AQUELLO FUE UN SIN PARAR

enero 16, 2020

Aquello fue un sin parar. Desde 1808 hasta 1814, siete años de robar y robar y robar.  Robar cuando no violar o matar. Y si no me lo puedo llevar, lo quemo, y si no arde, lo rompo. Dicen que durante una marcha de las tropas francesas, apretaba el enemigo y el calor, la llanura Manchega quedó regada de orfebrería religiosa.

No quedó rica sepultura sin saquear, ajuar sin expoliar, ni imagen que no fuera profanada.

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Dejó escrito don Gómez Moreno, Manuel, en su libro El Panteón de las Huelgas Reales de Burgos:

“Durante la exploración de los sepulcros del monasterio de las Huelgas de Burgos realizada a mediados del siglo XX, se comprobó que el cadáver de Alfonso VIII de Castilla se hallaba momificado, excepto la cabeza, y hecho pedazos, pues los sepulcros del monasterio fueron profanados por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. Durante dicha exploración se extrajeron del sepulcro del rey diversas prendas de ropa, así como una túnica y una almohada.”

 

LOS OJOS DE PEDRO

enero 9, 2020

Overdrevskroen es una antigua posada que se encuentra en la carretera que une Roskilde y Ringsted, en la isla de Selandia, la más oriental de Dinamarca. Ya existía en 1808, cuando hasta allí viajó una división de soldados españoles. Una sección del Regimiento Asturias estuvo “acomodada” en el granero de la posada hasta que un suceso muy violento, que pudo terminar en tragedia, se dio allí el 12 de agosto de ese 1808.

Tras bombardear los ingleses Copenhague y apoderarse de la armada danesa, la monarquía del rey Federico VI se alió, qué remedio, con la Francia de Napoleón. Poco después, el tirano, en virtud de los tratados suscritos con España, ordenó que una división española acudiera a Dinamarca para una prevista invasión de Suecia. En este plan colaborarían gustosos los daneses, cuya familia real todavía albergaba el sueño de recuperar la antigua Unión de Kalmar, que consistía en la unión de las coronas de Suecia, Dinamarca y Noruega en una sola cabeza. Ingenuos.

La división española que mandaba el Marqués de la Romana, conocida como División del Norte, fue repartida en distintos pueblos de la geografía peninsular e insular danesa.

Mientras esta división hacía turismo por Dinamarca, Napoleón había secuestrado a los reyes de España y a toda la Familia Real, había introducido un poderoso ejército en el territorio español y pretendía coronar a su hermano José, como rey de España.

Para los daneses, los españoles fueron unos visitantes muy singulares; eran bajitos, morenos y católicos, muy ruidosos y juerguistas, eran la salsa de las tabernas, donde no les costaba nada ponerse a cantar acompañándose de una guitarra. Aderezaban las ensaladas con aceite y añadían ajo a todas sus comidas; pero, sobre todo, tenían algo que les distinguía de otros soldados con los que recientemente habían tenido que lidiar los daneses, como los franceses, los ingleses y los holandeses: su amabilidad. También era nueva para los daneses, la costumbre de los españoles de fumar cigarros y cigarrillos. Los daneses también tenían el mal vicio de fumar; pero fumaban el tabaco en sus pipas de barro o de madera.

780 Carl Heinrich Bloch - En Bager-der kjøler sig-1888Annemarie, una de las criadas de la posada Overdrevskroen, nunca había visto nada parecido. Cuando levantó la cabeza pudo descubrir a un soldado español. Estaba apoyado en el portón de la posada y fumaba aspirando el humo a través de un pequeño canutillo hecho con papel blanco. El humo azulado que salía de su boca le envolvía ocultando, de vez en vez, sus finos rasgos y sus ojos del color del caramelo. Resultaba delicado y sensual. Tenía el cuerpo fino, pero musculado, y desde luego, no se parecía en nada a los hombres zafios que estaba acostumbrada a ver.

Annemarie salió de su ensimismamiento y terminó de aclarar la cuba donde había de cocer la cebada, porque ella era la encargada de elaborar la cerveza que servían en la posada. Ahora debía ir a la cocina para comenzar a preparar las gachas con que dar de comer a los militares; pero recordó que Soren, el posadero, le había dicho que de vuelta a la cocina llevara dos cubos de agua.

