EN SU MISMA LENGUA

septiembre 13, 2016

                Desde muy temprano mis hermanas y yo andábamos alarmadas por el bullicio que se sentía fuera del convento. Incluso la priora no dejaba de recorrer todas las estancias sin separarse de la subpriora, insistiendo en que abandonáramos los cuchicheos y pusiéramos mayor celo en nuestras obligaciones, pero sin abandonar por ello su semblante preocupado.

                Desde que el Príncipe de la Paz ordenó que el palacio de Monteleón fuera destinado a parque de artillería, el barrio se había vuelto más ruidoso. Pero lo de esta mañana no se parecía a lo que estábamos acostumbradas a escuchar. Y no podía evitar que el tumulto me trajera el recuerdo de la persecución que sufrimos todos los religiosos en mi país tras la Revolución. Esa persecución me trajo a España buscando refugio, huyendo de la prisión, la tortura y la muerte, que allí me esperaba. Al fin, para una religiosa no hay más patria que Nuestro Señor.

barrio37                Pero esta mañana tuve miedo. El Emperador había conseguido derrotar a los ejércitos de los reinos más poderosos de Europa. ¿Sería este el momento de España? me temía. Y acerté.

                Tres cañonazos que sonaron casi al unísono hicieron caer las velas que alumbraban al Santísimo. Poco después llegaron los disparos de mosquete y, en seguida, la calle comenzó a llenarse de muertos y heridos franceses.

                La madre abadesa ordenó que abrieran las puertas y que introdujeran a los heridos. Pronto hubo que baldear el suelo para no resbalar.

                Él era un niño. El vendaje que le hice cubriéndole la frente consiguió que dejara de sangrar; pero entonces descubrí otra mancha de sangre que atravesaba su uniforme a la altura del pecho. Le abrí la casaca y coloqué mi mano taponando la herida, gritando para pedir ayuda. Sentía su corazón latir como si lo estuviera apretando entre mis dedos.

four-nuns-001                El soldado se retorció como si una punzada le atravesara. Y abrió los ojos.

                – Pardonnez-moi , je ne voulais pas faire du mal.

                Musité en un hilo de voz. Me miró fijamente, pero no me trasmitió dolor, ni miedo, solo desamparo.

                – Ma mère!

                Me dijo. Yo pasé mi mano libre bajo la cabeza del herido abrazándole, y una lágrima brotó de cada uno de mis ojos.

                – Ma mère! Pourquoi pleures-tu?

                Dijo, y luego cerró los ojos para no abrirlos más.

© Miguel Reseco

© Ronda por el Madrid del Dos de Mayo


Esa mañana, el ruido del combate en el vecino Parque de Monteleón sembró de terror a las monjas del Convento de Maravillas. Las religiosas mayores se resignaban a lo que pudiera depararles el destino, las más jóvenes quisieron huir. El padre Rojo, que se había acercado al convento para dar la comunión a las monjas, quiso ayudar a las que querían escapar abriendo la cancela; pero al ver la matanza que había causado la última andanada entre los soldados imperiales que por la calle avanzaban, no quisieron salir. El padre Rojo, ajeno a los disparos, comenzó a poner al resguardo de los muros del convento a los soldados heridos, ayudándoles a entrar. Las hermanas vendaban a los heridos y les daban de beber.

Sor Pelagia Revut era una monja que había venido a España huyendo de la persecución que en Francia se dio tras la Revolución. Atendió a los soldados consolándoles en su idioma. En el otro lado del convento, asomada a una reja que daba frente al Parque, la hermana Eduarda de San Buenaventura animaba a los soldados españoles, y les arrojaba escapularios y estampas.

EL ZAPATERO PATRIOTA

septiembre 8, 2016

                – Se abre expediente de la causa a favor de los familiares de Pedro Segundo Iglesias y López, fallecido en el motín del glorioso Dos de Mayo de 1808. ¿Se llama usted Francisca Antonia López?

                – Sí, señoría.

                – ¿De ochenta y un años de edad?

                – Así es, señoría.

                – ¿Vecina de Madrid?

