POR LA PATRIA

junio 24, 2019

Juan Antonio Benlliure y Gil, fue hermano del escultor Mariano Benlliure y del también pintor José Benlliure.

El pintor refleja en este cuadro una visión más próxima al realismo de los personajes retratados, alejado de la épica tradicional frecuente en estos temas.

En el cuadro se ve a un soldado que, a su vuelta del campo de batalla, visita a los padres de un compañero caído. Entrega a los padres ancianos el escapulario, manchado de sangre, que su hijo llevó hasta el final, así como su capote, ambas reliquias del héroe que el camarada había salvado y guardado para ellos hasta ese día. El padre apoya la mejilla en su mano, la madre y la hermana lloran sobre la prenda.

‘POR LA PATRIA’. Juan Antonio Benlliure. 1884. Óleo sobre lienzo, 315 x 252 cm. Museo del Prado

'Por la patria'. Juan Antonio Benlliure

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VA POR TI, PADRE

junio 13, 2019

Juan José González de la Riva y VivancoSe llamaba Juan José González de la Riva y Vivanco. El 6 de Noviembre de 1810, era Coronel de Húsares de Cantabria, unidad que él había fundado, cuando recibió una carta de un general francés llamado Bonet. En la carta le anunciaba que había hecho preso en Santander, al padre de don Juan José, y le avisaba de que de no abandonar el mando del regimiento, y rehusar mantener la lucha en cualquier otra forma, contra el ejército francés, procedería a ejecutar al preso.

Bonet se encontraba acosado. El 19 de septiembre anterior, un escuadrón de los Húsares de Cantabria había penetrado en Oviedo al galope, consiguiendo poner en fuga el Cuartel General francés y la guarnición que ocupaba la ciudad. Bonet ha de esconderse, y los Húsares toman la ciudad.

El coronel contestó despreciativamente al tal Bonet. Después puso en marcha a su regimiento obteniendo el día 28, en Grado, derrotar a las tropas del general francés, haciéndole numerosas bajas.

Husar

CONOCIDO COMO SANTIAGO

junio 12, 2019

Se identificó con el apóstol Santiago, al caballero que apareció a lomos de un caballo blanco, encabezando el ataque cristiano durante la batalla de Clavijo. A él se atribuyeron las victorias conseguidas sobre los invasores musulmanes en el resto de la península, durante la Reconquista.

Santiago, como su hermano Juan, el evangelista eran hijos del Zebedeo. Le pusieron el Mayor para distinguirlo de otro apóstol del mismo nombre, Santiago el hijo de Alfeo, al que llamaron el Menor.

Nos hablan de él los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. Era un hombre impulsivo e impetuoso. No en balde a Santiago y a San Juan los conocía como “los hijos del Trueno”. Le pidió a Jesús el permiso y el poder para destruir con “fuego celestial” la ciudad de la que les habían expulsado. También era ambicioso, le solicitó a Jesús que a su hermano Juan y a él les hiciera un sitio en la Gloria, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús les preguntó si acaso estaban dispuestos a pasar por lo mismo que Él. Santiago contestó que sí. Y lo cumplió.

399 «Aparición del Apóstol Santiago al rey don Ramiro I, antes de la Batalla de Clavijo» 1875. Hidalgo y Padilla, Félix ResurrecciónCuentan las crónicas que, en Clavijo, la víspera de la batalla, cuando el rey Ramiro preparaba su alma para lo que esperaba que fuera una matanza, tuvo una visión. La imagen tomó aspecto humano y le habló, le dijo que no temiera, que al amanecer del próximo día preparara sus tropas, y que su Señor le llevaría a la victoria. Y así se cumplió, un caballero atravesó el campo de batalla haciendo huir al enemigo. Después, igual que apareció, desapareció.

Después de saber su vinculación con Hispania: evangelización de la Península, aparición de la Virgen en Caesar Augusta, que luego llamaríamos del Pilar, y el descubrimiento de su tumba en Compostela, no es extraño que se le adjudicara el patronazgo de España.

Santiago el Menor, tan solo es citado en los evangelios cono uno de los doce, sin embargo, sí aparecen varias referencias a él en los Hechos de los Apóstoles y en la Carta a los Gálatas. Entre otras cosas sabemos que fue el primer obispo de Jerusalén, así quedó a su cargo la Iglesia de dicha ciudad tras la diáspora de los apóstoles por todo el mundo. Dicen que tanto se parecía al Maestro que Judas besó a Jesús para evitar la posible confusión de los que venían a apresarle.

