El Almirante tuerto, manco y cojo que salvó a un Imperio

enero 17, 2017

Doble honor y justicia compartir el relato, por el protagonista y por el autor.

franciscojaviertostado.com

En ocasiones la historia es injusta con los personajes que la protagonizan y un ejemplo de ello lo encontramos con el Almirante Blas de Lezo  y Olavarrieta, uno de los mejores estrategas de la Armada Española que tras humillar a la flota inglesa en la batalla de Cartagena de Indias prolongó durante más de medio siglo la potencia naval y territorial de España en el Atlántico siendo olvidado por todos después de su muerte.

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LA INMACULADA DE SOULT

enero 10, 2017

300px-murillo_-_inmaculada_concepcion_de_los_venerables_o_de_soult_museo_del_prado_1678El nombre completo de esta obra es “Inmaculada Concepción de los Venerables”, por el asilo de sacerdotes ancianos de Sevilla para el que fue pintada. Tristemente conocida también como “Inmaculada de Soult”.

Se llamaba Nicolás Jean de Dieu Soult , el mariscal francés que durante la invasión de España llevada a cabo por Napoleón, fue general en jefe de Andalucía.

Durante su estancia en Sevilla, despojó la ciudad de gran parte de las mejores obras de sus templos (fundamentalmente, lienzos de Zurbarán y Murillo), llevándoselos consigo cuando huyó a Francia. Muchas de estas obras, hoy cubren las paredes del Museo del Louvre de París, están en museos importantes de todo el mundo y en colecciones particulares.ff295-nicolas_jean_de_dieu_soult

En cuanto a la Inmaculada, en 1852, los herederos de Soult se deshicieron de esta obra, que fue adquirida en subasta por el Louvre, donde permaneció hasta 1940.

En 1947 el cuadro fue devuelto a España por el general Pétain. Algún otro cuadro fue devuelto también, pero eso no fue gratis, algún otro partió en compensación hacia Francia. Desde entonces puede contemplarse en el Museo de El Prado de Madrid.

La rapiña del mariscal Soult esquilmó Sevilla

enero 9, 2017

 «En la sala de pintura española del Museo del Louvre casi todos los cuadros que hay expuestos son robados por el mariscal Soult y los franceses. Cada vez que visito esa sala cojo …
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Ocho siglos de vino y jamón – Jesús Laínz

enero 3, 2017

Verdades que ofenden..

Hace unas semanas compartí tertulia televisiva en Sevilla con un representante del Partido Andalucista que sostenía que Andalucía es una nación por su acento, gastronomía, folclore y, sobre todo, por haber sido independiente de Castilla durante la Edad Media, lo que se refleja, según resumió, en el color “verde omeya” de la bandera autonómica. El buen hombre se llamaba Pedro y advirtió que tenía que salir disparado tras el programa pues su cofradía partía hacia el Rocío esa misma tarde.

Aparte de lo insostenible de sus argumentos lingüísticos, históricos y folclóricos, que en cualquier país europeo menos aldeano que el nuestro provocarían el estupor y la carcajada, le señalé que se llamaba Pedro en vez de Mohamed, que hablaba la lengua de Cervantes en vez del árabe, que disfrutaba de eso que se llama civilización occidental en vez de la musulmana, que iba a salir en peregrinación al Rocío…

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El Ejército español derrota a la guerrilla Filipina, 1897.

diciembre 19, 2016

En 1897 la guerra de Filipinas también estaba en situación difícil y fue necesario enviar 30.000 soldados desde la Península. La sublevación filipina había comenzado a mediados de 1896 y durante …

Origen: El Ejército español derrota a la guerrilla Filipina, 1897.

1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS O COMO ENTURBIAR LA HISTORIA

diciembre 15, 2016

Por Jesús Villanueva Jiménez (Publicado en La Opinión el 12 de diciembre de 2016).