                – Sí, señoría

                – Madre del que fue Pedro Segundo Iglesias y López, de treinta años de edad, natural de Madrid. Oficial de zapatero de profesión. Que salió de su casa en la mañana del 2 de mayo de 1808 armado de un sable, con el propósito de, según sus propias palabras, defender la Patria y matar franceses.

                – Ese fue mi hijo, Señoría.

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                – Y que después de que se publicaron las paces, volvió a ser visto sano y salvo por la calle del Olivar, preguntando por su madre, usted misma. Que aseguraba que había matado a un francés. Que le aconsejaron que fuese prudente y se escondiera. Y que por no hacer caso dio lugar a que le cogieran preso, siendo uno de los fusilados, esa tarde en el Prado.

                – Eso fue lo que me contaron aquellos que le vieron.

                – ¿Tiene usted algo que añadir?

                – Sí, que siempre fue un buen hijo. Que jamás quiso casarse por atender a mi cuidado y sustento. ¡Ay!, pero ese terrible día de mayo, olvidando esta promesa que tanto decía de su buen corazón, acudió a ayudar a la defensa de la Patria, que pa’el también era madre suya, y me lo mataron, como mataron a tantos otros.

©Vidas Sacrificadas

©Miguel Reseco

 

La casa de “Tócame Roque”

agosto 21, 2016

“El 2 de mayo de 1808 , los vecinos de la casa de Tócame Roque, todos a una, olvidándose de sus constantes trifulcas, se unieron para hacer frente a los franceses”

DE REBUS MATRITENSIS - EPISODIO II

Casa de tócame Roque: Aquella en que vive mucha gente y hay mala dirección y el consiguiente desorden. (Real Academia Española – RAE)

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Estoy seguro de que muchos de nosotros, por no decir todos, hemos escuchado en más de una ocasión la frase “esto parece la casa de Tócame Roque”, para referirse a algún lugar caótico en el que reinan el más absoluto desorden y la confusión. Pero lo que seguramente es menos conocido, es que esta castiza expresión madrileña, nació de un hecho concreto y cierto: la casa de Tócame Roque existió realmente. En Madrid, en pleno barrio de Chueca, estuvo en pie al menos desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, siendo  bien conocida por todos los madrileños por sus continuos alborotos, riñas y trifulcas.

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La casa de marras se encontraba en la esquina de la calle Barquillo con la de Belén, lugar en el que una de las placas amarillas del Ayuntamiento…

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ELOY, QUE SIGNIFICA ELEGIDO

julio 18, 2016

          Hace frío. Varias veces he tenido la intención de ponerme algo más de ropa, porque temo que quien pueda verme tiritar tome mi temblor por miedo. Pero después he rechazado la idea de abrigarme ya que, cuando todo empiece, dejaré de tener frio y toda la ropa de más solo me estorbará. Pero ¡joder, qué frio hace!

          ¡Qué vida más perra! ¿Quién imaginaría que un expósito como yo, pudiera acabar muriendo tan lejos de España, en Cuba, y como un héroe?

          Ya nadie me llamaba así, pero nunca dejaría de serlo.

eloygonzalo2          En el ejército todos me conocían por mi nombre: Eloy Gonzalo; pero siempre me tropezaba con alguien que me recordaba lo de expósito o lo de inclusero. Así es como me llamaban los niños de los pueblos en los que pasé mi infancia, arrastrado por aquel matrimonio que por una miseria tuvo a bien acogerme. No eran malos, pero tampoco eran buenos. Y los niños, menos.

          Pronto la luna se ocultará tras esa nube enorme que asoma tras los cerros, dejando a oscuras los tiroteados restos del pueblo de Cascorro, ese será el momento de emprender la carrera.

