LOS MATARON EN LA PLAYA

diciembre 11, 2019

López Pinto…si la suerte coronará nuestros esfuerzos tendremos la dicha de haber contribuido con cuantos sacrificios han estado a nuestro alcance al triunfo de la libertad, y si la fatalidad quisiera lo contrario, moriremos con honra y la posteridad nos hará justicia”.

Este es un extracto de una carta escrita por Juan López Pinto, coronel de Artillería (1788-1831), dos meses antes de ser asesinado.

Él y otros 47 compañeros procedentes de Gibraltar desembarcaron, acompañando al general Torrijos, en las playas de Málaga. Su objetivo era encabezar un pronunciamiento en contra del régimen absolutista de Fernando VII. Torrijos fue traicionado por su compañero de armas y amigo, el general Vicente González Moreno, en ese momento gobernador de Málaga, que se hizo pasar por partidario de la causa; de modo que dos días después de desembarcar en la playa del Charcón, próxima a Mijas y, tras un pequeño combate entablado con los Voluntarios Realistas de Coín, hubieron de rendirse y fueron apresados. Unos días después, sin juicio previo, fueron fusilados sumariamente en dos grupos “por el delito de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de Su Majestad“.

Gómez_Moreno_-_MaguésLa sentencia se hizo pública en Málaga el sábado 10 de diciembre, y todo se preparó para llevar a cabo la ejecución a las once y media de la mañana del día siguiente; motivo por el cual el obispo José Bonell y Orbe tuvo que conceder un permiso especial para que pudiera hacerse por ser el domingo el día del Señor.

El lugar de ejecución es conocido como el Bulto, sito en las playas de San Andrés de Málaga. La escena fue representada por el pintor Gisbert, en un fantástico cuadro de grandes dimensiones, que puede disfrutarse en el Museo del Prado.

El hombre al que el franciscano venda los ojos es Francisco Fernández Golfín, coronel de Infantería y ministro interino de la Guerra en Cádiz en 1823; a su lado está el general Torrijos, adelantado del resto pero unido a todos. Luego están Manuel Flores Calderón, presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal, Juan López Pinto, teniente coronel de Artillería, Robert Boyd, irlandés, benefactor y amigo de Torrijos y otro militar, Francisco de Borja Pardio.

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Al fondo puede verse la sierra de Mijas y más a la derecha, sobre el pelotón, el convento de los Carmelitas Descalzos de San Andrés, lugar donde fueron confinados la noche anterior.

Este cuadro fue encargado al pintor Antonio Gisbert Pérez por el gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta en 1886, para exhibirlo en el Museo del Prado como alegato contra el absolutismo y como ejemplo de la defensa de las libertades.

Antonio Machado escribió en 1938: “Recordad el cuadro de Gisbert: la noble fraternidad ante la muerte de aquellos tres hombres cogidos de la mano”.

Despido esta entrada con un fragmento de la carta que, la madrugada anterior a su muerte, escribió Robert Boyd.

“Antes de que recibas esta carta estaré convirtiéndome en polvo en la tumba de una tierra extranjera. Los preparativos de la muerte siguen rápidos ante mí y me encuentro aquí sentado entre mis compañeros sufrientes, en el refectorio, en donde escribo, con los heraldos de muerte, vestidos con librea sepulcral, revoloteando a mi alrededor, agonizando, como dicen los españoles, a los pobres desdichados en su confesión. He recibido fuertes ataques para que me retracte y si tal noticia llegara al extranjero, tú sabrás qué crédito darle”.

El general Torrijos fue un militar español que lucho en la Guerra de Independencia. Tras el regreso de Fernando VII, se derogó la Constitución de 1812. Siendo Torrijos contrario a la restauración del absolutismo, colaboró con Juan Van Halen en el pronunciamiento de 1817, con el fin de restablecer la constitución. Detenido y encarcelado, pasó dos años en prisión. El triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820, le trajo la libertad. Cuando los Cien Mil Hijos de San Luis invadieron España para restablecer el absolutismo, volvió a combatir contra los franceses. El triunfo de estos puso fin al trienio liberal, y Torrijos tuvo que exiliarse en Inglaterra. Durante su exilio preparó un nuevo pronunciamiento que él mismo encabezó. Desembarcó en la costa de Málaga, el 2 de diciembre de 1831, sesenta hombres le acompañaban, pero cayeron en la trampa que le habían tendido las autoridades absolutistas y fueron detenidos. Nueve días después, el 11 de diciembre, Torrijos y 48 de sus compañeros supervivientes fueron fusilados sin juicio previo en la playa de San Andrés de Málaga.