           En estos días se expone en los cines españoles la película 1898 Los últimos de Filipinas, del productor Enrique Cerezo, dirigida por Salvador Calvo, basada en una gloriosa página de nuestra Historia, escasamente conocida. Yo, como tantos, creí una magnífica iniciativa llevar a la gran pantalla esta Gesta, como hacen desde siempre y de continuo tantos realizadores anglosajones. Bien es cierto que me temía lo peor -pues muchos precedentes hay al respecto-, y es que la historia se distorsionara, mostrando una versión acorde con la ideología progre que domina el panorama cinematográfico de nuestro país. Es decir, hagamos que la heroicidad de unos patriotas no sea otra cosa que el borreguil comportamiento del ganado que conduce al matadero el descerebrado líder. Porque eso es lo que plantean el guionista y el director de la cinta. 
          Desmenucemos el despropósito. El 30 de junio de 1898, en Baler se hallaban tres oficiales (incluido el teniente médico), y 54 cazadores, además de un fraile al que se unieron dos más, al poco del comienzo del ataque tagalo. Para empezar, en la película se nos presenta un franciscano -que interpreta Karra Elejalde- adicto al opio, que induce a fumar a un soldado; y se sugiere que, al saberse enfermo de beri-beri el religioso, acelera su trágico final con una dosis extra de droga. ¿A cuenta de qué se plantea esta circunstancia? ¿Será que queda muy chulo mostrar un misionero drogata? Por cierto, Karra Elejalde declaró que se alegra de que en la actualidad solo aquellos que gusten de “dar o recibir órdenes” lleguen a verse en esas circunstancias. ¿Dar o recibir órdenes? ¿Se referirá Elejalde al cirujano que da órdenes al sanitario que le asiste en el quirófano, las cuales atiende de inmediato el sanitario, conscientes de la vida que tienen en sus manos? ¿O quizá al director de orquesta que, batuta en mano, “ordena” que entren tales o cuales instrumentos, en plena interpretación musical, a cuyas órdenes obedecen los maestros todos a una? ¿O es que el fraile drogata hizo y deshizo en la película según le vino en ganas, sin atender a las “órdenes” del director? ¿Será que la memez la soltó el actor aún con el efecto residual del último colocón opiáceo?
          Sigamos desmenuzando el despropósito. Aparece en escena el sargento Jiménez (Javier Gutiérrez) -personaje de ficción, pues no existió-, individuo psicópata sanguinario que afirma que “matar envicia”, y que se pasa el tiempo conspirando contra el capitán Enrique de las Morenas (hasta que éste muere), al oído del teniente Martín Cerezo, que se lo permite. Sujeto que, de un machetazo, echando espumarajos por la boca, amputa el brazo a un desertor, y que, en su “coherencia”, comienza la película gritando ¡Viva España!, para terminar la misma espetando un “mierda España”. Dado lo despreciable del inventado personaje, que deseara que un cocodrilo se comiese al perro del capitán es una minucia. ¿A cuento de qué viene este personaje detestable? ¿A sumar al menosprecio que se vierte sobre los héroes de Baler en esta película? No veo otra razón.
          Desmenucemos más. Se presenta un teniente Saturnino Martín Cerezo como un hombre obcecado irracionalmente con no rendir la plaza. Tan obcecado que, antes del ataque tagalo, ya se muestra una escena en la que el capitán De las Morenas le dice a Cerezo, a modo de reproche visionario, “En la guerra hay dos tipos de militares, los que quieren medallas y los que quieren volver. ¿Cuál de ellos es usted?”, a lo que responde el interpelado que él es de los primeros. ¡Cómo no! Por tanto, el cineasta pone en boca de De las Morenas una afirmación contundente, que no deja lugar a otras posibilidades. Se me ocurre, por ejemplo, que un militar ame a su patria, y sea consciente de la responsabilidad que en él se deposita, tales como la defensa de la integridad de la misma y la seguridad de sus compatriotas. ¿O es que, quizá, no comprendan estos cineastas que haya hombres y mujeres con honor, y con orgullo de vestir el uniforme de nuestro Ejército, y enarbolar la bandera de nuestra Nación en nuestro suelo o en las misiones encomendadas lejos de España, sin pensar sólo en medallas o en volver a casa? Pues no, señores cineastas, los hay y son la inmensa mayoría. 