          Mientras tanto he de aprovechar para memorizar el camino que casi a ciegas debo seguir. Y repasar mi equipo. Sujeto a la espalda, para que no me moleste, llevo mi bayoneta reglamentaria, afilada como para afeitar a toda la compañía. Del hombro cuelga la cuerda, uno de cuyos extremos iré soltando según avance; el otro lo he atado firmemente a mi cintura. El chisquero, en el bolsillo. Un palo, que con un jirón de la camisa convertiré en tea para dar fuego al reguero de petróleo que servirá de mecha.

cascorro1          Cuando me den la señal, colocaré bajo el brazo la lata de petróleo que ahora descansa a mis pies. Quisiera llevar también conmigo mi Mauser, pero me resultaría muy embarazoso para lo que he de hacer. Cuando todo comience a arder, la luz del fuego me convertirá en un blanco fácil. Solo podré confiar en mis piernas, en la mala puntería de los mambises, y en la buena de mis compañeros.

          – Llévate esto -me dice el sargento, ofreciéndome un revolver, como si hubiera adivinado lo que estaba pensando -. Ya me lo devolverás cuando vuelvas.

          – ¿Y si no vuelvo? -objeté.

          – Tampoco se perderá mucho -dijo guiñándome un ojo.

          ¡Cómo pude ir a fijarme en semejante mujer! Aún más, ¿cómo pude llegar enamorarme de ella? Solicité la licencia de matrimonio y me la concedieron. A punto estuve de casarme con ella, pero no lo hice. A punto estuve de matar a aquel teniente, pero ella no se lo merecía. Ella. Lo que ella sí consiguió fue que acabaran mandándome a Cuba: o eso, o doce años de prisión militar por insubordinación y amenazas.

          La idea del capitán podría no resultar, pero había que hacer algo. Nos estaban matando como a chinches y a tal velocidad que, cuando llegara la ayuda esperada muy bien podrían no encontrarnos a ninguno vivo.

          – ¿A cuánto estamos hoy? -pregunté.

          – No sé. ¿Qué más da un día un otro? –me contestó el sargento.

          – Sí que da, mi sargento –le repliqué-. Si no acaba siendo la fecha de mi necrológica, a partir de ahora será mi número de la suerte.

          – A nueve –dijo el capitán-. Nueve de octubre -añadió.

          ¿Quién mejor que yo? Yo no tenía a nadie. Nadie lloraría mi pérdida porque no había nadie que fuera a perderme. Así lo dije cuando solicitaron voluntarios.

          – Sólo pido –dije-, que si no vuelvo tiren de esta cuerda. No quiero que esos mal nacidos se diviertan jugando a dar patadas a mi cabeza antes de clavarla en una estaca.

bill          El tiempo pasaba lento. Sentía como si cada par de ojos que a esa hora pudieran permanecer abiertos estuvieran fijos en mí, los de los míos y los del enemigo.

          – ¡Toma, fúmate uno! -le dijo el capitán ofreciéndome un veguero-. Y ten cuidado, no se te apague, antes de pegar fuego al bohío.

          – Con todo el respeto, mi capitán, si voy con el cigarro encendido, alguno de esos encontrará entretenimiento en hacer puntería en la brasa –lo rechacé adelantando una mano-. Encenderé la tea que llevo, con mi chisquero.

          – Tienes mucha razón, muchacho –contestó el capitán-. Tómalo de todas formas, te lo fumas cuando vuelvas.

          – Tendré entonces que volver para que no vuelvan a acusarme de insubordinación –dije guardándomelo en el bolsillo de la camisa. Nadie contestó.

          La oscuridad se hizo total, el capitán buscó la luna en el cielo y no la encontró, entonces le hizo al sargento una señal con la cabeza y dijo: ¡Ya! El sargento me puso la mano en el hombro, y susurró: ¡Venga! Le entregué al sargento el otro extremo de la cuerda, desenrosqué unos metros que dejé caer al suelo, me santigüé, afiancé la lata al costado y salté el parapeto. Una vez arriba, empecé a correr y pronto me envolví en la oscuridad.


 

Eloy consiguió llegar hasta las posiciones de los rebeldes sin problemas, volar el bohío desde el que causaban tan graves daños a su guarnición y regresar ileso a su posición. Así que tuvo ocasión de sentarse en el borde de la trinchera a fumarse un habano, mientras veía las llamas del incendio que había provocado.

