LOS MUSULMANES EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

IV.      EL DESPLIEGUE DEL EJÉRCITO MUSULMÁN

La gran movilidad de la caballería sarracena, debida a la agilidad de sus caballos y a la ligereza de su equipación, tanto defensiva como de ataque y la importancia que se daba a la recluta de ingentes cantidades de infantes, unos altamente fanatizados y el resto hábiles profesionales de la guerra, determinaba la forma de situar sus efectivos en el campo de batalla. Tales características permitían a los peones absorber los ataques de los atacantes, anclándoles sobre el terreno, mientras la caballería les flanqueaba y rodeaba al resto del contingente enemigo

A pesar de que la bibliografía no aporta detalles de cómo pudo ser el despliegue de las tropas ismaelitas ese día, podemos suponer que siguió el mismo patrón que sabemos que utilizaron en ocasiones anteriores y posteriores.

La vanguardia, como encargada de iniciar el ataque o de detener la primera carga enemiga, era ocupada por los voluntarios andalusíes, fanáticos que  por servir a su califa se prestaban a frenar con sus vidas la carga de la caballería cristiana.

Tras la vanguardia formaba la clave del ejército, los peones más profesionales y la caballería pesada, al mando del jefe militar supremo. Este cuerpo central soportaría el mayor peso de la batalla, reforzando las filas si la vanguardia cedía, o apoyando su ataque para inclinar la batalla a su favor. Ante Sierra Morena, aquel lunes, esa clave la formaba la infantería andalusí y bereber, organizada esta según su tribu de origen a fin de otorgarla una mayor cohesión y combatividad, y por la caballería pesada andalusí, de características similares a la cristiana. También es posible que estuviesen presentes unidades de mercenarios cristianos, más acostumbrados a combatir en unidades cerradas que los musulmanes, y mucho mejor equipados.

A ambos lados los hostigadores árabes, dos alas compuestas por arqueros, honderos y ballesteros, cuya misión era la de impedir que una carga llegara hasta sus líneas. Y por escuadrones de caballería ligera, hábiles en la maniobra del torna fuga, y si era posible en el flanqueo, para atacar por el lateral o tras envolverles, por la espalda.

En la zaga (retaguardia) formaba lo más granado del ejército almohade. Su misión era la de servir de último baluarte en defensa de la posición y refugio de las otras líneas, así como última posibilidad de hacer frente a los cristianos. Alrededor de la fantástica tienda roja del Miramamolín tras un parapeto, pero dispuestos a entregar su vida antes de permitir el paso de ningún infiel, estaba la llamada guardia negra del Miramamolín, cada uno de ellos era portador de una lanza que con las de los demás formaba un acerado muro.

José Molina

Capitán de la Milicia Concejil de Madrid

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