          Martín Cerezo, el de verdad, el auténtico, creyó falsas aquellas informaciones que apuntaban a que el Gobierno español había firmado un acuerdo de cesión a EE.UU. de aquellas ultimas posesiones en ultramar. Porque de no creerlas ciertas y haberse tratado de un irracional obsesionado con no rendir sus tropas, no lo hubiera hecho cuando, en efecto, encontró en la prensa una noticia que no podía haber construido el enemigo (la del nuevo destino de un amigo íntimo en Málaga). Por el contrario, se hubiese mantenido hasta acabar muerto o hecho prisionero. Sin embargo, el guionista dibuja un ser encorajinado, que dice haber deseado estar lejos de España. Un hombre malvado que mata de un disparo a una joven prostituta filipina que canta en la distancia, aturdiendo a la tropa. Martín Cerezo, ateniéndose a las ordenanzas en tiempos de guerra, ordenó fusilar a dos desertores. Pero dudo mucho que lo hiciese como se muestra en la película, cuando ellos duermen. Y para colmo de despropósitos, el soldado protagonista (que interpreta Álvaro Cervantes), exige al teniente que reconozca que los tagalos tenían razón, cuando el oficial le informa (a él antes que a nadie) que ha descubierto la noticia que le saca de dudas. Claro está, cómo no, el teniente, muy afligido, agacha la cabeza. Es entonces cuando el soldado le amenaza con que a su regreso a España contará lo que allí ha pasado y hará todo lo posible para que le echen del Ejército. Y allí queda, compungido, el humillado oficial del Ejército español. Así trata el cineasta a nuestro héroe, a un hombre con honor, que no hizo otra cosa que cumplir con su deber; así trata al teniente Saturnino Martín Cerezo.
          Y es que aquellos héroes de Filipinas no fueron tales, según se presenta en la película, puesto que desde un principio actuaron exclusivamente obligados por la obcecación del oficial al mando. Porque ésto es lo que se plantea en la cinta desde que se hace el primer disparo. “Somos cincuenta tíos acojonaos metidos en una iglesia”, afirma un soldado, que deserta a las primeras de cambio. “No vais a morir por España, no… ¡Vais a morir por imbéciles!”, grita el desertor desde las trincheras enemigas. Lindezas como “cobarde”, “inútil” y otras, dedicadas por el sargento Jiménez a los soldados, no paran desde que aparece este personaje, hasta la conclusión de la película. Los comentarios de los soldados, hombres humildes de finales del siglo XIX, parecen pronunciados por jóvenes imberbes del siglo XXI, que se cuestionan, desde un principio, qué hacen allí, lejos de sus casas. Ese es el planteamiento de Salvador Calvo, que afirma -como lo hacen algunos de sus actores- que su película es un canto al anti-belicismo. Y llegados a este punto, me pregunto por qué el señor Calvo, si quiere rodar una película con tal o cual mensaje -donde haya un personaje sanguinario y contradictorio, otro que se empecine sin sentido, y otros que actúen como le venga en ganas-, no escribe una historia, crea los personajes estrafalarios que se les ocurra, y la titula como le salga de las narices. Luego irán a verla cuatro o cinco, o miles, no sé. Pero no. Calvo, a sabiendas del tirón en taquilla que puede tener una película basada en tal Gesta, ávidos que estamos muchos españoles de ver cine donde se cuenten bien páginas de nuestra Historia, la utiliza a su libre albedrío, manipulando los hechos y ensuciando -una vez más de tantas otras en nuestro cine- la memoria de los héroes, menospreciando la Gesta de los últimos de Filipinas.
          Recomiendo la lectura del artículo de Miguel Ángel Noriega, “José Hernández Arocha, el héroe tinerfeño de ‘Los últimos de Filipinas'”, que se puede leer en la página web de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, (www.amigos25julio.com), donde se reproduce la carta que Hernández Arocha escribió, 21 años después, a un camarada superviviente de Baler, el mallorquín Antonio Bauza Fullana. En la misiva, le dice el canario al balear:
 