La llegada de una columna española pocos días después permitió que la posición fuera liberada. Pocos meses después, una enfermedad acabó con la vida de Eloy, impidiéndole disfrutar del reconocimiento popular y de las recompensas por su heroica acción.

©Miguel Reseco

©SOLO PERSONAS

LA MEMORIA DE LOS PECES

julio 11, 2016

“Esta canción tiene su historia. Nosotros estábamos en la furgoneta el día que secuestraron a Miguel Ángel Blanco, tocábamos el día siguiente en Santurce, y no dejamos de oír la radio para enterarnos de todo lo que pasaba. Recuerdo ese concierto, aparte de lo dicho, porque la gente acudió a él con las manos todavía manchadas de blanco y, en mitad de dicho concierto empezaron los gritos de basta ya, ETA escucha aquí está mi nuca, etcétera, etcétera, etcétera.  Siempre he dicho que soy de lágrima fácil y en esa ocasión me tuve que dar la vuelta para que no me vieran llorar. En ese momento miré al cielo y le dediqué una canción. De vuelta al hotel me metí en la habitación, y cuando Alfonso (Leal) vino a despertarme se sorprendió y dijo: ‘¡Cómo, hoy no hay que sacarte de la cama, ni gritarte, ni nada…!’  La verdad es que no es que me hubiera levantado antes de tiempo, es que no me había acostado. Estuve toda la noche componiendo Una lluvia violenta y salvaje.

Carlos Goñi

Tener noticia del asesinato de Miguel Ángel, como a tantos, me hizo llorar. Cuando mucho después descubrir tu canción, consiguió que volviera a llorar. Sé que a muchos más emocionó, sin embargo, a día de hoy creo que la mayoría sufre de memoria de pez.

Gracias Carlos.

José Blas Molina

ODA AL DOS DE MAYO

julio 7, 2016
Oda al Dos de Mayo

Litografía de Perez y Donon

 

“Mas ay! que ella lidiaba

Y sangre á rios sin cesar vertia

Y mientras fiera á un déspota vencia,

El trono de otro déspota elevaba!!

F. Perez

Extraído del libro: Guerra de la Independencia, de Miguel Agustin Príncipe

CIEN COMBATES, CIEN LAURELES

julio 6, 2016

“Jóvenes, ancianos, mugeres, todos toman parte en la lucha. El que carece de mosquete ó trabuco, empuña su escopeta de caza; los que no tienen armas de fuego echan mano del enmoecido espadín, ponen á la punta de un palo el hierro primero que se encuentran, salen con un simple bastón, ó se precipitan en las filas enemigas sin otro instrumento de muerte que su propio arrojo. La plaza Mayor, la calle de ese mismo nombre, las de Montera, Carretas y Alcalá, borbollan de gente y de ira. No se oye otra cosa que gritos mezclados al sordo batir de los tambores y al sonido del clarín y la trompeta que llaman las tropas á sus puntos.

 Defensa en casas y edificios

Sorprendidos aisladamente los franceses que acuden a sus puestos, son esterminados en las calles, ó compran su vida al vergonzoso precio de rendir las armas. Los oficiales de estado mayor y los edecanes que recorren la poblacion llevando órdenes, son volcados del caballo, acometiéndoles el paisanage con piedras, y acercándose audaz á veces á derribarlos á puñaladas. Revolver una esquina es caer para no levantarse ya más. Quedarse algún cobarde ó remiso en la casa que le sirve de alojamiento, equivale tal vez á morir a manos del huésped ó de la indignada patrona.

 Lucha del 2 de mayo en la Puerta del Sol

Los gritos que suben al cielo se cruzan con los tiestos, ladrillos y piedras, y hasta con el agua hirviendo que las mugeres arrojan desde las ventanas sobre el aborrecido estrangero. Vése aquí al manolo montado sobre el caballo del dragón francés que acaba de derribar; vénse allá hasta los niños tomar parte en la lucha á que los incita el ejemplo, no ya de sus padres, que es poco, sino el de sus madres también. No son ya franceses aislados los que rinden la vida ó las armas á las manos del pueblo. Masas enteras de caballería se estrellan en la multitud, y sucumben ó retroceden. Cien combates trabados á la vez dan á la vez cien laureles á los inexorables madrileños. El encono y el odio pasan los límites de la generosidad y del denuedo, y los cadáveres del enemigo no tienen un escudo en la muerte para no ser acometidos de nuevo, ó arrastrados tal vez por las calles.

