LA RETIRADA TRIUNFAL

A lo largo de este recorrido he seguido los pasos de Don Pelayo, al mando de un heterogéneo contingente de godos, romanos y montaraces, pero unidos con el interés común de poner freno a los invasores procedentes del norte de África y recuperar así la libertad perdida.

 Este recorrido comienza en el lugar en el que los de Pelayo esperaron a las tropas del general Al Qama, el enviado a someter a los insurgentes. Esto ocurrió en la margen derecha del río Sella, allí donde se celebra el Descenso Internacional. Continua por donde llevaron a cabo una prudente retirada, a la vista de las fuerzas enemigas, de dimensiones claramente disuasorias. Termina en Covadonga, donde con la inestimable ayuda de la Santina, consiguieron salir victoriosos.

He dividido el recorrido en tres etapas. La primera de Arriondas a Cangas de Onís (8,3 km en 1h 45 min), de Cangas de Onís a Soto de Cangas, la segunda (4,1 km en 55 min) y de Soto de Cangas a Covadonga la tercera (6,8 km en 1h 40 min). En estos tiempos, no he tenido en cuenta las paradas ocasionales, los tiempos invertidos en hacer fotos, las visitas realizadas en ciertos monumentos, etc.

En total se ha de superar un desnivel de poco más de doscientos metros.

Llegué a Arriondas en tren, a primera hora de la mañana. La situación de la estación me obligaba a cruzar el río Sella, tal y como debió hacer Pelayo con los suyos. Allí comienza un sendero para peatones y ciclistas, que parte desde una gasolinera, que es fácilmente localizable.

Hasta Cangas de Onís el citado camino discurre al lado de la carretera, lo que resulta algo incómodo por el ruido del tráfico. Existe una alternativa que aparece como “senda fluvial” que se puede tomar en el pueblo de Las Rozas, junto a la capilla románica de San Bartolomé. Es muy agradable, discurre por la otra orilla del río, es mucho más tranquilo, no hay riesgo de estorbar a ciclistas y se pierde a los coches de vista, y de oído.

En el pueblo de Villanueva nos encontramos con el edificio del que fue Monasterio de San Pedro. Anteriormente, aquí estuvo el palacio del rey Fruela. Ahora es uno de los edificios del complejo del Parador Nacional de Cangas. Merece la pena detenerse para visitarlo. En la iglesia estuvieron enterrados los reyes Fruela y Alfonso I. A las doce hay misa los domingos, es un buen momento de poder entrar a visitar el templo. La portada está fantásticamente decorada, sobre todo los capiteles, que contienen escenas de tema amoroso y de cacería. Recomiendo, especialmente, los canecillos que rodean los tres ábsides, algo subidos de tono, pero que resultan, cómo decirlo, ingenuamente eróticos..

Al llegar nos hemos cruzado con un centenario tejo. Este árbol tenía connotaciones mágicas en la cultura precristiana, además de constituir una excelente madera para la confección arcos.

El parador ofrece los servicios habituales en estos establecimientos.

Ya en Cangas, el puente aparece al tomar la curva que da entrada a la ciudad, de repente. ¡Una pasada!. Es la continuación sobre el río de la calzada romana que iba desde el Lucus Asturum a Cantabria. Pero lo que se ve ahora es una reconstrucción medieval. Según parece era el primer puente, desde el mar, que permitía cruzar el río Sella. Del arco central cuelga una reproducción de la Cruz de la Victoria, una más de las que veremos en la jornada.
Buen sitio y buen momento para comer.