                    “Tú sabes muy bien que durante los 11 meses que duró nuestro martirio que es increíble, éramos los amigos inseparables, que nos contábamos nuestras penas, nuestras desdichas, nuestros sufrimientos, nuestras calamidades y nuestras amarguras ¡que eran muchas por desgracia!
                   Me dices en tu carta que soy un héroe y que debo estar entre laureles porque es la flor con que debo estar adorado; tú también, amigo Fullana, debes estar aún más que yo entre laureles, porque fuiste un héroe de verdad, un valiente y un mártir de nuestra patria.
 
                    Yo recuerdo, amigo Fullana aquél triste y amargo día en que hallándose el destacamento muerto de hambre, dispuso nuestro Jefe don Saturnino Martín Cerezo (dices muy bien en tu carta) el mil veces héroe y mártir de la Patria, una salida al bosque de uno de nosotros para ir en busca de unas hojas de calabacera para poder comer aquel día tan amargo y tú al oír que era menester que uno se separara (lo que nunca) de nuestro lado, para traernos que comer, dirigiéndote al Teniente te oí decir: ‘mi Teniente, yo voy en busca de comida para V. y para el destacamento; sí muero, bien está, es por mi patria, pero si escapo viviré satisfecho de haber salvado la vida de todos mis compañeros (…)”.
 
          Y concluye nuestro paisano:
 
                    “Ven lo antes posible a verme que quiero abrazarte. No sé si tendré fuerzas para ello porque estoy muy viejo pero me conformo con que tú me abraces y entonces los dos juntos, eso sí que tengo ánimo para hacerlo, daremos ese grito que tú dices quieres repetir y que mientras viva no lo olvidaré jamás y aún antes de morir si tengo alientos lo gritaré: ¡Viva España! José Hernández Arocha. Taco (Tenerife) 19 Octubre 1919.” 
 
          ¿Es ésta la carta que escribiría un hombre desencantado o asqueado de una experiencia de tal calibre y de su comandante? 
          En Baler hubo héroes conscientes de lo que hacían, los últimos de Filipinas; los miserables y descerebrados están en otra parte. 

Una batalla y un catalán devolvieron el toreo a España

noviembre 13, 2016

Nadie cae en la ironía de que queriendo proteger a un animal le condenemos a la extinción.

SOMATEMPS Catalanitat és Hispanitat

La batalla de Bailén devolvió el toreo a España

Cuando se acerca el bicentenario del 2 de mayo, la fecha en que los españoles se negaron a formar parte de una Europa creada por la fuerza de las armas y enseñaron al mundo como el zarpazo del león español, abatía el águila francesa, debemos reflexionar sobre la historia del toreo en aquellas fechas. Godoy había prohibido el toreo en toda España en 1805, presionado por los «verdes» de la época, con el absurdo argumento de que la fiesta nacional, así se llamaba el toreo desde los tiempos de Jovellanos, iban a dejar sin toros y sin caballos el agro español.

 Se acepta que iniciado el conflicto con el ejército invasor fue el rey usurpador, José Bonaparte, el que en un intento de congraciarse con el pueblo español abrió los toriles a la gran fiesta taurina del siglo XIX, pero no…

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FERNAND CORTEZ

noviembre 13, 2016

Acabo de saber de la existencia de una ópera dedicada a Hernán Cortés. Y ha sido gracias a un audio recientemente publicado por Memorias de un Tambor.