Albatera es un municipio del sur de la provincia de Alicante. Albatera fue reconquistada en el siglo XIII por el infante de Castilla Alfonso, futuro rey Alfonso X el Sabio. Cada año, como otros pueblos del sur de Valencia, celebran la festividad de Moros y Cristianos. Al final de la fiesta, ya la ciudad liberada del dominio musulmán, el caíd moro entrega las llaves de la ciudad al caballero de Santiago, y este al Apóstol, para lo cual, su imagen sale del interior del templo parroquial, envuelto en un espectáculo de luces, pólvora, sonido y devoción.

155 Cartel del anuncio de la festividad de Santiago el Menor, patrono de Albatera. 2017. Buscar archivo, conocido como santiagoAl parecer, la comisión de festejos de Albatera, a la hora de encargar el cartel del anuncio de las fiestas, ha confundido a su patrono con otro apóstol del mismo nombre. Aunque puede que el error no sea suyo, o no solo suyo, puesto que en la página del ayuntamiento puede leerse que, a finales de mayo se celebran las fiestas de Santiago el Menor.

Pues o se han confundido de patrón, o el que les ha vendido la figura les ha engañado.

FÁBREGAS EN DINAMARCA

junio 11, 2019

John ThomasDon Juan Antonio Fábregas y Boisar, Barón de Fuente de Quinto, nació en Tortosa en 1780.

Ingresó como cadete en 1797 en el Regimiento de Infantería de Línea de Valencia, en el que comenzó su carrera militar.

En 1808 se encontraba en Dinamarca a las órdenes del Marqués de la Romana, como consecuencia de la alianza de España con Napoleón, sus planes de invadir Suecia, y de la estrategia de alejar de la península a una parte de las tropas más expertas. Cuando Fábregas tiene conocimiento de lo ocurrido el Dos de Mayo en Madrid, como buena parte de los oficiales y soldados de esta unidad, toma la decisión de encontrar la forma de abandonar a los que se decían sus aliados en Dinamarca, para volver a España, y defender a sus compatriotas de los invasores franceses.

Dada la dispersión del contingente español, repartido en las distintas islas, era muy difícil coordinar la evasión sin alertar al mando francés. Fábregas, a punta de sable, secuestra una lancha, para llegar a alguno de los barcos de la flota británica que patrulla las aguas danesas, y conseguir ayuda para llevar la noticia al Marqués de la Romana.

Gracias a los acuerdos llevados con los mandos ingleses, se logró evacuar de Dinamarca en barcos británicos a aproximadamente 9.000 soldados españoles de los cerca de 14.000 que formaban la División del Norte.

Fábregas murió en Córdoba en 1844. En el epitafio de la lápida de su tumba se reseñan estos hechos.

EL BUEN LADRÓN

junio 7, 2019

Cuando uno viaja por España visitando sus palacios, sus catedrales, monasterios, iglesias o cementerios, raro es que el guía no dedique unos minutos a comentar el expolio sufrido a consecuencia de la invasión napoleónica. Y es que los objetos de valor que no fueron llevados a la Francia de los franceses en la carreta de un general, lo hicieron en las mochilas de los soldados. Y de aquello que no pudieron acarrear, mucho fue pasto de las llamas.

Entre los tesoros más valiosos, que fueron víctima del saqueo napoleónico, estuvo el Beato de Silos. Pero tal robo no fue cosa de los soldados, no. Ni siquiera de los mariscales. No, fue el mismísimo Pepe Botella el que tuvo miedo de tener que abandonar España con una mano delante y otra detrás, cuando no sabía cuál iba a ser su futuro destino. Las perspectivas eran malas, teniendo en cuenta que los que le expulsaban era la potencia a la que los Bonaparte llevaba años haciendo la puñeta.

Beato_de_Silos_-_British_Library_1Según contó Miguel Vivancos, ex prior del monasterio de San Domingo de Silos:

“Es uno de los beatos más bellos. El hermano de Napoleón, José Bonaparte, Pepe Botella, robó este manuscrito de la Biblioteca Real de Madrid. Después de dejar de ser rey de España, cuando era conde, José Bonaparte, decide venderlo al British Museum donde se conserva. Su robo fue un caso llamativo por la importancia que tiene ese manuscrito”.

La copia de este ejemplar del Comentario del Apocalipsis del Beato de Liébana, dio comienzo el jueves, 18 de abril de 1091, labor a la que se dedicaron dos monjes durante varios meses. La muerte del abad, sería posiblemente la causa del retraso en su iluminación, finalizándose el 30 de junio de 1109, el mismo día de la muerte del rey Alfonso VI. Del monasterio de Silos salió, años más tarde, para ser documentado en la biblioteca del cardenal Antonio de Aragón. Posteriormente, este cardenal decidió donar el códice al colegio de San Bartolomé de Salamanca. Con la supresión de dichos colegios pasó a la Biblioteca Real de Madrid.