 Sin título

Con estas espantosas escenas contrasta noblemente en otros puntos la clemencia del vencedor, que mirando á un francés desarmado, ó implorando rendido merced, le tiende la mano y le salva. Una parte del ejército imperial es sin embargo escepción a esta regla. Los mamelucos de Napoleón, siervos reconocidos de un agresor injusto y sectarios justamente de las leyes del Alcorán, escitan con particularidad el furor y la rabia madrileñas. No hay para ellos clemencia ni generosidad. El golpe que los hiere ó los mata vale por dos: ese golpe, como dice Foy, hace desaparecer de la tierra al francés y al musulmán juntos en uno: el que mata a un mameluco cumple, ó cree cumplir á la vez los deberes que impone el patriotismo y los deberes de la religión. El aliento que animó á los abuelos, anima a los nietos aun. Los tiempos de Pelayo y del Cid van de nuevo a brillar en la escena.”

Miguel Agustín Príncipe. De su libro: Guerra de la Independencia

CARTA DE UN CHISPERO DE MADRID A DON NAPOLEON MURIO YA LA MADRE QUE LAS PARIA

julio 5, 2016

(Carta que un chispero de Madrid escribía á Napoleon Bonaparte en 13 de junio de 1808, refiriéndole las aventuras de sus tropas en aquella corte. Firma: El Tío Ventosa, Manuel Santiago de Quintana)

Señor fanfarron, señor matasiete, señor perdonavidas, señor baladron, señor espadachín, seo guapo seo Bonaparte ó calabaza que es lo mismo: ya que no tuvo usted espirítu para venir à presenciar la tremenda marimorena que tuvimos en esta corte el dia dos de mayo con la zarrapastrosa y miserable gavilla de rateros rapiñadores que defienden à usted, y ya que gracias à Dios pude yo librar mi pellejo, le contaré á usted (aunque le parezca que no viene al caso) algunas de las cosillas que el engolletado, el casquivano, el faramallero el fantastico, y el desenfrenado garañón de Murat ó Muladar como le llamamos por acà, se habrá dexado en el tintero al dar à usted de tan sonada sarracina entre su despilfarrada tropa (como llevo dicho) y nuestro resalado exèrcito chisperial. Pues señor vaya de cuento: habiéndonos querido comulgar con ruedas de molino el susodicho agente, zurcidor de voluntades y correvedile de usted (con su acuerdo y el de otros muchos picaros que comen pan) para encaxarnos encima de las costillas una albarda muy pesada, y no siendo nosotros ni nigun buen español gente que sufra pulgas agenas ; se nos subió el humo é las narices, nos arremangamos los brazos, metimos mano á nuestras escopetas , á nuestras pistolas, á nuestras espadas, á nuestras mondadientes de Albacete, y  á algunas hachas de partir leña ; y sin mas acá ni mas allá, sin decir oxte ni moxte, y en un quítame allá esas pajas, nos encaxamos de trompón encima del alma de los señores vencedores de Austerlitz y Gena , y de los que sacaron a usted de apuros en tantas batallazas, con que usted nos quería engatusar y soplar la bata, y aunque ellos no quieran confesarlo, lo sierto y seguro es, que los zurramos bien la badana. La culpa se tienen ellos, los que se fian en usted, porque se ha visto por experiencia que á quantos se han puesto en sus manos, que a la larga ó á la corta, siempre les ha salido la galga capada, pero ¿no les ha de salir si no mira usted mas que por el numero uno?::: No cortemos el hilo: vamos al grano.