Como curiosidad está bien, aunque hay algunas óperas, en realidad algunos compositores de ópera, que me encantan, confieso que no es mi género favorito.

gaspare_spontiniPero si me ha llamado la atención no es por el protagonista, que para mí es muy importante: Hernán Cortés. Mucho menos aún por el autor: un francés, del que desconozco todo. Lo que me ha dejado rascándome la cabeza ha sido saber quién la encargó: nada más y nada menos que Napoleón. Bonaparte, para más señas.

Fernand Cortez, ou La conquête du Mexique, se llamó la ópera. Obra en tres actos con música del italiano Gaspare Spontini (uno de los favoritos de la emperatriz Josefina) y libreto en francés de Etienne de Jouy y de Joseph-Alphonse d’Esmenard. Y la amante de Napoleón, Alexandrine-Caroline Branchu, tuvo el papel femenino principal. Se estrenó en la Ópera de París el 28 de noviembre de 1809.

Pero lo que me resulta más flipante es que el Corso quiso así, utilizar la figura Hernán Cortés, a través de una ópera, para revestirse de la misma legitimidad que atribuía al conquistador español. Napoleón, quería como hizo el gran Cortés, llevar la civilización a los países gobernados por la barbarie. Esto justificaría su planeada invasión de España y Portugal, como conquistó Cortés aquellas tierras al oeste de Veracruz. Napoleón haría caer al rey borbón, como Cortés hizo con el sátrapa de Moctezuma. Sustituiría la Inquisición por la Revolución, como el extremeño sustituyó la sangrienta idolatría azteca por la Iglesia. Y colocaría un monarca de la familia Bonaparte, la suya, como el español les hizo súbditos de la reina católica..

La mejor ópera de Spontini, no superó el éxito del estreno, al que acudió el propio emperador, ya que su popularidad declinó tras el fracaso de las tropas francesas en la Península.

Escucha aquí, si quieres, un fragmento:

https://www.youtube.com/watch?v=Qdw2C7aTpsk

Cuando supe que existía una ópera dedicada a un compatriota ilustre, me temí que fuera para degradarlo, como la que Verdi dedicó a Felipe II. Pues no, es para tomarlo como el ejemplo que se intenta seguir. Pero nunca pensé que eso pudiera venir de la mano de Napoleón.

EL PÁRROCO DE SANTA CRUZ DE MUDELA

octubre 17, 2016

El 5 de junio de 1808, el pueblo de Santa Cruz de Mudela ataca al contingente francés acuartelado en la villa, causando la muerte de multitud de soldados y oficiales. Los supervivientes huyen hacia el norte. Este es el prólogo de otro día terrible para el ejército napoleónico, que pasó a la historia como la Contienda de Valdepeñas. Muy poco después seria la Batalla de Bailén.

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Fernando VII

septiembre 30, 2016

Siempre habrá quien disfrutando de una posición de privilegio optará por aprovecharla para hacer el mal en lugar de el bien, sin lograr más que un pobre beneficio, comparado con la gloria que podría alcanzar actuando de la otra forma. Pero como este…. ninguno.

Casa Real de España

Fernando VII nació un 14 de octubre de 1784 en el Escorial. La venida al mundo de este “robusto Infante destinado para la gloria y el engrandecimiento de España”, según decía la gaceta, llenó de alegría a Carlos y a María Luisa, entonces príncipes de Asturias, ya que los cuatro hijos varones que habían tenido murieron todos en la más tierna infancia.  Fernando a los cuatro años de edad caía gravemente enfermo. María Luisa intercedió ante San Fernando por la salud de su hijo he hizo voto de acudir a Sevilla para orar ante la tumba de santo si el príncipe salvaba la vida, promesa que cumpliría en 1796. La salud de Fernando fue delicada.

Carlos IV subió al trono en 1788, tras la muerte de su padre Carlos III y Fernando era reconocido Príncipe de Asturias por las cortes. A comienzos de 1729, el padre Benito Scio era…

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