Post Scriptum: Quien a hierro… Enemigo del general Rafael Maroto, González Moreno  (conocido como el Verdugo de Málaga) fue uno de los principales oponentes al Convenio de Vergara. Después de la firma de dicho convenio, González Moreno huyó a Francia; pero en el camino fue víctima del asalto de unos soldados carlistas y fue asesinado en Urdax el 6 de septiembre de 1839.

Miguel Reseco

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Puedes ampliar la imagen pulsando sobre la foto, entrarás en la web del Museo del Prado donde se expone. Pero si puedes acercarte al museo para admirarlo, no dejes de hacerlo.

LA TUMBA DE UN SOLDADO DESCONOCIDO

noviembre 26, 2019

Cuando el 17 de mayo de 1811 falleció el obispo de Odense, llamado Peter Hansen, ya no podía ser enterrado en el cementerio de la Plaza de Saint Hans, sino en el nuevo de Assistens. El antiguo cementerio había sido clausurado por falta de espacio. El último entierro, antes del cierre, había sido el de Agustín Mollón, el alférez español que murió víctima de la mala broma de un compañero de francachelas danés.

Tumba del obispo Peter Hansen en el cementerio de Assistens fotografiada por Ejnar Stig

Tumba del obispo Peter Hansen en el cementerio de Assistens, fotografiada por Ejnar Stig

Recordemos que allá por 1808, una división de soldados españoles, mandadas por el marqués de la Romana, estuvo un tiempo en Dinamarca. Cosas de Napoleón, y de una administración española entreguista. La visita fue como las de los médicos, como se suele decir, pero dejó honda huella en los daneses.

Sin embargo, este obispo no fue el primer difunto enterrado en el nuevo cementerio de Assistens. Lo sabemos, porque cuando agonizaba, dándose cuenta de que llegaba su final, expresó su deseo de no ser enterrado junto al soldado español. Es decir, que ya había otro cuerpo enterrado en ese camposanto.

Y… ¿quién era ese español? ¿Otro soldado español muerto en Dinamarca? ¿No se confundiría el obispo, con el alférez Mollón?  Nada menos que Hans Christian Andersen nos dará la respuesta.

AndersenAndersen era muy pequeño, todavía no había cumplido los tres años cuando esto ocurrió, pero nunca olvidó el desafortunado destino que sufrió un soldado español. Lo relató años después: “…vi cómo llevaban a uno de sus compañeros al cadalso por haber dado muerte a un francés“. Este podría ser el soldado al que se refería el señor obispo, que tras ser ejecutado había sido enterrado en ese cementerio, en mayo de 1808.

 ¿Quién fue aquel soldado? Uno de tantos, uno de esos casi 15.000, que se encontraron en poco tiempo tan lejos de España, rodeados de enemigos. Andersen también nos da idea del ambiente que debía reinar: “Se comentaba que los soldados franceses eran altaneros, los españoles, en cambio, bondadosos y amables; se tenían un profundo odio los unos a los otros”.

No permaneció ese soldado en el recuerdo de los daneses. Bueno, sí en el del obispo, que no quería ser enterrado junto a quien había derramado la sangre de un semejante. Pero no es este caso como el Mollón, que se ha mantenido con los años.

El soldado de infantería español ejecutado, enterrado en el entonces nuevo cementerio de Assistens, ni fue cubierto con una lápida, que pudiera dar a conocer su nombre, ni el lugar fue señalado con una cruz.

Resulta curioso que la última persona enterrada en el cementerio de Saint Hans, y la primera que lo fue en el cementerio de Assistens fueran ambos soldados españoles.

Miguel Reseco

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Post Scriptum: El cementerio de Assistens es hoy un lugar de visita. Allí están enterrados el mismísimo Hans Christian Andersen, el filósofo Søren Kierkegaard, los físicos H.C. Ørsted y Niels Bohr, el poeta Michael Strunge y la cantante Natasja Saad.