Francisco Pomares (d) y Bartolomeo Pinelli (g)

Pues como digo de mi cuento, así que vi a mi maestro el tío Chamberga , en las garras del lobo dixe para mi ¡cascáras! ¿esas tenemos? Y sin saber como ni como no, rompo por entre la turba multa, arremeto como un toro al perillán, que le iba á hacer la mostaza , agáróle bien por los cabezones , y sin decir agua va , le soplo por el gañote una mojada , tan á mi satisfacción , que en un santiamen, y como quien no quiere la cosa, le dexé en el suelo despatarrado, como una rana- ¿Y que sucedió despues? que el tío Chamberga , como es hombre de pelo en pecho y por nada se acoquina, ponese hecho un demonio; apechuga con toda la canalla que se le pone por delante, empieza a tirar tajos y reveses, y á este quiero, y á este no quiero, la verdad sea dicha, no dexó títere con cabeza, y de ellos, el que libró mejor salió tan completamente magullado, que quedó de pies á cabeza mas blando que una breva. Lo que decian aquellos atufados , y estropeadisimos campeones no lo pude entender, porque no entiendo su chapurrada xerga; pero les oí repetir á menudo sus tristes y descompasados gemidos , los oí refunfuñar de lo lindo, y los vi hacer unos gestos, y unos visages tan estrambóticos,  que parecían á los que hacen los ahorcados quando les aprietan el pescuezo.  Por parte me daba lastima , y por parte tentación de risa al ver a un monsiur de la germandad de las uñas largas con el bandullo de fuera , revolcándose sobre otros lobos de su misma carnada , y despidiéndose de este mundo echando mil pestes contra usted : á otro , apretándose los chichones y abolladuras que le hizo la culata de una escopeta: á otro, buscando media cara, que le rebanó una hacha de partir leña: a otro yendo á la rastra porque dos pedazos de plomo bien endilgados le hicieron desprenderse de las dos piernas, que le traxeron á matar españoles: á otro:::: pero dexemos esto, porque no diga usted que soy un majagranzas de primera clase, y vamos a concluir mi relación con lo que sucedió á mi amigo el tio Cascajo, para que acabe usted de regodearse y relamerse.

Eugenio_En una encrucijada de Madrid

Pues, señor, este pobre albañil, á causa de sus continuas zangarrianas, hace muchas navidades que está muy flojo de piernas; pero como tiene mucho amor á su patria, y no puede ver las maldades que usted hace, ó queria hacer con ella, sacó fuerzas de flaqueza, y echó tambien su capa al toro: mas no bien hubo empezado la chamusquina , quando étele que cae circuncirca de las herraduras de un caballo, que llevaba encima de sí , á uno de esos soldados del nuevo cuño, que vistió usted de coraceros, el qual, si he de decir lo que siento, se me figuro un verdadero retrato de don Quixote de la mancha, pues hasta su rocín estaba tan desmirriado, que parecia una sardina con patas de alambre. El tal caballero de la triste figura, ó desfacedor de entuertos, quiso embestir á mi querido Cascajo, mas quando iba á dar sobre él, le hicieron mudar de pensamiento dos primorosas vanderillas de fuego. que planté debaxo de la cola á su semi-etico rocinante. Así que se vió éste tan engalanado y favorecido, empieza á respingar, y á dar saltos de carnero; arroja al ginete por las orejas: dexale en el suelo descoyuntado, tocando tabletas, y haullando como un perro: y sin mas, ni mas toma el portante mas que de paso brincando sin cesar, y tirando coces porque no se podia rascar donde le picaba. Por fin, salió sano y salvo el tio Coscajo, quedó muerto del zaparrazo el don Quixote, y ensartados en mi tizona (como pollas en asador) tres enfurruñados y furiosos compinches suyos que venían á defenderle. Su amigote de usted el cascaciruelas de Murat, quando estábamos, la gente de la cascara amarga, agarrados de firme con la gentuza de su mando , estaba (según se supo despues) como quien ve visiones, metido debaxo de siete estados de tierra , y tan muerto de miedo que se le baxo toda la sangre á los zancajos. Yo le aseguro á usted que si el tal principe de cocina hubiera caído en mis manos, ó en las de algunos de mis camaradas , ya le hubiéramos pegado un chincharrazo que le hubiera hecho ir antes y con tiempo á las calderas de Pero Botero á recibir el galardón de los beneficios que nos ha hecho , y á disponer la habitación para usted y todos los de su pandilla; pero no tenga vuestra majestad imperial y real cuidado, que pronto les llegará á ustedes su san Martin , y si no hubiera sido porque el cerote que tenia el desarmado principe del estropajo le hizo valerse de enjuagues, andróminas y engañifas , para que nos cortaran el revesino, á la hora de esta, ya estaría harto de haberse calentado (con toda la morralla que le defendía) en los braseros de Satanás. Pero los satélites de éste , ¡qué tizonazos le han de pegar á usted quando le echen en la zampa, por haber sembrado tanta cizaña con sus papelajos, por haberse metido a cucharetear en negocios agenos y delicados, y en fin, por ser la quinta esencia de los malvados y arrastrados, que se han paseado y se pasean por el mundo !

