EL ESPÍRITU DE MONTELEÓN

 

Cuando el camino se ha convertido en un lodazal en el que los pies se hunden y las ruedas se atascan, necesitando esfuerzos que reservábamos para épocas lejanas, en las que sabíamos que sentiríamos nuestras fuerzas disminuir. Cuando escrutamos el cielo, a la búsqueda de la fugaz aparición de un Sol esquivo, que caliente nuestros huesos, sin reparar en cuándo fue la última vez que creímos verle. Cuando gran parte de los que eran tus amigos y parientes, te dan la espalda, rivalizando entre sí, por las migajas a las que han reducido, los poderosos advenedizos, los de nuevo cuño, nuestro diario sustento. Cuando aquellos a los que habíamos dado el poder de ordenar nuestras vidas y haciendas, se comportan como si esa administración les hubiera venido dada por una fuerza suprema, y debido a unos sobresalientes méritos. Cuando tales administradores, se arroban la potestad de querer educarte en una moral que ellos no practican. Cuando te penalizan por incumplir normas que ellos no cumplen. Cuando te meten en casa, a través de tu puerta, de tu radio o de tu televisor, o en tu empresa a sus amigos, a sus parientes y a sus vasallos. Cuando en beneficio de estos excluyen a los tuyos de aquellas que a ellos se ha concedido administrar. Cuando te insultan. Cuando se ríen de ti y de los tuyos. Cuando desprecian tu forma de vida. Cuando hacen de tus creencias mofa. Entonces, como dijo Pedro Velarde a Luis Daoíz: es preciso batirse.

 

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