THOMAS JEFFERSON SOBRE NAPOLEÓN

noviembre 26, 2019

1607113_578421828901524_1859187791_n[un] miserable que (…) provocó más dolor y sufrimiento en el mundo que cualquier otro ser que hubiera vivido anteriormente. Después de destruir las libertades de su patria, ha agotado todos sus recursos, físicos y morales, para regodearse en su maniática ambición, su espíritu tiránico y arrollador (…) ¿Qué sufrimientos pueden expiar (…) las desdichas que ya ha afligido a su propia generación, y a las venideras, a las cuales ya ha agobiado con las cadenas del despotismo? (…) El Atila de nuestro tiempo (…) ha causado la muerte de cinco o diez millones de seres humanos, la devastación de otros países, la despoblación del mío, el agotamiento de todos sus recursos, la destrucción de sus libertades (…) Ha hecho todo esto para hacer más ilustres las atrocidades perpetradas, para engalanarse a sí mismo y a su familia con diademas y cetros robados.

Jefferson, The life, p. 656, Carta a Albert Gallatin (16 de oct de 1815); p. 683, carta a George Ticknor (25 de nov de 1817); p. 684, carta al conde Dugnani, ex nuncio papal en Francia (14 de febrero de 1818).

CAMPOS DE ESPANTO Y DESOLACIÓN

noviembre 24, 2019

Al ponerse el sol de este fatal día la batalla estaba ganada por los franceses; los rusos, con un orden admirable, daban la retirada. El silencio había reemplazado el horroroso estruendo de tanta multitud de artillería. Solamente se oían los miserables lamentos de tantos miles de hombres a quienes los golpes mortales recibidos habían dejado una débil vida para que sintiesen todo el horror de una muerte lenta. Vino la noche para que fuese más triste aquella situación; hizo bastante frío, lo que obligó a hacer fuego; en pocas horas estaban rodeados de heridos rusos y franceses, los cuales les iban arrastrando a mitigar el dolor de sus heridas con el calor del fuego.

Napoleon-campania-Rusia

¡Qué triste espectáculo, y más al considerar que tantos miles de hombres debían el día siguiente ser abandonados sobre aquel campo de desolación y espanto en recompensa de su valor y de la victoria obtenida por unos y por la brillante y valerosa defensa de los otros! Esta es la recompensa paga que el infame tirano da a sus guerreros.

Roberto de Llanza, tras la batalla de Mojaisk

Resumen de la 1ª serie de Episodios Nacionales: La guerra de la Independencia

noviembre 23, 2019

Una muy útil aportación para introducir a quienes no se hayan atrevido todavía a enfrentarse a esta obra

Marea Literaria

La primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós está constituida por diez tomos que comienzan con la batalla de Trafalgar, en 1805, y terminan con la batalla de los Arapiles, en 1812, abarcando todo el periodo de la Guerra de la Independencia Española.

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RESIGNACIÓN Y CONTENCIÓN

noviembre 22, 2019

Como “Episodio de Trafalgar” tituló una de sus creaciones más importantes el pintor Francisco Sans Cabot.

La obra de 1862, describe una escena del triste fin del navío español Neptuno tras la batalla de Trafalgar, ocurrida en 1805.

Cuando el contralmirante francés Dumanoir preguntó al capitán español don Cayetano Valdés por qué demonios abandonaba la formación, este contestó: «Al fuego». El español desobedecía las órdenes, porque en lugar de huir del combate, volvía a él. Y es que las órdenes del francés eran las de retirarse en dirección a Cádiz, abandonado a los barcos aliados (franco-españoles) que estaban trabados en combate con los ingleses

El objetivo de Valdés era el de salvar a su buque insignia, el «Santísima Trinidad», al que los británicos estaban destrozando.

Valdés fue herido de gravedad durante el combate, 117 heridas de metralla, más siguiendo la máxima de la marina de que “en un día de combate, no está en su puesto el capitán que no está en el fuego”, don Cayetano siguió al mando hasta que, tras haber perdido el conocimiento, fue llevado a su camarote.

Episodio de Trafalgar

Al finalizar los combates el navío fue apresado por los ingleses. Sin embargo, consiguió ser liberado, junto al Santa Ana, por los barcos españoles y franceses que salieron pocos días después de Cádiz.

Desgraciadamente, el navío fue arrastrado contra la costa, a causa del fuerte temporal que siguió al combate, estrellándose contra el Puerto de Santa María, donde se hundió. La tripulación superviviente consiguió encontrar refugio entre las rocas del castillo de Santa Catalina.

Ante la mar embravecida, el cuadro muestra el pequeño islote contra el que se ha hecho trizas la embarcación.

