¡QUÉ PAÍS!

Apenas hace un año que se inauguró en Eslovaquia, un monumento singular. Este monumento desea representar, a través de la figura de una mujer afligida, el dolor de una madre tras haber abortado a su hijo, y a la vez, a través de la de un niño “espiritualizado”, el perdón que éste le concede por el mal causado.

Para quien no se explique cómo puede ser esto posible, añadiré algo todavía más alucinante: a la inauguración del monumento asistió el Ministro de Salud de ese país.

La idea partió de una asociación nacional de mujeres jóvenes. Al parecer, existe en este país una sensibilidad especial, acerca del valor de la vida humana. Por muy increible que parezca, no son partidarias de interrumpir las vidas de los niños, que no han nacido. También les preocupa el daño psicológico que, como se ha demostrado, se inflige a la madre, a la larga, consistente en un considerable y permanente deterioro de su salud mental.

Habría que reparar, en qué especie animal es la que se esfuerza en acabar con su progenie, cuando no consigue impedir su concepción. Es posible que no sea consciente, pero está abocada a su desaparición.

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