HOMENAJE A DON JUAN DE AUSTRIA

Nuevamente he podido leer en el digital diarioYa.es, un magnífico texto, esta vez de don Pedro Sáez Martínez de Ubago, que me permito reproducir.
“Al anochecer del martes 16 de septiembre de 1578 sintió repentinamente don Juan de Austria intenso frío de calentura y un como desabrigamiento general de todos sus miembros. Durole la calentura toda la noche, y al día siguiente, desabrido aún en el cuerpo y muy dolorida la cabeza, levantose a su hora ordinaria, oyó misa, despachó negocios celebró consejo y visitó algunos cuarteles. Sucedía esto en el campo de Tirlemant, adonde don Juan había trasladado sus reales después de la famosa batalla de Malinas […] Diezmaba la peste el campo de los rebeldes, y aunque el contagio no había penetrado en el de don Juan […] preocupaba esto al señor don Juan y tomaba precauciones extraordinarias para evitar el contagio, inspeccionándolo todo él mismo, haciendo rondas diarias por los cuarteles, visitando a los enfermos en sus barracas, socorriéndoles y procurando, sobre todo, que no muriese ninguno sin recibir el Viático, al cual solía acompañar él las más veces […] porque don Juan, que siempre cuidó mucho del bien espiritual de sus tropas, había llegado en estos últimos tiempos a hacer de su campamento, según Vander-Hammen y Cabrera de Córdoba aseguran, un verdadero monasterio de religiosos.
Desde el primer instante de su recaída comprendió don Juan que se moría y que llegaba aquella hora tan esperada “que non ha dolor/ del home que sea grande ni cuitado”. Aprestose a recibirla con ánimo entero y varonil, digno como de príncipe, humilde como de cristiano, y fue la primera de sus disposiciones que le trasladasen al fuerte que a la sazón construía Gabrio Cervelloni, que distaba una legua del Campo. Hizose llevar por sus criados en una camilla de campaña, sin orden ni previo aviso, para evitar a los soldados el dolor de despedirle y no causar a nadie alarma ni molestia.

Había quedado por dentro del muro de circunvalación del fuerte, única cosa en él terminada, una casucha o más bien palomar, donde se alojaba don Bernardino de Zúñiga, capitán de Infantería y criado de don Juan, y allí mandó llevar éste por no desacomodar a nadie. “No había, dice Vander-Hammen, sino un palomar donde hacerle el aposento. Quitáronle la palomina, limpiáronle, colgáronle unos reposteros por el techo y las paredes, por tapar las lumbreras, y encima unos damasquillos; y rociáronle con agua de olor, y hecha una escalera de palo le subieron a él”. Y el Padre confesor Fray Francisco de Orantes escribe a Felipe II: “Murió en una barraca, pobre como un soldado; que aseguro a V.M. que no había sino un sobradillo encima de un corral, para que en esto imitase la pobreza de Cristo”.
Así el Padre Coloma S.J. narra en el capítulo XXV de Jeromín la enfermedad y edificante muerte de quien en tantos palacios había vivido, del hijo de Carlos I y vencedor de los moros en las Alpujarras y Lepanto, quien no dejó nada en su testamento “porque nada poseía en el mundo que no fuese de su hermano y señor el Rey”.
Y el Rey, su hermano y señor, quien no le dispensó en vida el trato que hubiera merecido este héroe y caudillo quien, tanto por la defensa de España y de la fe, reconocida por los pontífices de su tiempo (San Pío V y Gregorio XIII) a que dedicó su vida, como por su humildad ante el trance supremo bien puede recordar a otro caudillo que cuatro siglos después, sería la espada más limpia de Occidente y, aportaría, igualmente nuevas páginas de gloria a la historia de España, si colmó a don Juan de Austria, el último cruzado, de todos los honores que se podía le otorgar tras su muerte.

Mucho se ha escrito de don Juan, el héroe de, a decir de Cervantes, “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, por plumas como las de Juan Rufo, Larra, Borges, Coloma, Uslar Pietri o González de Cremona; mucho de la vida novelesca de sus lances amatorios, entre los que destaca su aventura con María de Mendoza, hija del conde de Tendilla, de cuya pasión sería fruto la, luego abadesa de las Huelgas, María Ana de Austria; muchos lienzos y tablas de los mejores artistas de coetáneos y posteriores muestran al héroe y sus gestas; pero nada quizá retrate su bizarría, prestancia y dignidad como el mármol de Carrara esculpido por Giussepe Galleoti bajo el que descansa en el Panteón de Infantes de El Escorial.
La inscripción de éste sepulcro, que pudiera muy bien ser la más bella tumba de la octava maravilla del mundo, no puede ser más sencilla “JOHANNES AUSTRIACUS CALOLI V FIL. NATURALIS”, Juan de Austria, hijo natural de Carlos V. En este mármol yace, como un infante, honra que se le negó en vida a quien no se reconoció ni el derecho a dosel ni el tratamiento de Alteza. Su cabeza descansa en dos cojines. Sobre su pecho el collar de la orden del Toisón de Oro; la espada con que derrotara a los moros y herejes y que, de no haber mediado la peste, quizá hubiera devuelto la fe católica la Corona de Inglaterra, en la persona de María Estuardo, firmemente asida entre sus manos, en cuyos dedos se cuentan los dieciséis anillos que quedan al descubierto, porque, de acuerdo con los usos de la iconografía, al no haber muerto en batalla, no lleva los guanteletes que reposan paralelos a sus piernas; y a sus pies, como símbolo de la fortaleza del soberano, un marmóreo león.

Vaya, con estas líneas un homenaje a este hombre de fe, que, de no haber sido requerido para el servicio de las armas, expresó su deseo de profesar en la catalana abadía de Montserrat, donde otro gran español de la época llamado Ignacio de Loyola escribiera sus Ejercicios. A modo de colofón, resumiendo lo anterior, hago mías las palabras de un reciente estudio en que Bartolomé Bennassar lo describe y resume: “Don Juan de Austria emana romanticismo y aires de novela en todos sus actos, desde el nacimiento hasta su muerte. Héroe de a raíz de la victoria de Lepanto, prototipo de caballero, elegante, galán, intrépido y temerario, soldado al servicio de su rey, leal, enamoradizo con las mujeres y seductor”.

©Pedro Sáez Martínez de Ubago

©Diario Ya

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Una respuesta to “HOMENAJE A DON JUAN DE AUSTRIA”

  1. Crisanto Lorente Says:

    impresionante.

      Crisanto Lorente Glez. Un saludo.

    ________________________________

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