ALMANZOR, GLORIOSO HIJO DE CÓRDOBA

[Copia+2+de+Garci-Fernandez+008.JPG]Hace mil años, el islam no tenía la capacidad de imponerse en al-Ándalus, tal y como lo hacía en épocas anteriores, como cuando lo lideraba Abderraman III. Quizás por eso el Diablo creyó oportuno mandar a uno de los suyos.
Almanzor pertenecía a una familia noble, pero de escasos recursos. Sus estudios le permitieron acceder a distintos cargos dentro de la administración califal. La temprana muerte del califa, cuando su hijo era demasiado joven para heredar el poder, representa una partida, en la que el ambicioso Almanzor, decide jugar las cartas de la influencia, con que se ha ido haciendo durante sus años dentro de palacio. Finalmente, la baza que supone el apoyo de la viuda del califa, le da el triunfo que le hará hacerse con el poder hasta el final de sus días.
Al mando de una hueste mercenaria, impuso un estado de fuerza a sus rivales interiores y de sometimiento a los españoles fronterizos, a costa de matarlos, esclavizarlos y expoliarlos en diversas campañas o aceifas, a través de las cuales se enriqueció, aún más. Su ansia de riqueza y poder fue tal que no solo atacó a cristianos sino a aquellos de sus hermanos en la fe, que se interponían a sus ambiciones, como su suegro Galib.
La edición digital del diario de Córdoba, comentó hace tiempo la publicación por parte del Ministerio de Defensa de una biografía de Almanzor. Respecto al personaje, el periodista dijo: “gran general español, hijo glorioso de Córdoba, que tuvo en jaque a sus compatriotas cristianos durante la primera mitad del siglo diez, llevando las armas mahometanas hasta Santiago de Compostela”.
En fin.

Yo le recomendaría a este señor leer algo, aunque sea la biografía que comenta. Por muy tendenciosa que pudiera ser, será muy difícil que ignore que el “hijo glorioso de Córdoba”, asesinó a rivales políticos, secuestró a quien llevó al trono y se convirtió en un dictador. En aquellos sitios donde venció, Almanzor asoló los cultivos e incendió los pueblos, hizo botín y asesinó a quienes no llevó cautivos, y a estos los vendió como esclavos (cristianos). Finalmente, autentificando su carácter de dictadura, muerto el dictador, se fue al traste el régimen.
Se me ocurre otra palabra que unir a la de hijo, mejor que la de glorioso.
El grado de general, que este señor apunta, solo me resulta tan impreciso como sería ponerle ese título a Sitting Bull. Y tan ridículo. Pero español, Almanzor no solo no lo era, sino que además yo diría que se sentía menos español que el periodista que escribe la reseña. Por tanto, no se puede considerar compatriota de los que sí eran españoles, mis tatararararabuelos, y muy posiblemente los del señor plumilla. ¿Quién podría llamar a Rudyard Kipling compatriota de Mahatma Gandhi? Y que conste, que nació en Bombay.

Y finalmente, si vivió entre el 940 y el 1002, a pocos podría tener en jaque durante la primera mitad del siglo diez, en la que como mucho llegaría a los diez añitos.

Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos, pues pasados doce años Almanzor fue muerto en la gran ciudad de Medinaceli, y el demonio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos.

Una última cosa sobre los españoles actuales. Que yo sepa, en España, el “personaje” cuenta con una estatua en Algeciras, un busto en Torrox y otro en Calatañazor.

Estamos pa’encerrar.

José Blas Molina

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