SE DESATAN LAS FURIAS

marzo 20, 2019

El Señor Rey Don Carlos Cuarto se sirvió expedir el real decreto siguiente:

A D. Pedro Ceballos

Como los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar en clima más templado la tranquilidad de la vida privada, he determinado, después de la más seria deliberación, abdicar mi corona en mi heredero y muy caro hijo el PRÍNCIPE DE ASTURIAS.
Por tanto es mi real voluntad que sea reconocido y obedecido como Rey y Señor natural de todos mis reinos y dominios. Y para que este mi real decreto de libre y espontánea abdicación tenga su exacto y debido cumplimiento, lo comunicaréis al Consejo y demás a quienes corresponda.

Aranjuez, 19 de marzo de 1808.
YO EL REYaranjuez-prolamación-fernandoVII

 


              Mi hermano estaba asomado al balcón. Como tenía por costumbre, se había servido una copa de ron. Era del ron de la botella que nuestro padre había metido en una de mis maletas para él, cuando yo preparaba el equipaje, antes de abandonar nuestra casa de La Habana. Lo había hecho sin que lo viera mi madre. La pobre siempre aborreció la bebida. Decía que era la causa de la condenación de muchos hombres y de la ruina de muchas familias.

               Pero esta vez mi hermano había dejado abandonada la copa sobre la mesa, junto a un ejemplar de “El sí de las niñas”, por fumar pensativo apoyado en la barandilla del balcón. Y eso que la noche era fresca.

               – No se te ocurrirá salir a la calle -me dijo, girándose como si hubieran accionado un resorte.

Hombre-joven-en-el-balcón_-1875_-Gustave-Caillebotte               – Bueno -me justifiqué-. He quedado en un café con unos amigos.

               – Sí. Eso, o plantarte ante el domicilio de cierta señorita, por si esta noche tiene a bien salir a contemplar la luna -dijo, sabiendo bien lo que decía-. Ni se te ocurra.

               – ¡Vamos! -José no solo era mi hermano mayor: también era mi superior-. Vamos, que ni que hubiera venido Madre.

               – Como si estuviera. Si algo te pasara, sería a ella a quien tendría que rendir cuentas.

               – Pero ¿qué puede pasar? ¿No tenemos ya nuevo rey? ¿No retienen preso al Príncipe de la Paz?

               – Así es. Pero las turbas han tomado las calles y andan “confirmando” fidelidades a base de garrote y navaja.

               – ¡No será para tanto! Querido hermano. Tú chocheas.

               – ¡Búrlate! Pero que sepas que hace una hora han asaltado la casa que tenía Godoy en la calle Barquillo. La chusma ha arrojado por la ventana todo lo que pudiera arder y que no se pueda escamotear en sus bolsillos para venderlo después, y han prendido fuego a todo en la calle, haciendo una fabulosa pira.

               – Bueno. Pues en eso habrá quedado y ya se habrán calmado.

               – De eso nada. Lo último que he sabido es que ahora se dirigen a casa de Diego Godoy, el hermano -dijo, para añadir muy severo-. Y ni una palabra más. Te quedas en casa, Rafael.

               – Pues, si no te importa, te acompañaré con otra copa de ese ron.

               – Y de paso me acercas la mía, que no sé dónde la he dejado.

© Miguel Reseco

© DIARIO DE UN ARTILLERO

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SONETO A LA MUERTE DE JOAQUÍN MURAT

marzo 14, 2019
fusilamiento

Ese que yace en la sangrienta arena

espantoso cadáver destrozado

fue siervo obscuro intrépido sold[ado]

caudillo de las águilas del Sena.

 

Por él la gran Madrid de horrores [llena]

su celo y su valor vio castigado

cuando ministro de un feroz malvado

los nudos de amistad trocó en cadena.

 

Rey se llamó en Parténope, su intento

fue del Apóstol trastornar la silla

y alcanzar de los Césares victoria.

 

Vedle añadir al mundo un escarmiento,

ved cómo el cielo su soberbia humilla

y confunde en oprobio su memoria.