Durante los años que pasó José Bonaparte ocupando el trono español, aburrido porque sus mariscales pasaban de él, y porque su señora se negó siempre a venir a España, se dedicó a comprobar la clásica promiscuidad de los monarcas que le precedieron, y a registrar armarios y cajones. Todo lo que le aportó grandes satisfacciones.

mh_21144Este Beato, ahora en la British Library, cuenta con 106 miniaturas iluminadas con oro, y es considerado el Beato con la gama cromática más hermosa y espectacular de todos los que se conservan.

Las obras conocidas como los beatos, por el nombre del autor, fueron unas obras que solamente se produjeron en España. Al decir de, Umberto Eco, fue la revolución cultural más importante que se hizo en Europa, comparable a las catedrales. “Europa no sería igual sin los beatos”, afirma.

Ciertamente, a través de los beatos se divulgó una doctrina esencial que proporcionó el carisma necesario para sujetar con fuerza la espada para poder recuperar, tras largos años de lucha, la Península para sus anteriores habitantes.

Aquel que algunos decían que pudo ser un buen rey, por aplicación absurda de ese proverbio de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, realmente fue un buen ladrón.

Miguel Reseco

LAS HEMORROIDES DE NAPOLEÓN

junio 4, 2019

Al tiempo que su ejército regaba de sangre los campos de Waterloo, el emperador francés libraba una lucha más íntima que, según algunos escritores, sería en gran medida responsable de su derrota final.

emmanuel poiréTal es el caso del médico Pedro Gargantilla, en sus Enfermedades que cambiaron la historia.

“la crisis hemorroidal le impedía subirse a su caballo Marengo, con el fin de supervisar el desarrollo de la batalla”

O el del estadounidense Arno Karlen, quien también piensa que los horribles dolores que Bonaparte sufría por culpa de sus hemorroides, le imposibilitaba para concentrarse en las estrategias de la batalla que determinaría su futuro.

También, el historiador José Miguel Carrillo de Albornoz, en su libro Las hemorroides de Napoleón, escribe lo siguiente:

“Napoleón habría perdido la gran y definitiva batalla de Waterloo precisamente porque necesitaba refrescar su imperial trasero y de no haber tenido que estar sentado en una bañera para calmar los terribles dolores que le impedían subirse a su caballo, tal vez su estrategia militar hubiese sido otra.”

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Pero quizás esto tenga más de leyenda que de realidad.

Lo más posible es que, la falta de confianza en los informes recibidos de la incorporación de un contingente prusiano, y no valorar lo que eso podría suponer en el resultado final de la batalla fue, quizás, el factor más importante para explicar su derrota.

Napoleón tenía pensado cañonear intensamente la primera línea enemiga al despuntar el sol. Sin embargo, descubrir que el terreno estaba empapado por la lluvia caída durante la noche, le hizo posponer el ataque. El suelo embarrado, ni tendría la suficiente firmeza para poder mover ágilmente sus cañones, ni para aprovechar el efecto de rebote de las balas de cañón disparadas. Ese retraso dio tiempo a que llegara el refuerzo prusiano. Esto, unido a la desaparición de Grouchy (el Matarife de Madrid), y a los sucesivos errores de Ney, convirtió en derrota lo que podría haber sido la victoria que habría conseguido prorrogar la vida del imperio.

Miguel Reseco

UN BUEN SUCESO

mayo 19, 2019

Con este cuadro, “Fusilamiento de Patriotas en el Buen Suceso: la madrugada del 3 de mayo de 1808”, el pintor José Marcelo Contreras y Muñoz concurrió a la Exposición Nacional de 1866. Con él obtuvo la consideración de Medalla de Oro de 2ª clase y la crítica favorable de ser “un buen artista que debía todo a su propia aplicación, pues nunca había salido fuera de España”. La obra fue adquirida por el ayuntamiento de la capital, y depositada en el Museo de Historia de Madrid, donde actualmente se expone. Sin embargo no parece que haya encontrado demasiada consideración por parte de quienes dirigen el museo, porque después de haber reformado el edificio, el cuadro, que es de grandes dimensiones (297 x 395 cm), está en la zona más estrecha de una sala, y con una muy deficiente iluminación.