Ya me parece que estoy viendo á usted leer esta mi carta, y poner la cara de color de azufre; desencaxar los ojos; arrugar la frente; inflar las narices; poner los dedos como garabatos de candil; abrir la boca , queriendo engullir a España, y pateando de rrabia porque hasta la gente de escalera abaxo se sube á las barbas. Pero amigo, no tiene usted mas remedio que aguantar la mecha, ya que tiró el diablo de la manta, y se descubrió el pastel. Y tenga usted entendido, seo archipámpano bergante, que en mi nación murió ya la madre que las paría, como dice mi texto; que no nace ningún español sin bigotes, y que aquí no nos mamamos el dedo. El haber sido los españoles prudentes, humanos y generosos, ha dado margen á que nos tenga por zopencos y zamacucos, ¡ pero qué bravo chasco se va usted á llevar! : y sino al tiempo doy por testigo. Sepa usted que por mas calendarios que haga, paseándose, de arriba abaxo por los salones de su palacio, devanándose los sesos, y por mas consultas que tenga, con esos quitapelillos y lagoteros de su misma calaña ( que continuamente le rodean, llenandole la cabeza de viento ) y por mas que proyecte y maquine contra nosotros, y contra las demás naciones que saben del pie que coxea ; no dexará usted de salir siempre con el rabo entre las piernas.

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Sepa usted también, que aunque murieron en el susodicho zipizape, y poco menos que á traicion, Antoñuelo el legañoso; el tio Pingajos, el tio Potrilla, el tio Cochifrito, la tía Tiritaña, la tía Tarángana, y su hermana la tía Taravilla ; ha quedado una infinidad de gente del bronce, que tiene el corazón bien puesto; á saber: El tio Piruétano, el tio Sacatrapos, el tio Carlancas, Calforras el barquillero, el tio Ladillas, el tio Zampona, y su muger la tia Rascamoños, la tía Rechupete , y su marido el tio Tizones, la tia Taparrabos, y su hermana la tia Sanguijuela, la tia Sandungera, y su marido el tio Cosquillas: y sobre todo nuestro famoso y nunca bien ponderado capitán Cachiporra, con muchísimos millares de españoles de todas clases, que aman á qual mas su religuion , su Patria y su Rey; todos los que le harán á usted soltar, mas que le pese, la preciosa alhaja que nos ha robado; es decir, á nuestro muy amado Fernando Septimo. Conque restitúyanos usted á éste, y todo lo demás bueno que nos ha robado, y no sea usted tonto, pues lo demas es ir fuera de camino, y lo mismo que tirar coces contra el aguijón. Los franceses, y demás vasallos de usted que tengan caletre, quiero decir, les que piensen como hombres de juicio y de razón, no podrán menos de estar llenos de disgusto y avergonzados, al ver que usted con su cabeza de chorlito les hace cada día más infelices; y sobre todo al verse gobernados por un zurriburri, y emperador de chicha y nabo, como vuestra majestad imperial y real. Basta de conversacion, que bien le he calentado á usted las orejas; pero concluyo diciendo á usted otra vez, que nos restituya a nuestro amado Fernando Septimo, y quanto bueno nos ha arrebatado usted. Este es el único medio de que pueda vuestra majestad imperial y real sacar siquiera los pies del berengenal en que le han metido su ambición y sus marañas. Si no toma usted el partido de restituirnos tan preciosa alhaja, tiemble usted, muérase de vergüenza; y si su natural orgullo, le hace tener á menos, el morir á manos de los que han visto con horror las funestas consecuencias de las entruchadas, alicantinas y za!agardas con que usted queria casarnos, tirase usted un pistoletazo, y santas pasquas. De este modo quedan todas las naciones en paz, usted se quita de ruidos y malos ratos, y evita el verse hecho el juguete y el dominguillo de los que quisieran verle frito en aceyte , y uno de tantos es éste su mas acendrado, y verdadero enemigo-