 

Leandro Fernández Moratín

¡Santiago y cierra España!

marzo 10, 2019

CIDESOC

    por Álvaro Sureda, historiador

De entre la obra pictórica de Augusto Ferrer-Dalmau[1] llama especialmente la atención uno de sus lienzos. El que representa a un jinete del ejército español cargando contra el enemigo bajo el título de “Santiago y cierra España”. Una proclama que, durante siglos, ha formado parte de la tradición castrense y que hoy no parece ajustarse al discurso de lo políticamente correcto. Todo ello a pesar de la más amplia significación que alberga esa histórica arenga.

Cualquier divisa de este estilo expresa siempre una aspiración o ideal; un pensamiento que sirve como guía de conducta. Hoy en día, podemos ver cómo abundan todo tipo de lemas, desde marcas deportivas a slogans personales o de empresas que han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana, como por ejemplo: Impossible is nothing[2], Think different[3]  o el Dios ha muerto de Nietzsche. Como…

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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

marzo 8, 2019

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Mujeres trabajadoras yo diría que son todas las que he conocido y conozco. Que por mi edad, las más trabajaban en sus casas. Labor no remunerada y escasamente valorada. Y de las que salían de sus casas para trabajar, la mayoría lo hacían para desempeñar en precario las mismas tareas que en su casa, pero para otras familias. Las menos las que han tenido un puesto en una empresa. Y por el ambiente en el que he vivido, apenas una, quizás dos, han sido de esas que, como dice la canción, han pasado la vida Yendo de la cama al living.

Homenajes merecen todas. Bueno, todas menos esa una, quizás dos, que antes mencionaba. Pero hoy, antes de que acabe el día, quiero felicitar especialmente a una mujer en concreto. Muchas veces se me olvida felicitarla por su santo, o por su cumpleaños., pero hoy llevo todo el día recordándola.

Es la menor de cuatro hermanas, y a diferencia de estas, eligió quedarse soltera, lo que en esa época no le evitaría algún que otro estigma. Por algo será, se decía entonces. El caso es que no fue por falta de pretendientes.

Tampoco fue por querer entregar su vida a Dios. Aunque ese Dios siempre le ha marcado el camino.

Pero a pesar de llevar su soltería con mucha valentía, sintió siempre la pena de tener que renunciar a la maternidad. Durante aquellos años, ser madre siendo soltera, era añadir una sospecha a una culpa. Quizás por eso eligió volcar todo su cariño en los nueve sobrinos que tuvo.

Pero como la soltería no está reñida con la laboriosidad, trabajó toda su vida, en un empleo en el que siempre estuvo rodeada de hombres. Lo que le permitió ser siempre autosuficiente.

Ella no sigue las redes sociales, ni tiene Internet, este año cumplirá, si Dios quiere, ochenta y nueve años, pero seguro que alguien se lo leerá.

¡Felicidades, tía Carmen!

EL CRUCERO DE JOSÉ PRIMERO

marzo 7, 2019
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Las joyitas

Cuentan que don José Bonaparte, el rey intruso, tras lo de Waterloo informó a su hermano el emperador, de que tenía depositada en los Estados Unidos una parte de su enorme fortuna; fruto, sin duda, de lo que se había llevado de España.

Los que somos muy fanes del que “podría haber sido un gran rey” (Ja, ja), imaginamos que no se llevaría mucho más que los jabones del baño, un par de albornoces y todos los botellines del mueble bar de la Suite Real, de ahí lo de Pepe Botella. Imagino.

Y si fue más ¿qué? ¿No disfrutan de un sueldo vitalicio los expresidentes de gobierno españoles aunque no hayan agotado una legislatura? Y sin ser reyes.

En los Estates, Pepe Botellas contaba con buenas amistades, ya que él había sido el principal negociador del tratado de Francia con los Estados Unidos conocido como de Mortefontaine, en 1800. Bueno, y que algunas de esas personas fueran banqueros y políticos, y que él tuviera una fortunita, siempre ayuda a forjar una buena amistad. Amistad de escuadra y compás, en este caso.

Así que, por tener allí unos conocidos, por las malas relaciones de las recientemente liberadas colonias con sus antiguos reyes británicos, y por haber un océano por medio con los más fieros perseguidores de la familia Bonaparte, los hermanos encontrarían allí un asilo seguro. Seguro.

Con tal propósito, Pepe sacó billetes para él y su hermanito con destino al Nuevo Mundo en un bergantín americano de nombre “Commerce”. Al capitán del barco le dijeron que el ilustre pasajero era Lazare Carnot, el autor de la  “Metafísica del Cálculo infinitesimal”.

