LA TÁCTICA DE LA CARGA EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

V.        LOS MOVIMIENTOS TÁCTICOS

A lo largo del siglo XI, se desarrollo una lanza mucho más larga y ancha, esto permitió darle un uso muy distinto del que había tenido hasta ahora, y de ahí, un carácter totalmente nuevo a la caballería, muy distinto del transporte de infantes que había sido hasta entonces. Esto también obligó a aumentar las protecciones, tanto del caballo, como del caballero, ya que ahora el caballero podía ser víctima de otro como él. También se alargaron los estribos y se dotó a la silla de montar de un respaldo. Tanto lo uno como lo otro, fijaron de una forma más solida al jinete sobre su montura, de modo que no fuera fácilmente descabalgado tras el choque de la lanza.

Aunque la carga de caballería era el método de ataque propio de los ejércitos cristianos, las durísimas lecciones recibidas en Zalaca, Uclés y Alarcos hicieron que el rey Alfonso se replanteara la forma llevarla a cabo. De una u otra forma, la caballería almohade y antes la almorávide, mucho más ágil que la cristiana, conseguía engañarla con fugas fingidas para luego, cuando había perdido su inercia la caballería cristiana y los caballos el resuello, volver grupas y contraatacarla. Otras veces, los sarracenos dejaban que la caballería cristiana atravesara sus defensas, y una vez dentro, las envolvían, hasta exterminarlas. Estaba claro que el éxito de la carga dependería de la elección del momento en que se realizara el cambio de trote a galope, y de que aquellos que dirigieran la carga mantuvieran disciplinadamente la cohesión del grupo, y ajenas a cualquier provocación. Para conseguirlo, debían de permitir que los peones les acompañaran, para  así repeler cualquier intento de romper la carga, y poder realizar el necesario avance, hasta estar seguros de que el enemigo ha fijado su posición, presentando un frente fijo y sólido, y hasta que la distancia fuera la óptima para que los caballos lleguen hasta el frente enemigo con su potencia plena.

Que el campo de batalla estuviera encajonado entre accidentes geográficos severos, permitió que formando en haces, las alas no dieran oportunidad a las típicas tácticas musulmanas.

José Molina

Capitán de la Milicia Concejil de Madrid

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