Si no fuera porque nació cincuenta años después, parecería que el artista había tomado como modelo del oficial al mismísimo Stewart Granger. Sin dejar de prestar atención a la suerte de sus hombres, presta consuelo al marino joven que ha encontrado refugio a su lado.

Como si el oficial fuera el pináculo de una Torre de Babel, a sus pies, en una distribución piramidal, muy del gusto de la pintura de esa época, aparecen militares y marineros. El pintor retrata hombres de rostros curtidos y de distintos países de procedencia. Como fondo aparece la popa del navío.

Destaca la figura del marinero tendido que aparece delante, recordando al Julio Cesar en La muerte de César, de Jean Leon Gérôme. Pero el mayor dramatismo de la composición aparece cuando se descubre abajo, a la derecha al hombre que intenta rescatar del agua el cadáver de un compañero.

A la izquierda, recortados por el encuadre, aparece entre el furioso oleaje, un grupo de náufragos intentando salvar la vida aferrados a unos restos del barco. Los marineros desde tierra les dan ánimos, instrucciones, incluso ayuda, lanzándoles un cabo.

Miguel Reseco

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Puedes ampliar la imagen pulsando sobre la foto, entrarás en la web del Museo del Prado donde se expone. Pero si puedes acercarte al museo para admirarlo, no dejes de hacerlo.

¡MUERA NAPOLEÓN! ¡VIVA FERNANDO VII!

noviembre 17, 2019

Quiso el destino, que habiendo declarado la guerra las Juntas española al invasor francés, la situación de los 15.000 hombres que habían llegado a Dinamarca, como aliados de Napoleón causara tanta repugnancia a estos, que empezaban a saber lo que pasaba en España, como preocupación a los franceses, que sospechaban que lo sabían.

Teniente del Regimiento de dragones de AlmansaAsí que el emperador de la mano en el vientre, ordenó que se obligara a realizar un juramento, al nuevo rey, su hermano, que sometiera las ansias de los españoles de despedirse a la francesa, para volver a España. No hay que decir cómo les sentó esto a los españoles.

Cuando esto lo planteó el mismísimo marqués de la Romana, jefe de la división, al regimiento de Dragones de Almansa, todo eran voces, mueras a Napoleón y vivas a Fernando VII.

Incapaces de frenar lo que comenzaba a ser un motín, el coronel del regimiento cometió la imprudencia de decirle al marqués:

«Mi General, esto se compone fusilando unos cuantos»

A lo que respondió un soldado entre las filas:

«Cuidado que Vuestra Señoría, no sea el primero.»

Es inconcebible cuanta habilidad poseen algunos para alcanzar el mando, y qué poca para desempeñarlo.

Gracias a la acertada intervención de su sargento mayor, la sangre no llegó al río.

Miguel Reseco

DESDE RUSIA CON AMOR

noviembre 11, 2019

Entre los casi quince mil soldados españoles que vivieron la experiencia singular de ser destinados por Napoleón a Dinamarca, para ayudarle a hacerle la guerra a los hijos de la Gran Bretaña, habrá quince mil historias apasionantes. Más aún, si pensamos en que a los pocos meses de llegar a Dinamarca supieron de la sarracina que el emperador estaba haciendo en España, y que desde entonces no dudaron en poner cuerpo y alma para poder escapar del mando de Napoleón, y volver a España a luchar contra el emperador.

De estos, nada más supe de un tal capitán llamado Antonio Aldao, del que leí que escapado de los franceses al no lograr huir para regresar a España con sus compatriotas, fueron unos cinco mil, acabó convirtiéndose en espía del zar.

Catherine_Palace_in_Tsarskoe_SeloNada más.

Conseguí encontrar un texto en el que se informa de que desde que el marqués de la Romana pudo regresar a España, con apenas dos terceras partes de sus tropas, hasta tres años después, ni la Junta Central, ni la Regencia se preocuparon de la suerte corrida por aquellos españoles que cayeron presos en manos del ejército francés.

Por entonces, había que aprovechar las buenas relaciones de la España que combatía a los franceses, con el gobierno zarista. En consecuencia, a finales de verano de 1812, se distribuyó por San Petersburgo un manifiesto. El objetivo era repatriar a dos soldados, llamados uno Cardoso y el otro Aldao.

¿Sería ese Aldao el capitán espía?