El tío Ventosa.

A LOS TRABAJADORES DE MADRID LA FIESTA DEL DOS DE MAYO

julio 2, 2016

Sociología crítica

2 de mayo de 1871
El comité de la Internacional hizo público este comunicado, escrito por Francisco Mora y recogido por Anselmo Lorenzo.

A LOS TRABAJADORES DE MADRID: LA FIESTA DEL DOS DE MAYO

Trabajadores: No celebremos la fiesta del Dos de Mayo.

Cuando todos los obreros del mundo se tienden fraternalmente la mano a través de los continentes y los mares, pensar en fiestas patrióticas, pensar en la eterna causa de nuestra desunión, es el mayor de los crímenes.
El patriotismo es una idea que tiende a separar a los pueblos entre sí, y a mantener constantemente el odio entre hombres que, siendo hermanos, les hacen creer los tiranos y los explotadores que no lo son, porque se interpone entre ellos el profundo lecho de un río o las elevadas cumbres de una cordillera de montañas.
La idea de patria es una idea mezquina, indigna de la robusta inteligencia de la…

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POST SCRIPTUM

junio 30, 2016

RecursosInformacion_gResulta habitual, camuflar bajo la legitimidad de la diferencia de pareceres, posiciones que podrían creerse contrarias al sentido común. Estos planteamientos, serían desechados de antemano, si no fuera porque como la pastilla que nos cuesta trabajo tragar, no viniera recubierta por una sustancia de sabor agradable.  Me refiero a la dulce cubierta del derecho a opinar, de la libertad de manifestarse, del respeto democrático, etc.

La lógica variedad en las distintas opiniones, no implica que haya libertad de imponer, aquello en lo que a uno le parezca lícito creer. La libertad de mantener como cierto lo falso, como correcto  lo punible, como lógico lo absurdo, no es libertad, sino locura, error o zafiedad.

Todo este rollo, viene a propósito de los argumentos expuestos por el autor de un blog, llamado “Las Paridas de Marcelo…” en el que vé con agrado el tuneo que recientemente sufrió el grupo escultórico destinado a los héroes del Dos de Mayo, sito en la plaza homónima de Madrid, cuando en el lugar que dejaron los que robaron la espada, unos “graciosos” colocaron una litrona vacía. Es como para partirse.

Al secular maltrato que recibe esta obra de arte, ya me he referido en este mismo blog.

Dice el autor del “Las Paridas…”, entre otras cosas, que con ese acto se desprecia al rey felón. Por lo de “¡vivan las caenas!”. No sé que tiene que ver. Me parece que confundimos el culo con las témporas. El monumento no es a Fernando VII.

También le resulta simpático que esto se haga en una estatua en la que dos hombres se toman de la mano. Parece que el autor quiere ver los colores del arco iris donde no llueve. En fin.

Quien tenga curiosidad, puede acceder al blog citado, haciendo clic sobre la foto. Tiene artículos que quizás puedan ser interesantes para aficionados al arte. Por mi parte, no coincido con su autor respecto al respeto que se merece la obra de un artista, que también es la propiedad de unos vecinos y al mismo tiempo, la imagen de unos héroes. Por que son héroes.

Miguel Reseco