Cuando Annemarie terminó de llenar los cubos en el pozo y se inclinó a recogerlos, el soldado, que había arrojado el cigarrillo y se había acercado hasta donde ella estaba, la detuvo con un gesto y, sonriendo, le dijo: “Señorita, por favor”. Entonces él se agachó y levantó los cubos del suelo. Annemarie no había entendido lo que le había dicho, pero sabía que era algo amable. Le habló en un tono enérgico pero dulce, nada parecido al dialecto que se hablaba en Selandia. Después de unos instantes de mirarse, Annemarie inició el camino a la cocina hasta donde él la siguió.

Eran precisos muchos cubos de agua para preparar la cerveza, pero Soren le salió al paso y le dijo que no debía molestar al soldado, y añadió que no se necesitaba más agua. Alguien gritó desde fuera: “Pedro”, y él dejó los cubos y se marchó, tras una leve inclinación de la cabeza que hizo que Annemarie se ruborizara.

Lise, la otra chica que trabajaba con ella en la cocina, se sonrió. Ella le contó a Annemarie lo brutales que habían sido los ingleses cuando sitiaron Copenhague. Los españoles no eran así.

A pesar de los esfuerzos del tirano Napoleón, las noticias de lo que pasaba en su patria acabaron llegando a los españoles que estaban en Dinamarca. Esto provocó un estado de crispación que amenazaba con convertirse en motín.

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Lise y Annemarie estaban con Soren en la cocina preparando la comida de los españoles cuando escucharon llegar unos caballos. Se acercaron a mirar por la ventana y vieron a un grupo de españoles había salido al patio y rodeaba a unos dragones daneses. Uno de ellos era Pedro. A través de los cristales se escuchaban las voces amenazantes y los gestos airados.

Más españoles salieron del granero; iban a medio vestir, pero todos armados con sus mosquetes. Los españoles gritaban enfurecidos. Soren se secó las manos en el mandil y, a pesar de los ruegos de Lise, salió de la taberna. Mientras tanto, los gritos continuaban. Asustado, Soren entró de nuevo en la cocina.

Alguien disparó y un dragón cayó del caballo. Había sido herido en un brazo. Ahora, los españoles rodilla en tierra, apuntaban con sus mosquetes a los dragones, listos para disparar. Los dragones daneses también encararon sus armas.

Annemarie estaba pálida, pensó que todos morirían. Solo dijo una palabra, apenas imperceptible para Lise, que observaba a su lado lo que sucedía en el patio: ¡Pedro!

Era una cálida tarde de agosto, mas de repente el cielo se oscureció y, al resplandor de un rayo, un fuerte trueno siguió. Los animales se asustaron. Tal pareciera que, enfurecido, Dios hubiera golpeado sobre su mesa. Más tarde, como si el cielo se hubiera abierto, comenzó a caer una lluvia furiosa. Los mosquetes se mojaron, la pólvora no ardería.

El oficial danés se dirigió a sus hombres y todos los dragones abandonaron el patio en dirección a Ringsted. Todos menos uno, el jinete herido que, abandonado por sus compañeros, permanecía sentado en el suelo sangrando junto a su caballo.

Pedro y otro soldado se acercaron al dragón y le ayudaron a incorporarse. El dragón no se resistió. Los españoles le ayudaron a llegar hasta la posada. Las muchachas les acompañaron hasta la cocina. Allí Lise se hizo cargo, ella sabía lo que tenía que hacer. Limpió la herida y comprobó que la bala no había tocado el hueso. Cuando tuvo vendado el brazo, el dragón ya había recuperado toda su presencia de ánimo y, viendo que podía valerse por sí mismo y que nadie se lo impedía, salió de la taberna y fue hasta su caballo. Había dejado de llover. Dos españoles le ayudaron a montar y se marchó.

Soren mandó que las muchachas fueran a sus casas. “Es mejor que cuanto antes os vayáis. Y que mañana no vengáis. Esperad a que todo esto pase. No conviene que estéis aquí. Los dragones regresarán y esta vez serán muchos más”. Las chicas recogieron sus cosas y se fueron. Antes de atravesar el portón, Annemarie volvió la cabeza. El patio estaba vacío.