La verdad es que no era pequeña aventura para el dueño del barco; los no menos previsores ingleses, sabían lo que era llevar a cabo un bloqueo marítimo. Se me viene a la memoria el asuntillo de la fragata Mercedes.

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La casita que compró Pepe en Point Breeze, Filadelfia

El Gran Hermano se mostró indeciso y titubeó hasta casi anular las posibilidades de huida. Finalmente, José partió solo en su barco en el último instante. El emperador había preferido entregarse a los ingleses.

Pepe consiguió cruzar el Atlántico. Más tarde, Napoleón siguió a su hermano; pero su barco se detuvo a mitad de camino en la isla conocida como Santa Elena. Y ahí se quedó.

Pepe vivió en los Estates, y vivió muy bien hasta que, ya mayor, los ingleses le permitieron volver a Europa. Hizo varios viajes y se instaló definitivamente en Florencia. Tras una larga enfermedad, su alma abandonó su cuerpo serrano, para encontrarse con la de su hermano, allá donde habitan las almas de los que roban vidas y haciendas y causan al prójimo grandes sufrimientos.

Miguel Reseco

LO DE JAFFA

marzo 4, 2019
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Napoleón en triunfo. Museo del Louvre

Durante la campaña de Egipto de 1799, cometió Napoleón uno de los actos de crueldad calculada más siniestros de la historia.

Jaffa, desmoralizada por el saqueo de Alejandría, apenas opuso resistencia, pero Napoleón consideró oportuno dar satisfacción al ansia de rapiña, crueldad y violaciones de sus soldados, y dio licencia de saqueo. Asesinaron a mansalva a hombres, mujeres y niños, pero al parecer les interesaba más el robo o la violación que dar muertes que no obtenían recompensa, y esa desidia asesina de la tropa dejó vivos después de tres días de saqueo a tres mil prisioneros que se habían rendido y estaban concentrados en la ciudad.

Napoleón encontró inconveniente tener que alimentar a los soldados cautivos y dio orden de matarlos en las dunas al suroeste de Jaffa.

El general Bon dirigió la matanza. Comenzó por dividirlos en grupos y fusilarlos, pero, con el mismo espíritu ahorrativo de Napoleón hacia los víveres, calculó que era excesivo el gasto en municiones. El resto de los prisioneros fue muerto a golpes de bayoneta. Hasta el último de los tres mil hombres.

Como el método se improvisó, y resulta fatigoso dar muerte con bayoneta a tantos, hubo torpeza en la ejecución de la tarea. Los cuerpos se amontonaban en pirámides, en las que bajo los cadáveres surgían gemidos o movimientos que mostraban a los soldados franceses que algunos prisioneros permanecían con vida. Hubieron de realizar el doble esfuerzo de apartar cuerpos para rematar a los supervivientes, y amontonarlos de nuevo.

Napoleon Bonaparte instructing the doctor to poison the plague victims at Jaffa in 1799. Coloured aquatint by G. Cruikshank, 1814.

Napoleon Bonaparte instructing the doctor to poison the plague victims at Jaffa in 1799. Coloured aquatint by G. Cruikshank, 1814.

Al día siguiente, para ceñirse al ahorro de alimentos, en Jaffa encontraron otro recurso de economía: envenenaron a los enfermos del hospital.

Otro contingente de tropas enemigas, que desconocía el episodio anterior, se rindió. El mando francés era eficiente y aprendía sobre la marcha. Decidió además de economizar víveres y municiones, hacerlo con las fatigas de sus tropas. Perfeccionaron la técnica, por orden directa de Napoleón todos los miembros de esta masa de prisioneros murieron degollados. Arrodillados, atadas las manos a la espalda, el ejecutor desde atrás colocaba una rodilla entre los omoplatos de la víctima, con la mano izquierda agarraba el pelo y tiraba hacia atrás y a la izquierda, así quedaba el lado derecho del cuello con la yugular y carótida turgentes bajo la piel, en cómoda disposición para la cuchillada del asesino.

Una ley general de la biología indica que con la repetición del estímulo se atenúan las respuestas. También ocurre con el horror de los espectadores de un drama. La acumulación de cifras, en lugar de aumentar el espanto lo embota, y deja paso a la náusea.