Miguel Reseco

A BUEN HAMBRE…

noviembre 5, 2019

En marzo del año 1808, catorce mil soldados españoles llegan a Dinamarca. Se la conoce como la División de la Romana, por el nombre del general que las capitanea, José Caro y Sureda, marqués de la Romana. Su misión era la de colaborar con el ejército francés y con el danés en la invasión de Suecia.

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En tanto se preparaba la futura invasión, el contingente español fue destinado a bloquear la entrada de los barcos británicos en los puertos daneses.

La invasión quedó finalmente en los mapas de Napoleón y en su megalómana cabeza. Y es que las noticias llegadas desde España descubrieron a los más incautos la verdadera cara del pequeño emperador. Nuestro aliado, era ahora nuestro enemigo, esto decide a la división española planear una fuga. Les ayudarán los ingleses, el hasta entonces enemigo, ahora aliado.

Pero no todos consiguieron escapar. Una tercera parte fue capturada por los franceses, debido a la delación de un general español, nada menos. Incluso los heridos y enfermos quisieron volver a España, aunque en el viaje arriesgaran la vida.

Todos menos uno. Pobre. Nadie se acordó del soldado que dejaron abandonado en la isla de Fionia. Ni los españoles le echaran de menos, ni los franceses de más.

Qué cara se le pondría cuando se dio cuenta de que había quedado aislado, nunca mejor dicho, abandonado sin dinero, sin entender el idioma y sin que entendieran el suyo, pero sobre todo, en medio de una guerra mundial.

Soldados de caballeríaSe llamaba Isidoro Panduro (1787-1859), natural de Alcázar de San Juan. Era húsar del ejército que, a consecuencia de un accidente, se había fracturado una pierna.

Afortunadamente, Isidoro era un hombre fuerte, que siendo niño había tenido que salir adelante, ocupándose de su hermanito al fallecer sus padres en un accidente.

Isidoro era consciente de que no era momento para viajar hasta España, así que cuando estuvo recuperado de su lesión se decidió a buscar trabajo. “Tiró de contactos” hablando con una de las amistades que había hecho durante su convalecencia, un antiguo militar danés. Su amigo, que le tenía en muy alta consideración, redactó una carta de recomendación. Isidoro viajó hasta Hverringe, una pequeña aldea al oeste de Fionia. Allí tenía la mayor parte de sus propiedades el noble danés al que iba dirigida la carta. El noble quedó impresionado por los términos en que se referían a Isidoro, y quería ayudarle, pero lo único en que pensó que podría colocarle era, dado sus años de experiencia en la caballería, en sus establos y como conductor de sus carruajes.

Encontraba el noble danés a Isidoro agradable y locuaz, por lo que solía pedirle que entrara con él, cuando acudía a las fiestas de la alta sociedad, ya que divertía a los invitados contando sus aventuras en el ejército y las curiosas costumbres de España, esto unido a su natural gracejo y a su mal danés, hacía muy amena su compañía.

PanduroSu trabajo le permitió tomar contacto con distintas personalidades, entre ellas, un diplomático español cuando estaba a punto de regresar a España. El diplomático se comprometió a llevarle consigo y a conseguirle los pasaportes necesarios para realizar el viaje. Lamentablemente, el alto funcionario se fue “a la francesa”, e Isidoro se quedó… en cuadra.

Panduro acabó resignándose a aceptar su nueva vida. Y tanto se relajó que se enamoró de una bella danesa, hija de uno de los trabajadores de su patrón. Se llamada Marie Hansdatter, se casaron y tuvieron diez hijos. Aunque antes tuvo Isidoro que convertirse al protestantismo, y aceptar la ética luterana. Pero nunca dejó de lado sus antiguos ritos católicos, como el de confesarse.

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LEIF PANDURO

La estirpe de Isidoro persiste hasta hoy día en Dinamarca, y además el apellido Panduro ha adquirido cierta notoriedad. Un hijo de Isidoro, Rudolf, fue uno de los primeros vecinos de Hverringe en obtener un título universitario. Carlo Edvard Panduro (1914-1994) fundó la cadena danesa de tiendas de manualidades “Hobby”. Una prima de Carlo, fue la cantante de ópera Lise Panduro (1927-2003). Y Leif Thormod Panduro (1923–1977) uno de los novelistas, dramaturgos y escritores de cuentos más sobresalientes del país.