Al llegar a sus casas, Lise y Annemarie contaron lo que había pasado en la posada. Allí les explicaron que los españoles se habían negado a jurar fidelidad al nuevo rey, el hermano de Napoleón; pero que, al sentirse forzados, se amotinaron y mataron a un oficial francés y habían malherido a otro. El general francés había tenido que huir a Copenhague, para evitar ser objeto de la ira de los españoles.

Al amanecer, los dragones daneses volvieron a la posada. Eran muchos más. Ahora los españoles se rindieron sin hacer más disparos. Entregaron sus armas, fueron apresados y llevados a Roskilde.

Las muchachas supieron de la captura de los españoles, y al atardecer volvieron a la posada. No se dijeron nada. Lise se ocupó de la cocina y de la casa. Annemarie se dirigió al granero, había que maltear la cebada que seguía allí amontonada. Mientras se encontraba llenando el carretillo un golpe llamó su atención. Cuando levantó la cabeza, lo que vio la sobrecogió.

Aquellos ojos marrones se perpetuaron en su familia durante muchas generaciones, porque Pedro y Annemarie tuvieron muchos hijos.

Miguel Reseco

 


Los hombres del Regimiento de Asturias, al que pertenecía este soldado llamado Pedro García López, como el de Guadalajara, se negaron a jurar fidelidad a José Bonaparte. En el motín que surgió atacaron a los hombres de general francés Fririon, que tuvo que huir, a uña de caballo, a Copenhague para pedir ayuda al rey Federico VI. Los daneses, en mayoría, apresaron a los españoles, que tras sufrir cautiverio, tuvieron que viajar a Rusia, a luchar con Napoleón.

 

FUNDIENDO EL RECUERDO DE NUESTROS HÉROES

enero 7, 2020

Blog oficial del Ejército de Tierra

Lava. Fuego y bronce, se desliza sobre la superficie. Todos los ojos están puestos en ese bloque de arena con cuatro aberturas por donde se colará la lava ardiendo. Mañana se habrá enfriado y comenzará a moldear los retazos de una historia. La de nuestros héroes. La de los últimos de Filipinas, los héroes de Baler.

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El cubo de grafito se mueve lentamente en el taller, mientras sale del crisol. Está a 1.400 grados de temperatura. Arde. Poco a poco los operarios lo ladean para que el bronce fundido penetre en el bloque de arena, por cada uno de esos cuatro agujeros. Despacio, se va sumergiendo entre las formas del molde que contiene el cuerpo y la cabeza del teniente Martín Cerezo, uno de los 33 supervivientes de la gesta de Baler. En unas horas, el metal podrá soldarse junto con las demás piezas (como las piernas o los brazos)…

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LÓGICAMENTE AFRANCESADOS

diciembre 23, 2019

“No temáis que nuestras tareas filantrópicas sean ya interrumpidas o perturbadas por el genio maléfico que tantos y tan graves daños ha causado a nuestra amada patria. Nuestro pensamiento es libre, como nuestras personas y propiedades. El brazo invencible del gran Napoleón derrotó el monstruo odioso, el abominables tribunal que con eterno oprobio de la razón humana ha violado impunemente por tantos siglos el derecho más sagrado del hombre, Gloria inmortal al gran Napoleón, vengador de los ultrajes hecho a la España por una canalla detestable que había establecido su tiránico imperio sobre el entendimiento del hombre. Gloria inmortal al Emperador filosófico que ha querido darnos un Rey ilustrado, bajo cuyos auspicios volverán los españoles a ser hombres, y destruidos los monumentos funestos de la superstición, se levantarán sobre sus ruinas los verdaderos templos de la razón, las glorias de los Francmasones.”

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Colección de Piezas de Arquitectura trabajadas en el taller de Santa Julia, al Oriente de Madrid, 1812, páginas 55-56. Citado por José A. Ferrer Benimeli en El Clero Afrancesado, Université de Provence, 1986.

UNO DE CADA CINCO

diciembre 21, 2019

Se llamó quinto al agraciado con la realización del servicio militar. Esta era la forma más común de entrar en el ejército español, cuando el servicio era obligatorio. El proceso consistía en elegir a uno de cada cinco mozos nacidos el mismo año, al llegar a la edad militar. La elección se hacía a través de un sorteo Se les tallaba, se les pesaba, y se les sometía a un examen médico, que era más bien ocular, para determinar si eran aptos para el servicio.