Estremece y repugna al mismo tiempo, pensar en los aspectos materiales de esta segunda etapa de la carnicería de Jaffa. Un cuerpo humano adulto, con sección de las venas y arterias del cuello, puede eliminar casi cuatro litros de sangre.

1607113_578421828901524_1859187791_nAl conocer la campaña de Egipto nos quedan grabadas en la mente la brillante carga a los mamelucos, y la arenga lapidaria ante las pirámides: “… cuarenta siglos os contemplan”. Cuando se escarba un poco más en la historia, las pirámides que destacan en la imaginación al recordar la campaña de Egipto son las de los cadáveres amontonados en Jaffa, y el inmenso charco de sangre que se filtra y coagula en la arena del desierto.

En la Europa aterrorizada por Napoleón no se olvidó el recuerdo de Jaffa. Años después, en el sitio de Ulm, Bonaparte envió el ultimátum: amenazó con repetir “lo de Jaffa”. La intimidación surtió efecto; se rindieron en cadena de capitulaciones treinta mil hombres.

Juan Antonio Vallejo-Nágera.

Perfiles humanos. Planeta. Barcelona, 1988 (pág. 100 a 102)

HIJODE…

marzo 3, 2019

Napoleon on his imperial throne

Los peor tratados son los españoles, a quienes Napoleón no reconoce el estatuto de beligerantes. Por los caminos de España y de Francia se arrastran sus tristes cortejos. Atados como esclavos en el mercado, medio muertos de hambre y fatiga, sin calzado, los pies desgarrados, se les obliga a avanzar a palos y matan a tiros a los que se retrasan. ¡Ay de los que llegan a Francia!, mueren de hambre y sufrimiento en los trabajos forzados. Resulta increíble lo que hacen con ellos si enferman y les llevan a un hospital francés; se niegan a tratarlos y de cada cien que entran no salen ni dos. No exagero; lo que digo es exacto.”

Relato de un prisionero inglés

“Perfiles Humanos”

Juan Antonio Vallejo-Nágera

 

PEPINO EN SU PRIMERA (Y ÚLTIMA) SEMANA DE PASIÓN SEVILLANA

febrero 24, 2019
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José Bonaparte, rey de España. Robert Jacques Francois Lefevre

Pepe Plazuelas, Pepe Botella o Pepino eran los apodos que dimos a José Bonaparte, el hermano del republicano que se hizo emperador francés. Don José, tras ser diputado por Córcega, elector del Primer Imperio y rey de Nápoles, acabó encasquetándose la corona del reino de España, vergonzosamente entregada por la familia real española en las capitulaciones de Bayona de 1808.

Un rey impuesto que vino con la intención de reformar el gobierno, la sociedad y la nación entera; pero que en intenciones solo se quedó. Después de todo, con el apoyo de su hermano, no hizo otra cosa que invadirnos para expoliar nuestro patrimonio y someter a una durísima guerra a todo el territorio español. Cuando las cosas le fueron mal, tomo las de Villadiego, apañó todo lo que pudo de valor, y con ello vivió a cuerpo del rey que no pudo ser, en el casoplón que se hizo construir en una hacienda llamada Point Breeze, situada en Bordentown (New Jersey). Al otro lado del océano, bajo protección americana, pudo escapar de la justicia de los ingleses.

Ese que algunos dicen que pudo haber sido un buen rey, y que se aprovechó de unos reyes traidores cuyo pueblo no se merecía ser maltratado. Así fue que mis paisanos no dudaron en enfrentarse, con uñas y dientes (lo que tenían), al ejército del usurpador.

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Nicolas Jean de Dieu Soult

El quebranto sufrido por los franceses en Bailén ralentizó tanto su avance que retrasó su entrada en Sevilla hasta el 1 de febrero de 1810. Evitar el derramamiento de sangre que habría provocado una inútil resistencia llevó a firmar la capitulación de los sevillanos en Torreblanca de los Caños, cuyas condiciones fueron incumplidas por parte de los invasores.

Por aquel entonces, Sevilla era una ciudad que se estaba preparando para vivir la Cuaresma. La invasión hizo que vieran convertidas unas veces en cuarteles y otras en cuadras, sus iglesias, conventos y palacios. Lamentablemente, esta ocupación no impidió que sufrieran el saqueo de todo lo que la tropa y sus jefes entendían de valor. Superando a todos por su codicia estaba el jefe de los ladrones, el mariscal Soult. Más de doscientos años después, los sevillanos siguen llorando por el resultado de su rapiña.

