló una emotiva formación que sin duda tuvo su momento más solemne en el Acto a los Caídos: la oración de páter, contestada por un imán en dariya, el canto de la Plegaria del Soldado Regular y el toque de Oración emocionan al más recio soldado, no siendo extraño ver brotar alguna lagrima furtiva.

Sabedor de nuestra afición por la historia el coronel Vega Murcia, Jefe del Grupo, nos puso un extraordinario guía con el que tuve el placer de internarme en el vecino país camino del aeropuerto de Tánger.

A las 8 de la mañana, las 7 horas de Marruecos, cruzamos la frontera con destino hacia el legendario acuartelamiento de Dar Drius, cuna de la Legión. Y de allí a Tetuán, parada obligatoria. En la que fuera capital del Protectorado Español nació mi madre y entre Tetuán y Larache paso su infancia y adolescencia.

De ella llevaba un encargo muy especial, visitar el Cementerio Militar y localizar la tumba del hermano de su madre, el capitán de Caballería de la Mehala Fernando Ureta Gallardo, “el tío Fernando” y depositar unas flores.

No era el único “mandado” junto a Fernando teníamos que buscar la tumba del Teniente de Caballería, también de la Mehala, D. Luis Palao Martialay heroicamente caído, junto a cuarenta de sus mejaznies, durante una carga en Ben Karrich el 10 de junio de 1925. El día 12 recibió cristiana sepultura en el Panteón de la Mehala del cementerio de Tetuán

El tiempo y los caprichos del destino quisieron que tanto Fernando como Luis compartieran muchas cosas en común. A su pertenecía al Arma de Caballería, su destino a en la Mehala, su pasión por los caballos, la amistad de ambos con mi abuelo, el entonces Comandante Eduardo Esteban Valdés, añadieron el descansar eternamente en el mismo lugar. El tiempo y la casualidad los emparentó tras la unión de mi hermana, sobrina-nieta de Fernando, con su marido, que lo es de Luis.

Ante unas vistas privilegiadas y con cierto nerviosismo aparcamos en la puerta del Cementerio Español, donde nos recibió un malhumorado perro que nos hizo temer lo peor. A los cinco minutos apareció Mohamed, un hombre de edad indefinida, encargado del cuidado del camposanto, donde vive con su numerosa familia.

Atado el perro para nuestro alivio, Mohamed nos abrió la verja y bajando una cuesta encontramos, casi enfrentadas, dos puertas señaladas con los carteles “Zona militar”, a la derecha, “Zona civil” a la izquierda.

Lo primero que llamó mi la atención fue, la ausencia, pese al nombre de Cementario Español-Zona Militar-, de una bandera nacional

Con la emoción de entrar en “el Santuario de los Héroes” traspasamos la puerta donde encontramos una explanada con alineadas sepulturas blancas, en lo que parecía un correcto estado de conservación y limpieza (lo cierto es que entramos con cierta prevención.

En el año 1978 mi madre quiso enseñarnos los lugares de su niñez, por lo que viajó con algunos de mis hermanos a su tierra natal, a la vuelta indignada presentó una queja ante el Ministerio de Defensa al comprobar cómo las cabras pastaban por el Cementerio Militar de Larache)

Nada más entrar la vista se va hacia el monumental mausoleo del que fuera Alto Comisario entre 1915 y 1918, el Teniente General Francisco Gómez-Jordana.

Nos pusimos a la tarea de buscar las tumbas de Teniente Palao Martialay y el Capitán Fernando Ureta del Campo en lo que a priori solo parecía una cuestión de tiempo y paciencia.

Según avanzamos observamos que en la mayoría de las sepulturas los nombres habían desaparecido. La causa evidente los rigores de la climatología ayudada por la inestimable ayuda de la dejadez y la incompetencia.

Huesos por los suelos, chumberas naciendo de las tumbas de nuestros laureados, zarzas,…mierda y olvido como último pago de España a quienes dieron su vida por ella.

Lo que parecía iba a ser un feliz día en el que poder cumplir los deseos de mi madre poco a poco se fue transformando en un sentimiento de rabia y dolor. La suerte quiso que encontráramos un nicho con una lápida en la que figuraba Fernando Ureta del Campo, Capitán de Caballería de la Mehala, del Teniente Palao nada hallamos, solo hierbas y desolación.

Pudimos comprobar que no tenían mejor suerte los que yacen en la Zona Civil.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, para infamia de España, aquí están.

Señor García Margallo, este cementerio depende de su Ministerio. ¿Es este el fin que merecen los hombres que, como su ilustre antepasado, combatieron y murieron por defender los intereses de España?

Señor Ministro ¿qué espera usted para cesar al Cónsul de España en Tetuán, que permite esta ignominia?

D. Pedro Morenes, Señor Ministro de Defensa, el Artículo 21 de la Reales Ordenanzas (si bien es cierto que de dudosa constitucionalidad) dice:

«Los miembros de las Fuerzas Armadas se sentirán herederos y depositarios de la tradición militar española. El homenaje a los héroes que la forjaron y a todos los que entregaron su vida por España es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra.»

¿Es este el homenaje que se merecen los héroes que la forjaron?

¿Cuánto tiempo va seguir permitiendo su Ministerio que se maltrate la memoria de aquellos que dieron su vida por España?

D. Pedro, entre recorte y recorte, practique el deber de gratitud, busque un minuto para dar cuantas instrucciones hagan falta para que el destino de aquellos que entregaron “Todo por la Patria” no sea el de servir de abono a las chumberas. Dese una vuelta por los cementerios del norte de África donde se encuentran enterrados miles de españoles, en su mayoría militares o sus familiares. Solo en Tetuán entre 20.000 y 80.000 (ni de eso el Consulado tiene constancia cierta).

En la ciudad de Ceuta, con el infame trato dado por las autoridades de la Ciudad a los restos de los 48 soldados encontrados en el Pasaje Fernández, tiene usted donde empezar.

Señor Ministro, peor que la memoria selectiva del señor Zapatero es la desmemoria y el olvido. Todo esto tiene tufo a rancia política de “yakovlev”…

Soldados de España, con vuestro saludo cada tarde en el toque de oración, acordaros de estos compañeros caídos que esta desmemoriada nación les niega un metro donde reposar dignamente. Junto a una oración, su recuerdo como homenaje, de su obra. Miles de soldados españoles descansan en cementerios de los cinco continentes negándoles hasta la honra de hacer verdad los versos del bello pasodoble:

“… si es que muero en tierra extraña solo quiero que me entierren con la bandera de España”

Aunque solo sea por egoísmo, y visto lo visto, pensar que algún día quizás seáis vosotros los así tratados…

13 de noviembre de 2013

Jesús Dolado Esteban

Asociación Retógenes, Amigos de la Historia

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