Admitido como una obligación, era tomado como un rito iniciático que convertía al muchacho en adulto. Los afortunados remplazaban, de ahí el término reemplazo, a los que ya habían cumplido su servicio.

En el siglo XV, el rey Juan II Castilla, estableció el sorteo de los quintos, estimando que era esta la proporción adecuada para no dejar los pueblos deshabitados de varones, ni las tareas del campo desatendidas. En 1705, tras la llegada en de los Borbones, Felipe V dictó una ordenanza que regulaba este tipo de reclutamiento. Las posteriores Ordenanzas de Carlos III, excluían del sorteo a los que fueran gitanos o mulatos, a los verdugos y a los carniceros.

Ya se van los quintos, madre,

ya se va mi corazón,

ya se va el que tiraba

chinitas a mi balcón.

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EL MEJOR ALCALDE DE MADRID

diciembre 18, 2019

Era don Joaquín Vizcaíno otro enemigo de Fernando VII, “El Indeseable”. Posiblemente un liberal. Llamarle ilustrado quizás sea un adjetivo más naif, menos “político”. En cualquier caso, mal se conoce a alguien etiquetándolo.

pontejos.jpgFue conocido como el Marqués Viudo de Pontejos, aunque el nombre de Pontejos nos evoca, a todos ahora, esa placita donde se vende pasamanería. El título le vino porque con la IV marquesa de Casa Pontejos, doña Mariana de Pontejos y Sandoval, se había casado. Noble, rica y 18 años mayor que él. El veredicto parece claro. Aunque lleno de incertidumbre, la marquesa anteriormente había enterrado a dos maridos.

Pero él no era un cualquiera. Hasta tal punto certificó su hidalguía que se le permitió el ingreso en la orden de caballería de Santiago. Y como tantos hidalgos con ganas de arrimarse a la corte ingresó en los Guardia de Corps.

Luchó en nuestra Guerra de Independencia alcanzando el empleo de capitán de Dragones. Tras el pronunciamiento de Riego se alistó en la Milicia Nacional de Caballería. El final del Trienio Liberal trajo la restauración del absolutismo, y don Joaquín tuvo que exiliarse, hasta la muerte de Fernando VII. Mientras duró su exilio vivió en París y en Londres. Un tiempo que aprovechó para estudiar cómo enfrentaban los problemas las grandes ciudades, y cómo atendían a los más necesitados.

En 1834 regresó el matrimonio a España. Entonces falleció doña Mariana. Desde que perdió a su mujer, don Joaquín quiso que en todos los documentos apareciera su nueva condición junto al título, así ha pasado a la historia como Marqués Viudo de Pontejos. Un detalle de humildad en una sociedad tan engreída, y de cariño a su mujer.

800px-Goya_-_The_Marquesa_de_PontejosAccedió a la alcaldía de Madrid. Llevó a cabo importantes obras de saneamiento, del suministro de agua y del alumbrado. Mejoró el adoquinado y elevó las aceras. Hizo que se plantaran numerosos árboles. Gestionó la instalación de baños públicos. Reglamentó los mataderos y mercados, reduciendo su hasta entonces falta de salubridad. Creó un servicio municipal de recogida de basuras.

Estableció que se numeraran las fincas de cada calle, en lugar de cada manzana por separado, tal y como todavía hoy puede verse en las fachadas de algunas casas antiguas. La numeración comenzaba por el extremo de la calle más próximo a la Puerta del Sol (los pares a la derecha y los impares a la izquierda), y ordenó que se pusiera el nombre de la calle en sus extremos.

En 1838 abandonó la política, ahora lo llamamos legislatura, y emprendió la creación de la Caja de Ahorros. Fusionó la Caja con el Monte de Piedad fundado Padre Piquer. La entidad abrió sus oficinas al público el 17 de febrero de 1839, y el marqués fue su primer director.

“el atender a la humanidad doliente, no dejándola en abandono, y procurar por todos los medios, su cuidado y asistencia, reclama el conato y el celo del gobierno”.