A pesar de todo lo que, desde su llegada, la ciudad comenzó a sufrir, una parte de los dirigentes, tanto civiles como religiosos, recibieron con júbilo al invasor. Repicaron las campanas de la Giralda y hasta se celebró culto con homilía laudatoria al invasor en la parroquia de Santa Ana, no sin un cierto enfrentamiento entre los feligreses de la collación trianera.

Mas tantos honores no hicieron decrecer sus ansias de botín. Para muchas hermandades, su presencia supuso el expolio absoluto de sus tesoros, la expulsión de sus templos, la mutilación de sus imágenes titulares o la pérdida definitiva de enseres y, con ello, de su actividad. El listado de calamidades es extensísimo.

Cristo de la Vera Cruz

Cristo de la Vera Cruz

Por ejemplo, el día 3 de febrero de 1810 las tropas francesas irrumpieron en la iglesia del Convento de San Basilio saqueando la capilla de la hermandad, destrozando la imagen de la Virgen del Buen Fin y quemando las tallas de la Magdalena, el Longinos y el sayón judío; salvándose, aunque con diversos daños, el resto de las imágenes.

Los carmelitas fueron expulsados del convento del Carmen para ser utilizado como alojamiento de tropa. La iglesia conventual fue usada como caballeriza. Además de perder buena parte de sus enseres, fue derribada la capilla de la hermandad de la Soledad. Se levantó la solería de losas azules y blancas de Génova, se quitaron los mármoles de la escalera, se derribaron muros y se colocaron abrevaderos.

El convento de San Francisco fue arrasado por los franceses, por lo que la hermandad de la Vera Cruz tuvo que abandonar su capilla.

La ocupación del convento de la Merced obligó a abandonar el convento a la hermandad de Pasión; pero también conllevó la pérdida de las joyas, los pasos y otros enseres de la hermandad, así como de numerosos documentos de la misma.​ Las imágenes fueron trasladadas a la iglesia de San Julián.

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Detalle del Señor de las Cigarreras

También tuvieron que abandonar sus templos, por la invasión, el Sagrado Decreto, que perdió parte de sus enseres y que trasladó sus imágenes a la iglesia de Santa Lucía; la Columna y Azotes, que residió en la capilla sacramental de la parroquial de Santiago, a causa de la ocupación del Convento de Los Terceros; el Amor y el Santo Entierro, entre otros.

La plata, las joyas, los marfiles, los lienzos, las maderas nobles, los cuadros, etc. de numerosas hermandades fueron robados y perdidos definitivamente.

Como si fuera inocente y estuviera ajeno a la situación por los suyos creada, el rey José quiso conocer esa gran fiesta religiosa de la que tanto había oído hablar. Para ello regresó a la ciudad el 12 de abril, jueves de Pasión. Pero, como señala Velázquez y Sánchez en sus Anales: “En la Catedral faltaron palmas para la procesión del Domingo de Ramos por la situación de las provincias de Granada y Murcia, que las solían suministrar otros años, utilizándose las ramas de olivo y haciéndose la procesión por las últimas naves, y sin salir por las gradas de la santa iglesia, para evitar los continuos alardes de irreverente menosprecio de los soldados del usurpador, que tenían a gala atravesar las filas sin descubrirse, provocando el enojo de nuestro pueblo con aquellas insolentes demostraciones”.

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Virgen del Mayor Dolor y Traspaso

No se pudo colocar el monumento, “se puso en el altar del trascoro, bajo el dosel de la fiesta del Corpus y sobre gradas, la custodia de la parroquia del Sagrario con el arca de la hermandad del Santísimo Sacramento de San Isidoro, con candeleros de plata y los hacheros de varias parroquias y conventos extinguidos… Ni hubo truenos en la Pasión y rasgadura de los velos del altar, ni se cantó el Miserere en las noches de los miércoles y jueves santo, cerrándose los templos a la oración”.

