MADRE MARÍA ANTONIA

Todos los días, a primera hora de la mañana, acude a la puerta de su cole para recibir a los que más madrugan. Siempre informa del santo del día, de las efemérides que se conmemoran, de algún evento que se va a celebrar durante el día, etc., y da ánimos para abordar el nuevo día.

Quizás te parezca que no te ha hecho caso, cuando vas a pedirle algo, pero es que estaba ocupada. No obstante, ella te ha oído. Poco a poco, lo va rumiando y si no te vuelve a ver, te buscará cuando haya encontrado la solución que tú necesitabas.

No se concede un minuto para el ocio. Siempre está haciendo algo. Su capacidad de trabajo es solo comparable a la de otras cuatro personas que conozco. Quizás cinco. Eso sí, juntas.

Concede un trato preferente a los más débiles, no en balde es tan cariñosa con los más pequeños del cole, y con los que no lo son, cuando sabe que no se encuentran bien.

Quizás te llame la atención lo austera que resulta en lo material, pero fíjate en cómo viste, es una religiosa.

No es cierto que no se ría nunca, yo la he visto reír. Una vez. Una amiga común, me ha dicho que María Antonia sí que se ríe, solo que sin despilfarrar. Es una mujer seria, no es antipática.

Su compromiso hace enrojecer a la palabra solidaridad.

María Antonia tuvo que abandonar Santa Isabel durante la guerra, como todas las niñas que allí estudiaban. Fueron repartidas en distintas casas, como la de Riofrío. Junto con otras, María Antonia fue llevada al colegio de Elizondo, en Navarra.

De allí salió para estudiar magisterio en León.

Fue Ecónoma del colegio de Málaga durante nueve años. Todavía hay personas en Málaga que la recuerdan con cariño y la felicitan por San Antonio.

Saltó el estrecho para ir a Ruanda, a un colegio de Kibuye. Allí estuvo veintitantos años, los suficientes para “pasar” su segunda guerra.

Ya no nos acordamos, pero si escribes Ruanda en Google o en Yahoo, la segunda llamada dice: Genocidio de Ruanda.

Allí estuvo incomunicada, en tanto duraba la guerra y las masacres, ayudando a los necesitados. Allí perdió a seis de sus hermanas.

Por esos actos de justicia que a veces tiene la vida, en 1994, recibió el premio colectivo Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, como parte de las Misiones Españolas en Ruanda y Burundi porque…

Han conmovido hondamente a la opinión pública, informándola con gran riesgo de la tragedia de Ruanda, a la vez que con su comportamiento mostraron valores de moral humana y solidaridad que son un ejemplo excepcional ante la sociedad actual.

Una heroína de carne y hueso. Una religiosa cien por cien. Pedazo de monja.

Miguel Reseco  

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