LAS FUERZAS EN LIZA DURANTE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

I.     LA GUERRA DE CIFRAS

Al amanecer de aquel lunes, 16 de julio de 1212, varios miles de guerreros cristianos rezaron pidiendo salir con bien, de la que prometía ser la batalla campal más importante de la Edad Media. Nunca antes se dio tal concentración. Sobre la nava que más tarde será conocida como Mesa del Rey, freires de las distintas órdenes militares, miembros de la milicias de todos los concejos de Castilla, decenas de nobles vasallos de los reyes españoles y algunos de más allá de los Pirineos, clérigos de todas las graduaciones posibles, hasta obispos, en fin, cruzados de la fe, de toda clase y condición, se persignan y se alzan, y miran al sur, intentado distinguir entre los hirientes rayos de Sol el enemigo que ansioso les espera.

No tardaron en descender al llano y formar en el orden de batalla que habían dispuesto la víspera. Pero antes de traer a la memoria los escasos datos, e intentar determinar cuál fue la disposición de fuerzas y cómo fue el desarrollo de la contienda, el interesado debe enfrentarse en eso que ahora llamamos “la guerra de cifras”, o lo que es lo mismo, la estimación de los efectivos que participaron en la misma.

Asunto arduo, el de determinar el número de contendientes de cada bando, en las batallas dirimidas durante el Medievo. Encontraremos una primera dificultad en la fiabilidad de los documentos redactados en esa época. A pesar de que ninguno da una información completa, seria esperable que cruzándolos se llegara a cubrir todos los contingentes. Por desgracia no es así, unas veces todos los autores dejan algunas fuerzas sin detallar, y en las fuerzas en las que coinciden, discrepan grandemente en cuanto a sus efectivos.

Estas diferencias son lógicas, teniendo en cuenta que en aquella época, no se tenía costumbre de ver grandes muchedumbres, lo que llevaba a exagerar la percepción. Además de que transmitir estas cantidades, en estos casos tenía más importancia el carácter calificativo que el cuantificativo, tampoco era posible llevar a cabo un eficaz conteo, porque ni había medios, ni se era muy versado en manejar grandes cantidades.

Por otro lado, las crónicas nunca son una fuente aceptable, ya que tanto vencedores como vencidos mienten interesadamente, al proporcionar el número de guerreros de uno y otro bando. Y es que eso les permitía magnificar una victoria o justificar una derrota. Tan poco contamos con datos demográficos fiables, ni con exhumaciones que puedan ayudarnos a extrapolar un número aproximado de efectivos, con poco margen de error.

Finalmente, es escasa la fiabilidad de crónicas, que son de hasta un siglo después de la batalla. A pesar de las limitaciones que se considere aceptar, se parte de cifras extremadamente altas.

En las monografías y estudios contemporáneos, en cuanto a tasar los efectivos que combaten en las Navas de Tolosa, se siguen observando diferencias, pese a las cuales parece que finalmente se establece acuerdo. El método elaborado por Vara en su libro, El Lunes de las Navas, basado en el estudio de la capacidad del terreno donde acampó, el ejército cristiano, la víspera de la batalla y de las limitaciones que para el despliegue de sus tropas, presentaba el campo de batalla, limitado por arroyos, colinas y un profundo desnivel, arroja una estimación de entre 6.000 y 10.000 cruzados. García Fitz, desde mi humilde punto de vista, el estudio más completo, que recoge los estudios de otros historiadores y de otras batallas que tuvieron lugar en la Edad Media, considerando que las campales eran escasas, concluye que la estimación de Vara es la más aceptable. Otros estudios posteriores, no se apartan en mucho de dichas estimaciones.

Considerando que el ratio habitual era el de tres infantes por cada jinete, veremos que el ejército cruzada, tras la defección de los ultramontanos (probablemente tan numerosos como los peninsulares), de los que tres cuartas partes (de 1.500 a 2.500) estaría compuesto por jinetes de caballería pesada, y el resto (de 4.500 a 7.500) a peones. Castilla era el reino más poblado y que esperaba obtener más beneficio de los que acudieron a la batalla, por lo que era el que más efectivos aportaba a la campaña, aproximadamente la mitad. Aragón contribuyo con bastantes menos de la mitad. El resto de la tropa estaría formado por la hueste del rey de Navarra, y la de cruzados portugueses, leoneses y ultramontanos. Sigue siendo una estimación muy alta para una batalla de ese tipo y en esa época, y por eso solo se explica, principalmente, por la trascendencia de la campaña. Los que tuvieron que vivirla eran conscientes de dicha trascendencia, trascendencia que parece que se intenta hacer pasar por alto para los estudiosos de nuestro tiempo, como para los escritores de dominicales.

En lo que sí coinciden todos los estudios, es en que el ejército almohade era bastante más numeroso que el cristiano. Aunque no tan grande como los propios escritores musulmanes llegaron a consignar, y es que para los benimerines, resultaba interesante inflar las cifras para resaltar el desastre sufrido por los unitarios almohades. El arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada ¡Dios tenga en su gloria!, dejó escrito, por su parte, que después de la batalla, cuando los cristianos ocuparon el campamento musulmán, se instalaron en él, ocupando apenas la mitad del espacio de que este disponía. Se estima, por tanto, como aceptable, una relación de cerca de tres musulmanes por cada cristiano. Esto nos permite estimar una cifra que va de los 18.000 a 30.000 hombres. Por exagerada que pueda parecer esta cifra, no lo es. Cuando se estudia las infraestructuras del Imperio Almohade, logística, red de almacenes, casas de etapa, etc., así como sus avanzados métodos de reclutamiento respecto a la época almorávide, la naturaleza misma de ese imperio, que era eminentemente militar, o los enormes recursos humanos y financieros disponibles, entonces comprendemos que un despliegue masivo de tropas era posible. Y lo cierto es que estos despliegues, estudiando la velocidad de desplazamiento del ejército almohade en las campañas de las que tenemos noticia, debieron de ser habituales.

Además, la cifra estimada explica que al-Nasir cambiase su estrategia ofensiva del año 1211 por una defensiva al año siguiente, cuando le llegan los informes del ejército cruzado reunido en Toledo, muy cercano en número al suyo propio. El ratio caballería/infantería, en el caso almohade, es ligeramente inferior que en el caso cristiano, y se sitúa en torno a un jinete por cada cuatro peones. Esto se explica en que uno de los componentes característicos de los ejércitos musulmanes era el de los voluntarios de la fe, infantes apenas armados y de escaso valor militar, que se unen al ejército movidos por la llamada a la guerra santa. Siguiendo este ratio podemos hablar de 3.600 a 6.000 jinetes, de los cuales tan solo pueden considerarse pesados una cuarta parte (andalusíes, cuya forma de combatir es muy similar a la de sus vecinos del norte) y de 14.400 a 24.000 peones.

Tras esta aproximación a los efectivos que acudieron al enfrentamiento, estudiaremos el campo de batalla.

Capitán José Molina

Milicia Concejil de Madrid

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