Según refiere la crónica de Velázquez y Sánchez en referencia a las cofradías de penitencia “todas habían no acordado hacer estación; disculpando este acuerdo con motivos plausibles, y algunos reales que ocultaban el verdadero móvil de su resolución unánime, en odio al gobierno intruso. José Bonaparte, excitada su curiosidad por la descripción que se le había hecho de las procesiones de Sevilla, indicó a la autoridad que le gustaría ver algunas, y se previno a todas que deliberasen en nuevo cabildo sobre el particular, comunicando la decisión a la Prefectura para lo que procediera; pero a pesar de la intimidación sólo tres se prestaron a la salida en la tarde del Viernes Santo: la del Prendimiento de Cristo, de Santa Lucía, la del Gran Poder, de San Lorenzo, y la de las Tres Necesidades, de su capilla propia al sitio de la Carretería. La primera y tercera llevaron su ordinario cuerpo de nazarenos penitentes, y la segunda convite de gala y duelo, pero el nuevo rey, que había mostrado afán por estas procesiones, no salió del Alcázar”.

Misterio de la Carretería

Misterio de la Carretería

Así fue la Semana Santa sevillana del rey intruso, primero fue el expolio y después el  menosprecio. La semana concluyó el domingo, día 22, con un baile ofrecido por la municipalidad a la corte usurpadora en el Archivo General de Indias, edificio que fue engalanado a costa de lo que previamente se había sustraído en la ciudad. Al baile sí asistió el rey dando así por terminada aquella trágica Semana de Pasión. Los poderes de entonces se acabaron arrimando a lo que más les convino. Nada cambia.

Esta fue la Semana Santa de Pepe Botella.

El año siguiente no fue mejor, con tan sólo dos procesiones. Y el que le siguió se dio una total ausencia de cofradías. La liberación de la ciudad en 1813 permitió el lento resurgir y el retorno a la normalidad de las cofradías.

Tras su fallecimiento, décadas después, los restos de José I volvieron a su país, descansando en el suntuoso Panteón de los Inválidos de París. De los incontables tesoros objeto del expolio del patrimonio sevillano de aquel que quiso ser su rey, y de sus secuaces, apenas se pudo recuperar una parte.

Miguel Reseco

RECUERDOS DE LA GUERRA PENINSULAR

febrero 19, 2019

Dos impresiones del conjunto de siete con las que el artista quiso representar el comienzo de la Guerra de la Independencia española en 1808.

La primera corresponde al Levantamiento del dia Dos de Mayo, en el que los madrileños se alzaron contra los invasores franceses, que intentaban llevar al hijo más pequeño del rey español Carlos IV a Francia, el único que quedaba en España. La respuesta al intento de secuestro fue contundente y generalizada, a pesar de que la población estaba mal armada y escasamente organizada, por lo que tenían pocas posibilidades contra el ejército francés.

 

Levantamiento en Madrid

 

Las brutales represalias de Murat Contra la población no impidieron nuevas revueltas en toda España. El 26 de mayo fue el turno de Sevilla para sublevarse.

 

Patriotismo en Sevilla

 

Del libro de recuerdos compilado por el Reverendo William Bradford (1780-1857), capellán y artista de guerra durante nuestra Guerra de Independencia.

SÁTIRA CONTRA JOSÉ BONAPARTE

febrero 19, 2019

“Querer por fuerza Reinar;
Quanto me hase Padecer!
No hay cosa como Bever
Dormir bien y descansar.
El Secretario y el tio Pepe
Como el barril que tienes abrazado
te se fue de las uñas este Estado
El Rey de Copas en el Despacho
trabajando para la felicidad de España.”

Sátira

Esta estampa alude a la supuesta afición a la bebida de José Bonaparte, cuestión muy utilizada por la literatura y el grabado satíricos para desprestigiar al rey intruso. En este caso, a dicha afición se sobre añade su igualmente supuesta tendencia a la vagancia.

En la imagen superior dos personajes, José y su secretario, beben y juegan a las cartas sobre una mesa. El secretario aparece ataviado con partes de guerra de diferentes ciudades españolas como Zaragoza, Valencia y Madrid, y las cartas y comunicados de los generales franceses Murat, Dupont… José Bonaparte, se viste con casaca formada por vasos.
En la imagen inferior José descansa sobre una barrica de vino y una leyenda alude a su incapacidad para dirigir el Estado. Otra leyenda insinúa su insolvencia para la gestión política por su inclinación a la pereza.

(Comentario del Catálogo de la exposición “Ciudad y Protagonistas”)