Miguel Reseco

EL CAPITÁN MÁS GUERRERO

noviembre 2, 2019

Fue en aquel aciago, a la vez que glorioso, año de 1808, cuando toda una división española había sido llevada hasta Dinamarca por exigencia de Napoleón. No era listo el corso, los regimientos que más le estorbaban en el norte de España, lo más lejos posible.

Obedeciendo las órdenes del mariscal Bernadotte, el jefe gabacho de aquella aventura, el marqués de la Romana, el de los españoles, tuvo que repartir su división por las costas del país de los daneses. La idea era la de bloquear los puertos a los barcos ingleses, el enemigo. Pero cuando se supo de la usurpación de la corona española por parte de los franceses, el marqués decidió que debía abandonar Dinamarca, con los suyos, para echar a los franceses de su patria.

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Marqués de la Romana

Para llevar a cabo la fuga, el marqués de la Romana aceptó la oferta de los buques ingleses, ahora ya amigos, presentes en el Báltico. Al mismo tiempo, la Romana envió a un número de oficiales, con el fin de poder entrevistarse con los jefes de los regimientos acantonados en toda Dinamarca, las órdenes para poder llevar a cabo la “gran evasión”.

El capitán de artillería José Guerrero de Torres, amigo íntimo nada menos que de Pedro Velarde, desde que coincidieron como profesores en la Academia de Artillería de Segovia, era el segundo ayudante general del Estado Mayor destacado en la ciudad de Middelfart, en la isla de Fionia. El capitán Guerrero, fue una de esos oficiales elegidos para hacer llegar sus instrucciones.

Quiso la fatalidad que el segundo de la Romana, el general Kindelán, fuera un traidor que había intentado mantener ante su jefe todo lo posible una imagen de fidelidad a España. Pero se quitó la máscara cuando supo que la evasión se estaba llevando a cabo. Kindelán decidió entonces delatar ante el mando francés, a los regimientos que todavía no habían conseguido abandonar el país.

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Bernadotte

Por desgracia, el capitán Guerrero fuera sorprendido durante su embajada por un destacamento húsares danés. Hecho prisionero fue entregado a Kindelán, quién lo condujo a presencia de Bernadotte. Viéndose Guerrero acusado de participar en esta multitudinaria “deserción”, se negó a confesar nada acerca de su misión. Y para sorpresa de todos, negó toda autoridad a Kindelán, como jefe suyo, y como general español. Por el contrario le acusó de traición a su patria y a sus hombres, pasándose al enemigo. Kindelán ordenó que hicieran callar al capitán, y así lo ejecutaron los granaderos que lo custodiaban, golpeándole con las culatas de sus mosquetes. Le informaron de que de no confesar el objeto de su comisión y cuál era el plan del marqués de la Romana, sería ejecutado sumariamente. Guerrero dijo que estaba dispuesto a entregar su vida por su rey y por su patria.

Al capitán le pusieron grilletes y le encerraron en un oscuro calabozo de la ciudadela, que no disponía ni de paja para cubrir el suelo, avisándole nuevamente de que sería pasado por las armas. Así pasó veintinueve días, sin luz ni más alimento que pan de centeno. Después fue trasladado a Hamburgo, donde continuó preso e incomunicado, sufriendo no menos rigores. Tras algo más de cinco meses de cautiverio fue conducido a Francia, donde permaneció como prisionero de guerra más de tres años. A mediados de 1812 logró escapar y volver a España.

Rodriguez. Embarque Marques de la Romana

Rodriguez. Embarque Marqués de la Romana

Hay otra versión según la cual, el capitán Guerrero, cuando Kindelán le hizo comparecer ante Bernadotte, declaró su adhesión a las órdenes de evasión que portaba, acusó de traidor a su patria a Kindelán, y de abandonar a sus compañeros de armas al albur de una potencia enemiga. Se cuenta que fue tal la pasión y el ardor demostrado por Guerrero durante su alegato, que Bernadotte, conmovido por Guerrero y asqueado por el papel jugado por el traidor Kindelán, tuvo un acto de caballerosidad, y no sólo perdonó la vida al capitán, sino que en la medida que le dictaba la prudencia, facilitó su fuga, proporcionándole el dinero preciso para llevarla a cabo.

Puede que no sea cierta, aunque es posible dado la cordialidad que siempre prestó Bernadotte a la tropa española. En cualquier caso, sí es cierto que Guerrero no fue ejecutado, lo que denota un trato de favor por parte del mariscal Bernadotte.

En cualquier caso, que la verdad no destruya nunca una fantasía.

Miguel Reseco