Poco más allá del puente está la iglesia de la Santa Cruz. Fue mandada construir por el rey Favila, el de “espabila, Favila, que viene el oso”. Lo hizo sobre las ruinas de un templo romano, el cual se había construido sobre un dolmen, ya sabes, por esa estrategia de construir el templo del culto imperante sobre el del culto dominado, como hicieron los musulmanes en Córdoba. El nombre le viene por haber albergado, en su día, la cruz que Pelayo portaba en la Batalla de Covadonga, origen de la Cruz de la Victoria. Lo que hoy se puede visitar es una reconstrucción, ya que se la cargaron durante la guerra civil. Por un euro un guía te deja pasar y te pone un documental. Pero lo mejor, te permite ver el dolmen que subsiste en la cripta, sobre el que se edificó el templo romano.

En la otra orilla está la estatua que más me ha gustado del rey, de las que conozco. Hoy todavía verá otra. Detrás, en la fachada de la iglesia, puedes ver el escudo de la ciudad, una cruz hecha con dos maderos sobre una media luna y esta sobre el citado puente.

Volviendo a cruzar el río se encuentra un camino, entre fincas y bosques, que llega hasta Soto de Cangas. Ahora viene la parte más incómoda, ya que hay que cruzar la carretera, bordear un rotonda y lo peor por una acera comenzar el ascenso hasta Covadonga.

Una vez iniciado el ascenso, encontrarás uno de los lugares que, a pesar de su sobriedad, más me han impresionado. En el lugar conoido como El Campo de Jura o más comunmente, como Repelao (Rey Pelayo), por ser donde dice la tradición que Don Pelayo fue “coronado” rey, se encuentra un obelisco que en 1857 erigieron los duques de Montpensier. También aquí, una réplica de la cruz de la victoria, esta vez coronando el obelisco.

Desde aquí puede verse, por primera vez, la Basílica de Covadonga.

Aquí ya se puede caminar por una acera más amplia.

Un poco más arriba del campo de “El Repelao”, encontrarás una indicación que te permite dejar la acera y acceder a una senda fluvial. Te la recomiendo.

Intermitentemente, a lo largo de lo que queda de camino, entre los árboles y sobre una cumbre, nos acompaña la vista de la Basílica. El espectáculo es magnífico. Y si te coincide que en ese momento las campanas estén llamando a misa, es el no va más.

Y continuas ascendiendo bajo un techado cada vez más cerrado de ramas, hasta que de repente… el cielo se abre y la Santa Cueva aparece.

¡QUÉ MOMENTO!

EMOCIONANTE,

MUY

EMOCIONANTE.

Tras ascender las escaleras que salen del estanque que hay bajo la cueva, llegamos a la Santa Cueva. Allí reina La Santina, desde el altar, y preside Don Pelayo, desde su tumba. También aquí se encuentra la tumba de Alfonso I, yerno del rey y rey a su vez. Si obligado es rendir homenaje a El Rey, no se puede uno ir sin dedicarle un ratito a la Madre.

Hasta la hora de coger el autobús que nos devuelva a Arriondas se puede visitar el lugar, yo recomiendo dos relacionados con el rey Pelayo.

La estatua de bronce que ves en la foto que representa a un hercúleo Don Pelayo, es de 1964, obra del escultor Gerardo Zaragoza. Es el lugar al que más cuesta acercarse en verano, ya que es imposible hacerlo sin interponerse entre la cámara de un turista, y su acompañante, que posa junto al héroe, con el que intenta inmortalizarle, y esto ocurre desde todos los ángulos.

Nuevamente aparece la cruz de la victoria.

En un lateral del altar de la basílica, solo visitable fuera de las horas de misa, se encuentra el cuadro titulado “Proclamación de Don Pelayo” que fue pintado por Luis de Madrazo en 1855.

Y esto es todo.

Me encantaría que esta narración animara a otros a tener esta experiencia, pero en cualquier caso, me conformo con que te haya resultado ameno leerlo.

Si quieres consultarme algo, puedes hacerlo aquí, dejándome un mensaje. O mándame un mensaje (blasdemolina@telefonica.net). Y si no encuentras compañía, házmelo saber también, es muy posible que la repita, y haría lo posible por coincidir. Aunque es posible que te arrepientas de no haber buscado mejor.

Blas de Molina

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