Contreras MuÑoz, José Marcelo

En una escena de gran dramatismo y exaltado patriotismo, el pintor retrata a algunos de los vecinos que resistieron el ataque de la caballería imperial en la Puerta del Sol, que al verse incapaces de contener a estos, buscaron refugio, acogiéndose a sagrado, entre los muros de la iglesia del Hospital del Buen Suceso.

Esta ley medieval, conocida como acogerse a sagrado, permitía a cualquier perseguido por la justicia evitar su acción desde el momento en que penetraba en el interior de una iglesias y monasterios, pasando a estar bajo su protección. Este derecho se mantuvo en distintas formas en vigor en España hasta bien avanzado el siglo XX, no así en Francia que fue derogada en el XVI.

El cuadro recoge el instante en el que un grupo de patriotas, capturados tras la ocupación de la iglesia por las fuerzas imperiales, son conducidos al patio del hospital, donde son fusilados. Observándose de derecha a izquierda resulta una secuencia de los fusilamientos. Y veo en él la dignidad de los condenados, la frialdad de los asesinos y la desolación del resto, de los familiares y del clérigo.

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Esta iglesia, desaparecida tras la desamortización de Mendizabal, estuvo situada en la Puerta del Sol, donde estuvo el anuncio luminoso que algunos recordamos de “Tío Pepe”, en la confluencia de la calle de Alcalá y de la Carrera de San Jerónimo. Su fachada principal llegaba a la altura de la Calle Montera. Recibió el nombre del Buen Suceso, por el de la Virgen que allí se veneraba. Al parecer, esta Virgen fue encontrada por dos frailes entre unas peñas, Paulo V cuando tuvo noticia calificó el hecho como un buen suceso.

Miguel Reseco

LOS ORÍGENES DE LA COCINA FRANCESA. RECETARIOS DE COCINA EXPOLIADOS POR NAPOLEÓN DE LOS MONASTERIOS ESPAÑOLES.

mayo 17, 2019

Hispania Plus Ultra

Dice Auguste Escoffier, uno de los padres de la cocina francesa, que estos recetarios fueron el mejor trofeo que consiguió Napoleón en la guerra con España pues sus recetas fueron fundamentales para el desarrollo de la nueva cocina francesa.

Las tropas de Napoleón expoliaron el país entero, pero de entre los expolios que más fructíferos resultaron a la larga a los franceses, fueron los Monasterios extremeños de San Benito de Alcántara y el de Guadalupe.

Desde sus primeros tiempos, a finales del siglo XII, el Monasterio de Guadalupe fue frecuentado por reyes y nobles que gustaban disfrutar de la buena mesa. Esta circunstancia propició que el cenobio, igual que les sucedió a otros, fuera desarrollando un amplio y variado recetario.

En 1493, tras el regreso de su segundo viaje a América y cumpliendo así la promesa escrita en su diario de ir a Guadalupe como romero, Cristóbal Colón ofrenda a…

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AQUEL TRES DE MAYO

mayo 11, 2019

– Ay, Dios mío, Pepe. Me acabarás matando de disgustos. Al fin llegas, ya te creía perdido. ¿Dónde has estado? ¿Qué ha pasado? Todavía oigo disparos. ¿Pero continúa el motín?

– Deja que me siente, María y acércame el agua, que no me queda saliva en la boca.

– Toma vino mejor. Que te vuelva el color. Y dime de dónde sales. Dime qué está pasando.

– Todo está desierto. No se ve ya un alma, tan solo las sombras de los gabachos resbalando por las paredes a la luz de las fogatas. Patrullan las calles y amedrentan a los pocos que se cruzan.

“Atravesé por la Puerta del Sol, y juntando valor me asomé al interior del patio del Buen Suceso. Catorce cuerpos conté. Me incliné dando chupadas al pitillo a la vez que lo acercaba a la cara de cada desgraciado. Buscaba un brillo en los que mantenían los ojos abiertos, por ver si era tiempo de socorrer a alguno de ellos, rezando con él el Ave María que le diera consuelo. Todos muertos.

Convento_de_san_felipe_madrid“Bajo la lonja de San Felipe del Real, tú ya sabes, en las covachuelas, allí les tuvieron prisioneros. Sin agua ni nada que llevarse a la boca. El miedo sí, ese sí que  iba de boca en boca. Allí tuvieron encerrados a los elegidos entre los que apresaron la mañana de ayer. Unas veces uno a uno, otras en grupo, todos habían sido conducidos ante un esperpéntico tribunal militar que, en francés, les leía los cargos, y sin escuchar sus testimonios, les anunciaba la correspondiente sentencia; a todos la misma: muerte.

“Más tarde, cuando ya había anochecido, una larga fila atravesó la Puerta del Sol, de punta a punta, en silente procesión hasta el cercano hospital de la iglesia del Buen Suceso.