Aportando fondos de su propia fortuna, fundó la Escuela de Párvulos y Asilo de San Bernardino, dedicadas a los más pobres. ¡Vamos un político muy moderno! También fue cofundador del Ateneo de Madrid.

En 1840 falleció, pocos días después de haber cumplido los cincuenta años de edad. Una vida entregada a aprender cómo ayudar a los demás.

LOS MATARON EN LA PLAYA

diciembre 11, 2019

López Pinto…si la suerte coronará nuestros esfuerzos tendremos la dicha de haber contribuido con cuantos sacrificios han estado a nuestro alcance al triunfo de la libertad, y si la fatalidad quisiera lo contrario, moriremos con honra y la posteridad nos hará justicia”.

Este es un extracto de una carta escrita por Juan López Pinto, coronel de Artillería (1788-1831), dos meses antes de ser asesinado.

Él y otros 47 compañeros procedentes de Gibraltar desembarcaron, acompañando al general Torrijos, en las playas de Málaga. Su objetivo era encabezar un pronunciamiento en contra del régimen absolutista de Fernando VII. Torrijos fue traicionado por su compañero de armas y amigo, el general Vicente González Moreno, en ese momento gobernador de Málaga, que se hizo pasar por partidario de la causa; de modo que dos días después de desembarcar en la playa del Charcón, próxima a Mijas y, tras un pequeño combate entablado con los Voluntarios Realistas de Coín, hubieron de rendirse y fueron apresados. Unos días después, sin juicio previo, fueron fusilados sumariamente en dos grupos “por el delito de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de Su Majestad“.

Gómez_Moreno_-_MaguésLa sentencia se hizo pública en Málaga el sábado 10 de diciembre, y todo se preparó para llevar a cabo la ejecución a las once y media de la mañana del día siguiente; motivo por el cual el obispo José Bonell y Orbe tuvo que conceder un permiso especial para que pudiera hacerse por ser el domingo el día del Señor.

El lugar de ejecución es conocido como el Bulto, sito en las playas de San Andrés de Málaga. La escena fue representada por el pintor Gisbert, en un fantástico cuadro de grandes dimensiones, que puede disfrutarse en el Museo del Prado.

El hombre al que el franciscano venda los ojos es Francisco Fernández Golfín, coronel de Infantería y ministro interino de la Guerra en Cádiz en 1823; a su lado está el general Torrijos, adelantado del resto pero unido a todos. Luego están Manuel Flores Calderón, presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal, Juan López Pinto, teniente coronel de Artillería, Robert Boyd, irlandés, benefactor y amigo de Torrijos y otro militar, Francisco de Borja Pardio.

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Al fondo puede verse la sierra de Mijas y más a la derecha, sobre el pelotón, el convento de los Carmelitas Descalzos de San Andrés, lugar donde fueron confinados la noche anterior.

Este cuadro fue encargado al pintor Antonio Gisbert Pérez por el gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta en 1886, para exhibirlo en el Museo del Prado como alegato contra el absolutismo y como ejemplo de la defensa de las libertades.

Antonio Machado escribió en 1938: “Recordad el cuadro de Gisbert: la noble fraternidad ante la muerte de aquellos tres hombres cogidos de la mano”.

Despido esta entrada con un fragmento de la carta que, la madrugada anterior a su muerte, escribió Robert Boyd.

“Antes de que recibas esta carta estaré convirtiéndome en polvo en la tumba de una tierra extranjera. Los preparativos de la muerte siguen rápidos ante mí y me encuentro aquí sentado entre mis compañeros sufrientes, en el refectorio, en donde escribo, con los heraldos de muerte, vestidos con librea sepulcral, revoloteando a mi alrededor, agonizando, como dicen los españoles, a los pobres desdichados en su confesión. He recibido fuertes ataques para que me retracte y si tal noticia llegara al extranjero, tú sabrás qué crédito darle”.

