PRESCRÍBASE LA NO PRESCRIPCIÓN

Hoy es 21 de junio de 1993, en el interior de una furgoneta oficial, viajan, desde sus respectivas viviendas de Alcalá de Henares, a su puesto de trabajo del Estado Mayor de la Defensa, situado en el paseo de La Castellana de Madrid.

A las ocho y cuarto de la mañana, en la confluencia de la calles López de Hoyos y Joaquín Costa, cuando el vehículo pasa junto a otro que está aparcado, detonan los 40 kilos de amonal que en él se habían cargado. La metralla deja sin vida a los siete hombres que viajan en la furgoneta. Pocos segundos después, sus cuerpos son devorados por las llamas.

Dentro del vehículo fallecen: Javier Baró Díaz de Figeroa, teniente coronel; José Manuel Calvo Alonso, sargento primero; José Alberto Carretero Sogel, teniente coronel; Fidel Dávila Garijo, teniente coronel; Domingo Olivo Esparza, capitán de fragata; Pedro Robles López, funcionario de Defensa y conductor del vehículo y Juan Romero Álvarez, teniente coronel.

La explosión, además de cuantiosos daños materiales, provocó heridas graves a otros cuarenta ciudadanos, entre ellos, tres niños que esperaban el autobús que habría de llevarles al colegio. Se trataba de las hermanas Juana y María Gabriela Cañizo Canto, de 8 y 15 años, y de Luís Gabarda Pery, de 7. Luís fue rescatado y trasladado de urgencia al Hospital Gregorio Marañón por el policía Emilio Almendros Gomis. El agente fue condecorado un año más tarde, y fue Luís quien pudo hacerle entrega del galardón. El padre de Juana y María Gabriela vio todo desde la ventana de su casa.

Otras cinco personas resultan heridas de gravedad: María Antonia Mezquita, Matilde Cuéllar, Fernando Flórez, Sonia Curabia y Juan Carlos Sobrino.

        – Vi a una niña de unos ocho años tumbada en el suelo con la cabeza destrozada, y a otros niños más ensangrentados, a la gente gritando, a dos señoras a las que les faltaba parte del pecho… y una de ellas se abrazó a mí llorando –contó después el dueño del bar Galaica, situado frente al lugar de la explosión.

Los asesinos que activaron la bomba a distancia y se dieron a la fuga en otro vehículo, lo hicieron estallar en la calle Serrano, hiriendo a otras tres personas, dos de ellas de gravedad: Miguel Alvero Suárez, de 26 años, y Carmen Redondo Prado, de 28.

Este segundo atentado provocó gran alarma al producirse en un punto equidistante de la embajada de Estados Unidos y de la de Francia.

       – Era dantesco ver aquello, y te quedas impresionado. Los cadáveres estaban irreconocibles –declaró Ramón Sáez, titular del juzgado, que acudió al lugar del atentado para proceder al levantamiento de los cadáveres. Y es que los cadáveres mortales estaban tan desfigurados que hubo que numerarlos para que pudieran ser identificadas posteriormente en el Instituto Anatómico Forense.

Los autores materiales del atentado son María Soledad Iparraguirre y Mikel Albisu. Ambos fueron detenidos en 2004 en una casa del suroeste de Francia. En 2010 fueron condenados en Francia a 20 años de cárcel.

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