LA CRUZ BAJO LA HIGUERA

      – ¿No duermes?, mujer.

      – No –dijo colocándose bocarriba y haciendo una profunda inspiración-. Tengo una desazón que no me deja pegar ojo.

      – ¿Temes por tu hermano?

      – Sí que temo, sí, pero me resigno. Mi hermano Paco abrazó con gusto la palma, el mismo día que recibió la tonsura. Lo que me tiene inquieta es no saber recoger su encargo.

      – Ya. ¿Te ha pedido que si falta él, protejas tú la reliquia?

      – Sí. Teme que podrían profanarla. La reliquia es conocida en toda la comarca. Y lo peor: saben a quién preguntar si no la encuentran.

      Froilán piensa que ahora ya, tampoco él podrá dormir. Finalmente empuja las mantas, se levanta de la cama y comienza a vestirse. Natividad se alarma.

      – Todavía falta para que vayas a mecer las vacas. ¿Te pasa algo?

      – Pasa. Pero queda tranquila, mujer. Intenta descansar un poco. Ahora yo tengo que hacer.

      – ¡No me asustes! ¿Qué vas a hacer? Mira Froilán que solo te tengo a ti.

      – Y con eso tienes bastante –bromea-. No te inquietes, que volveré pronto.

      Con tan solo una toquilla sobre los hombros, pasó Natividad las horas que tardó en volver su marido, de pie ante el ventanuco, intentando atravesar con su mirada la oscuridad exterior.

      – Esta noche dormirás tranquila, mujer –dijo Froilán, ya al amanecer, cuando volvió a entrar en la casa.

      – ¿Dónde la llevaste?

      – No te enfades, pero yo también dormiré más tranquilo, si tú no lo sabes.

 *      *      *

En agosto de 1936, a la vista del cariz que tomaban los acontecimientos y ante el previsible peligro de profanación, el párroco de Santo Toribio, Francisco Galiante, y su cuñado Froilán Blanco escondieron el Lignum Crucis, enterrándolo al pie de una higuera. El 30 del mes siguiente, una partida de milicianos asaltaron el monasterio, robaron los vasos sagrados, mutilaron las imágenes, auténticas obras de arte, en muchos casos, y finalmente fusilaron las imágenes de los cuatro inocentes evangelistas que figuraban en la cúpula del camarín. También trataron de abrir la caja fuerte con cargas de dinamita, así como con picos y palas, llevándose finalmente el relicario creyéndolo de oro.

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El 13 de septiembre de 1938, acabada la guerra civil, después de comprobarse por testigos la autenticidad de la reliquia, se trasladó en procesión solemne desde la iglesia parroquial de Potes hasta el Monasterio.

Posteriormente, el Servicio Nacional de Regiones Devastadas se ocupó de la restauración del monasterio. El 11 de agosto de 1953 el monasterio fue declarado Monumento Histórico Artístico.

El 20 de Diciembre de 1955 se levanta acta notarial en la que Froilán Blanco relata detalladamente todo lo relacionado con el ocultamiento de la sagrada reliquia durante la guerra civil, del cual él mismo fue autor.

Miguelreseco


P.S.: En 1808, ante el peligro de que las tropas francesas robaran el relicario y profanaran la cruz, el «Lignum Crucis» fue ocultado en la Cueva Santa hasta que pasó el peligro a mediados de 1811.

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Una respuesta to “LA CRUZ BAJO LA HIGUERA”

  1. Fragatas Blas de Lezo F-103 y Cristobal Colón F-105 Says:

    Muy buen articulo.
    Esta muy bien documentado.

    Le gusta a 2 personas

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