El general Torrijos fue un militar español que lucho en la Guerra de Independencia. Tras el regreso de Fernando VII, se derogó la Constitución de 1812. Siendo Torrijos contrario a la restauración del absolutismo, colaboró con Juan Van Halen en el pronunciamiento de 1817, con el fin de restablecer la constitución. Detenido y encarcelado, pasó dos años en prisión. El triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820, le trajo la libertad. Cuando los Cien Mil Hijos de San Luis invadieron España para restablecer el absolutismo, volvió a combatir contra los franceses. El triunfo de estos puso fin al trienio liberal, y Torrijos tuvo que exiliarse en Inglaterra. Durante su exilio preparó un nuevo pronunciamiento que él mismo encabezó. Desembarcó en la costa de Málaga, el 2 de diciembre de 1831, sesenta hombres le acompañaban, pero cayeron en la trampa que le habían tendido las autoridades absolutistas y fueron detenidos. Nueve días después, el 11 de diciembre, Torrijos y 48 de sus compañeros supervivientes fueron fusilados sin juicio previo en la playa de San Andrés de Málaga.

Post Scriptum: Quien a hierro… Enemigo del general Rafael Maroto, González Moreno  (conocido como el Verdugo de Málaga) fue uno de los principales oponentes al Convenio de Vergara. Después de la firma de dicho convenio, González Moreno huyó a Francia; pero en el camino fue víctima del asalto de unos soldados carlistas y fue asesinado en Urdax el 6 de septiembre de 1839.

Miguel Reseco

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Puedes ampliar la imagen pulsando sobre la foto, entrarás en la web del Museo del Prado donde se expone. Pero si puedes acercarte al museo para admirarlo, no dejes de hacerlo.

THOMAS JEFFERSON SOBRE NAPOLEÓN

noviembre 26, 2019

1607113_578421828901524_1859187791_n[un] miserable que (…) provocó más dolor y sufrimiento en el mundo que cualquier otro ser que hubiera vivido anteriormente. Después de destruir las libertades de su patria, ha agotado todos sus recursos, físicos y morales, para regodearse en su maniática ambición, su espíritu tiránico y arrollador (…) ¿Qué sufrimientos pueden expiar (…) las desdichas que ya ha afligido a su propia generación, y a las venideras, a las cuales ya ha agobiado con las cadenas del despotismo? (…) El Atila de nuestro tiempo (…) ha causado la muerte de cinco o diez millones de seres humanos, la devastación de otros países, la despoblación del mío, el agotamiento de todos sus recursos, la destrucción de sus libertades (…) Ha hecho todo esto para hacer más ilustres las atrocidades perpetradas, para engalanarse a sí mismo y a su familia con diademas y cetros robados.

Jefferson, The life, p. 656, Carta a Albert Gallatin (16 de oct de 1815); p. 683, carta a George Ticknor (25 de nov de 1817); p. 684, carta al conde Dugnani, ex nuncio papal en Francia (14 de febrero de 1818).

CAMPOS DE ESPANTO Y DESOLACIÓN

noviembre 24, 2019

Al ponerse el sol de este fatal día la batalla estaba ganada por los franceses; los rusos, con un orden admirable, daban la retirada. El silencio había reemplazado el horroroso estruendo de tanta multitud de artillería. Solamente se oían los miserables lamentos de tantos miles de hombres a quienes los golpes mortales recibidos habían dejado una débil vida para que sintiesen todo el horror de una muerte lenta. Vino la noche para que fuese más triste aquella situación; hizo bastante frío, lo que obligó a hacer fuego; en pocas horas estaban rodeados de heridos rusos y franceses, los cuales les iban arrastrando a mitigar el dolor de sus heridas con el calor del fuego.

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¡Qué triste espectáculo, y más al considerar que tantos miles de hombres debían el día siguiente ser abandonados sobre aquel campo de desolación y espanto en recompensa de su valor y de la victoria obtenida por unos y por la brillante y valerosa defensa de los otros! Esta es la recompensa paga que el infame tirano da a sus guerreros.

Roberto de Llanza, tras la batalla de Mojaisk

Resumen de la 1ª serie de Episodios Nacionales: La guerra de la Independencia

noviembre 23, 2019

Una muy útil aportación para introducir a quienes no se hayan atrevido todavía a enfrentarse a esta obra

Marea Literaria

La primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós está constituida por diez tomos que comienzan con la batalla de Trafalgar, en 1805, y terminan con la batalla de los Arapiles, en 1812, abarcando todo el periodo de la Guerra de la Independencia Española.

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