“Los muros del patio aún mantenían fresca la sangre de los patriotas que, por la tarde, buscaron inútilmente la seguridad de acogerse entre sus muros a sagrado.

“En ese mismo patio fueron arcabuceados, cayendo cada cuerda sobre los cuerpos de los que unas horas antes les precedieron.

“Nos vamos, María.

– ¿A dónde?

– Fuera. El terror se ha impuesto en Madrid. Y el terror traerá la delación. Tenemos que abandonar Madrid cuanto antes. Si todavía podemos. Aquí ya no hacemos nada.

©Miguel Reseco

© Vidas Entregadas

DESPEDIRSE A LA FRANCESA

mayo 9, 2019

Hoy es 2 de mayo de 1808

          – Poco a poco se fue disipando la bruma debida a los disparos de los cañones –cuenta el capitán Consul-. Silenciadas sus bocas, comienzan a escucharse los lamentos de los heridos. Los soldados imperiales avanzan con cautela. Caminan en fila, pegados a las paredes del patio del Parque. Ya nadie les dispara; y el que cae es por tropezar con un cuerpo, o por resbalar en un charco de sangre.

Joseph_Lagrange_(1763-1836)– Sí, eso yo también lo viví desde el interior del Parque –confirma Felipe Carpegna, el subteniente-. Vi como uno tras otro, iban desarmando a los españoles que, paralizados y con la mirada perdida, todavía sujetaban el arma entre sus manos. Luego fueron juntando a los que podían caminar, obligándoles a que llevaran con ellos a los que no podían.

– Fuera, junto al arco, todo fue peor. A los heridos que se iban encontrando los iban sumando, a golpe de bayoneta, a la nómina de los muertos para que no estorbaran. Fuera ya solo quedan cadáveres de ambos bandos y algún español que no ha conseguido escapar y que intenta, inmóvil, que le tomen por muerto.

– Y ese olor a azufre y a sangre –añadió Carpegna.

– Sobresaliendo entre todos estaba el capitán Daoiz –continuó Consul-, al que los imperiales han sorteado, reconociendo en él, a pesar de las salpicaduras de sangre y de las manchas de pólvora que le cubrían, y de su claro desvalimiento, pero una autoridad que les supera.

          El capitán Daoiz consigue mantenerse erguido gracias a haber trabado su pierna herida en el eje del cañón que, hasta hacía poco, había mandado y sujetando firmemente su sable en la diestra, haciendo de él una ocasional muleta. Con la mano libre se aferra fuertemente al tubo de la pieza, como si temiera que se le fuera a escapar. Es mucha su debilidad por la sangre perdida; pero no menos que el pundonor que sabe que la situación exige. Con estas trazas consigue recibir a los franchutes de una manera que considera suficientemente digna, dadas las circunstancias. Así lo encuentra el general Lagrange, cuando llega ante el arco del Parque rodeado por algunos granaderos de la guardia imperial.

          – ¡Sois un pobre loco! –le grita lleno de desprecio e indignación-. ¿Os dais cuenta de la cantidad de sangre que habéis vertido en esta inútil aventura? –dice, describiendo un arco con la punta de su sable, intentando abarcar en él los cadáveres que les rodean.

          El capitán Daoiz abre los ojos, se yergue, y lleva la mano con la que se apoya en el cañón al borde de su guerrera, intentando estirarla inútilmente para así recomponer su aspecto. Cuando siente que ha recuperado la prestancia perdida durante la lucha, mira con orgullo a Lagrange. El general, sintiendo el desafío, le golpea con el plano de su sable en el hombro.

          – ¡Traidor! -le dice.

          Nadie esperaría que, en esas condiciones el capitán español, en lugar de desplomarse, consiga sacar fuerzas de flaqueza, alce su sable y hiera al general en el pecho.

          – ¡Granadiers, à moi! ¡Socours à votre general! –grita Lagrange, aterrado.

          Todos los oficiales y granaderos cercanos caen sobre el capitán español, que se defiende en vano durante algunos instantes. Finalmente, uno de aquellos soldados clava su bayoneta en el pecho de Daoiz hasta que esta le asoma por la espalda y, herido de muerte, se desploma en el suelo.

Una hora después, el capitán don Luís Daoiz era trasladado por sus hombres, sobre una escalera de mano, ante el respetuoso silencio de los franchutes que encontraban a su paso. Poco después, en su domicilio de la calle Ternera número 12, entregaba su alma al Altísimo.

 

©MIGUEL RESECO

©RONDA POR EL MADRID DEL DOS DE MAYO